miércoles, 5 de octubre de 2016

Así en el cuerpo como en la tierra

La tierra y nuestro cuerpo tienen dos extrañas similitudes: son imprescindibles para que sigamos con vida y ambas nos han llegado sin coste alguno.

Es cierto que son elementos muy distintos, pero a la vez la misma cosa en cuanto a la responsabilidad a la que deberíamos rendirle. Nuestro planeta es demasiado grande para pensar que nuestras acciones individuales pueden tener un efecto bueno o malo sobre él. Sin embargo muchas de las personas más comprometidas con el medio ambiente son incapaces de cuidar su propio cuerpo. En esto la complejidad se reduce porque el ámbito es claramente menor, y es por aquí por donde debemos empezar.

Si no somos capaces de comprender lo importante de cuidar nuestro cuerpo, jamás podremos ser capaces de cuidar nuestro planeta. Es un ejercicio de responsabilidad que incluye la renuncia a los vicios perniciosos, el uso de la moderación y el cuidado de la alimentación, higiene, ejercicio físico y salud mental. Somos responsables de nosotros mismos y nuestro estilo de vida es directamente proporcional a nuestra salud y estado de ánimo.

Una vez aceptada esa responsabilidad podemos pensar en retos mayores relacionados con la salud del planeta. Hasta que no dominemos esa responsabilidad no podremos afrontar responsabilidades mayores.

Empecemos a cuidarnos a nosotros mismos y después lo demás será más fácil. Como dice Borja Villaseca, seamos nosotros el cambio que queremos ver en el mundo.

viernes, 6 de noviembre de 2015

El método del garbanzo para conseguir objetivos


Leí en un libro un método para conseguir objetivos que me llamó la atención de tal manera que me he puesto manos a la obra con él. Aunque se puede aplicar a todos los ámbitos de la vida, en este caso mi propósito es simple y llanamente hacer más ejercicio y comer bien.

El método es muy sencillo:

  1. Compra una botella de agua de plástico de litro y medio.
  2. Bébete el agua (es muy sano, aunque no tiene nada que ver con el propósito)
  3. Coge una tijera y corta la botella por la mitad, de modo que te quede un recipiente abierto.
  4. Elige una serie de normas para conseguir tu objetivo, y cada vez que cumplas una echa un garbanzo. Cada vez que no cumplas otra quita un garbanzo.
  5. Cuando hayas llenado el recipiente estarás muy cerca de conseguir tu objetivo si has sido realista a la hora de definir tu meta final y las normas de poner y quitar garbanzos.
Mi meta no es nada concreto. Yo le he denominado proyecto pibón, porque entiendo que cuando consiga rellenar ese contenedor de garbanzos secos estaré en mi punto (ahí queda eso). Ahora os voy a explicar las normas elegidas en mi caso:

  1. Cada día que haya comido sano (sin fritos, sin chocolate, sin repostería, etc...) sumo un garbanzo.
  2. Cada día que me beba dos litros de agua o más sumo un garbanzo.
  3. Cada media hora de deporte que haga sumo un garbanzo.
  4. Cada cosa que coma que no se considere sana resto un garbanzo (además de perder el de la norma 1).
  5. Cuando cumpla tres días sin hacer ejercicio resto un garbanzo.
  6. En cada semana dispongo de 24 horas seguidas donde las normas del garbanzo no aplican: ni sumo ni resto, Yo elijo cuando empiezan mis 24 horas.
  7. Puedo tomar una cerveza cada dos días sin perder garbanzos. Si son más, cada una resta.

Son normas llevaderas que me hacen querer conseguir objetivos sencillos que me llevan a una meta final más elevada.

¡De momento funciona!

viernes, 16 de octubre de 2015

May

Desde que no tengo la costumbre de escribir con asiduidad en el blog han ocurrido muchas cosas en mi vida. Una de las más importantes ha sido la llegada de May, una miedosa podenquita ibicenca. Hace ya cinco meses de su llegada y los cambios que ha experimentado son brutales.

