martes, 2 de octubre de 2012

Nuestra vida on-line

Ayer vi un vídeo en youtube que me dejó entre el asombro y el miedo. Se trata de un adivino que empieza a acertar cosas sobre la vida de los que voluntariamente se prestan a hacerlo. Todo sobre su pasado o presente, nada sobre su futuro. En total son unos cuantos, pero todos coinciden en sus reacciones: perplejidad y sorpresa al ver como un desconocido conoce cosas sobre ellos que ni sus más allegados saben.

Cuando termina su función, el supuesto adivino con su numerito extravagante deja caer la tela de la pared para mostrar un equipo de personas trabajando con ordenadores. Toda la información ha sido obtenida a través de la red. Estamos más en ella de lo que pensamos. La gente que se ponga a investigar puede conocernos sin nosotros si quiera saber su nombre. Es como ser famoso, pero sin obtener ningún tipo de beneficio en ello, al revés, nos vemos expuestos a riesgos.

Las redes sociales pueden ser puestas en nuestra contra. Al fin y al cabo es información sobre nosotros, y aunque tienen clausulas de privacidad y seguridad, en un momento de enajenación se pueden quebrantar. Porque todos somos humanos y la integridad de las personas es una panacea. El poder corrompe, y ante la necesidad nos olvidamos de las reglas de la honestidad.

Es una paradoja que yo esté escribiendo esto, con un blog y metido en muchas redes sociales. Pero quizás debemos pensar en ello. Las redes sociales no son indispensables en nuestras vidas, así como el teléfono móvil, sin embargo nos creamos dependencias tan fuertes que hacen que el hecho de dejarlos de lado sea, hoy por hoy, impensable.


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