Mi novia y yo teníamos en la cabeza adoptar un perrito. Mis preferencias eran que fuera macho y pequeño de tamaño, y las de mi novia que fuera un "olvidado". Este término se refiere a aquellos perros que se pasan la vida en la protectora a la espera de una adopción, pero ésta nunca llega por unas razones o por otras: perros miedosos, agresivos, viejos o que simplemente no entran por los ojos de la gente. Nos pusimos en contacto con Zarpa y nos ofrecieron una serie de candidatos que encajasen entre los "olvidados". Queríamos que tuviera por lo menos cinco años y que fuera un perro al que pudiéramos ayudar. Y a la segunda fue la vencida.


May estaba de acogida en una casa que ya no se podía hacer cargo de ella por temas laborales. Una acogida es una adopción temporal. Llevaba un mes allí y todavía no se había adaptado debido a sus profundos miedos. Anteriormente había estado un año (también de acogida) en una finca con una decena de canes donde pudo saborear el aroma de la felicidad junto a sus compañeros de especie. Y antes de eso sufrió el maltrato desde que era una cachorrita, a manos de unas personas que marcaron su personalidad para siempre.

Cuando llegó a casa no comió ni bebió agua en varios días. Se pasaba el día encima de un sofá con los ojos como platos, pendiente de todas las amenazas que podrían surgir del entorno. Salir a la calle también era una tortura para ella y se pasaba el rato con el rabo entre las piernas. Para que os hagáis una idea, simplemente el contacto visual conmigo hacía que se echase hacia atrás, tirando de la correa en un infructuoso intento de escapar. Como si el siguiente paso de la mirada directa fuera un golpe.

Ha pasado mucho tiempo y ella sigue en subida a un sofá todo el tiempo, pero por lo menos ya no siempre es el mismo. Se cambia de uno a otro y si se lo sugieres ella misma se levanta y se cambia. Ya come a la luz del día de vez en cuando en lugar de esperar a que caiga la noche y estemos dormidos. Y lo más importante es que baja a comer al suelo, ya que los primeros meses tenía que ser en el sofá. Nos da muchos besos y baja a la calle con una alegría que contagia y nos llena el alma, y además la podemos soltar porque nos sigue. Es una perra buenísima: obediente, cariñosa, guapa... y aunque a veces es incapaz de mirarnos a la cara, espero que eso vaya cambiando también.

El artículo que os escribo venía por dos motivos. El primero y ya cumplido era presentaros a May y contaros un poco de su historia. El segundo se debe a una reflexión que hice mientras daba un paseo con esta peluda. Viéndola jugar y desprendiendo esa alegría que tanto me llena y de la que se le ha privado tanto tiempo, empecé a pensar en la suerte. La mala suerte que tuvo al nacer en un lugar donde fue maltratada, y la buena suerte que ha tenido en caer en un hogar que la quiere y la respeta. Pensé en todos esos perros que la primera de las suertes que tuvo May acaban por matarlos. Y en todos esos perros que nacen en hogares repletos de cariño y que al final de sus vidas no han conocido el miedo ni el sufrimiento. Para mí es muy recurrente pensar en la buena suerte actual de May, porque me hace sentirme orgulloso de quienes somos al verla feliz. Pero luego pensé en que nosotros, como seres humanos, corremos la misma suerte.

La vida de los perros pasa más deprisa que la nuestra, y a lo largo de los años vemos pasar de largo muchas generaciones de canes con distinta suerte. Nuestra vida es más larga y damos por hecho que lo que tenemos en nuestra vida es lo que hay. En mi caso me di cuenta de que igual que agradezco la suerte actual de May, debo ser agradecido con la vida por el lugar en el que he caído y con la gente que he encontrado. No me falta de nada y he dado y recibido cariño desde que tengo memoria, y aunque las cosas pueden cambiar el pasado permanece. Y estoy muy agradecido por el mismo y por mi momento actual. Este pensamiento debería llenarme el alma de agradecimiento, igual que me llena de orgullo ver a May corretear por los caminos.

lunes, 5 de octubre de 2015

Las acciones incompletas del miedo



El miedo impide el desarrollo natural de la mente, pero puede que se haya convertido en un hábito en el mundo en el que vivimos. Esto quiere decir que no somos conscientes de lo que nos hace porque lo aceptamos de forma natural. Estamos atrapados en un condicionamiento que somos incapaces de observar.

Pero cuando somos conscientes del miedo intentamos que no ocurra, intentamos detener esa acción. Pero la verdad es que los efectos del miedo solo los conocemos verbalmente, como recuerdos que se nos presentan proyectados al futuro. En el presente no notamos los efectos de lo aquello que es temido. Al no ver los efectos del miedo en el momento presente no podemos actuar, por lo que la acción es incompleta. Ese hecho de no poder hacer nada al respecto nos vuelve más temerosos si cabe, entrando en una peligrosa espiral de miedo psicológico. Esa acción es fragmentaria, nos aísla del momento presente y produce un lucha sin sentido que provoca la ansiedad y el dolor.

En cambio, ante una amenaza física que obliga a tomar una acción porque peligra nuestra integridad, esa acción no es fragmentaria aunque tampoco es espontánea. Vivimos condicionados de modo que vemos muchos peligros adquiridos por generaciones anteriores, que han podido interpretar que determinadas cosas representan un riesgo. Muchas veces están en lo cierto esos impulsos, aunque muchas otras veces no tienen mucho sentido. Y de ahí hay que distinguir sí la acción que tomamos viene motivada por ese miedo o por un sentido de la inteligencia.

Si volvemos a la acción fragmentaria de la que he hablado, solamente podemos transformar esa acción en completa si somos capaces de darnos cuenta de que el miedo que asoma se produce por los recuerdos del pasado, y no por lo que nos está ocurriendo realmente. La auto-observación es la clave en este aspecto.

El apego y la dependencia también es una fuente de miedo, pero a su vez también han sido adquiridos a través de la educación y el condicionamiento de una sociedad de la que formamos parte, y que además ayudamos a construir. Un círculo vicioso del cual es casi imposible salir. Esa dependencia demuestra una necesidad de la búsqueda de algo o alguien que nos complete, como si no viniéramos ya completos a este mundo. Es liberador aceptar que somos así.

Lectura principal por Diego Celma (historiasdediequito.es)

viernes, 4 de septiembre de 2015

El futuro es hoy

Hoy he recibido un regalo en el que se puede leer una frase: "EL FUTURO ES HOY". Se trata de una pulsera de apariencia sencilla, creada seguramente con el propósito de vender para ganar dinero, como si de un libro de autoayuda se tratase. La frase es falsa, porque evidentemente hoy no es el futuro. Hoy es hoy, y hoy es el presente.

Sin embargo, para nosotros el tiempo es tan relativo que esa frase adquiere un poder desmesurado. El ser humano, que siempre se está preocupando del pasado o el futuro dejando de lado la realidad actual (excepto cuando busca el placer instantaneo por medio del sexo, de comer o cualquier otro método de autocomplacencia), es el único que puede llegar a comprender una frase de tal calibre. No es extraño que esta frase la haya ideado otro ser humano.

Para mí, "EL FUTURO ES HOY" significa que lo que soñamos, lo que deseamos o aquello en lo que anhelamos convertirnos es una meta en cuyo camino nos encontramos. El FUTURO es la meta, mientras que HOY es cuando decidimos si avanzamos, retrocedemos o nos quedamos en el mismo lugar en ese camino que nos lleva al objeto de deseo. Nuestros deseos son una forma de vida que pocas veces elegimos, porque solo queremos el FUTURO como momento presente, es decir, como quien se come un pastel en pleno ataque de gula. No queremos ser ese FUTURO, queremos disfrutarlo sin más. No nos identificamos con él, porque no somos eso, solo lo deseamos. Y mientras soñamos con él y no comprendemos que es una forma de vida y no un momento explosivo de placer que ocurrirá en el futuro de forma emergente, nos alejamos. Porque lo que deseamos ser, ya deberíamos serlo para acercarnos al objetivo final poco a poco, sin prisa y sin ansias. Porque mirar al futuro (como deseo) de forma lejana sin encontrar comodidad en el proceso es como intentar correr una marathon a base de sprints: al final lo acabarás dejando.

"EL FUTURO ES HOY" es verse a sí mismo en el futuro como un producto de lo que somos hoy. Las metas no se alcanzan, las metas somos nosotros cada día.