lunes, 19 de noviembre de 2012

En bici co

Hace unos años, no sé cuantos pero muchos (igual 10 o 8), cogí mi bicicleta y me fui desde un pueblo a las afueras de Zaragoza donde vivía al centro comercial Grancasa. Era el cumpleaños de mi hermano y hacía buen tiempo. Quería comprarle un MP3 de regalo y no quería coger el coche, así que utilicé mi bici. 

Aquella bicicleta era vieja y me la regalaron cuando era adolescente. A mi padre no le costó muy cara y es posible que mucha gente no la quisiese ni regalada. Sus condiciones tampoco eran buenas porque nunca la engrasaba y la usaba de ciento a viento. Los frenos rozaban con las llantas y siempre me costaba más esfuerzo pedalear que a todos los amigos con los que quedaba para dar alguna vuelta.

El caso es que llegué a Grancasa y no la quise atar demasiado cerca para que no la viese mucha gente, como medida de precaución. La até con una cadena muy sencilla, de las que ahora se rompen si el ladrón sopla, pero que por aquel entonces todavía era suficiente. Llegué al centro comercial, elegí un MP3 y volví a por mi bici para volver a casa. Ya no estaba. 

No lo podía entender. ¿Quién quería esa bici tan vieja? ¿Quién se había tomado la molestia de romper ese candado por algo que valía tan poco? Igual me había equivocado de sitio. Me fui y volví, di una vuelta por si acaso la había dejado en otra esquina... pero no. Se la habían llevado. Volví a ir y volver, pero esta vez con la esperanza de encontrarme al ladrón y partirle sus sucias piernas. Pero supongo que ya estaba muy lejos.

El viaje de vuelta al pueblo en autobús fue bastante triste. Yo estaba muy rabioso y aun no lo había aceptado. Estuve jurando en hebreo todo el trayecto, por no comentar el rato anterior hasta que apareció el dichoso autobús. Un trayecto feliz por comprarle a mi hermano un bonito MP3 se convirtió en un viaje con ganas de matar a alguien.

No sé quien tendrá aquella bici ahora. Supongo que estará en algún desguace desde hace un montón de años. ¿Por qué os cuento esto? Porque he leído en un blog una historia real (un poco larga) de como alguien sí pudo recuperar su bici robada. Es curiosa la historia y me ha recordado a mi lamentable experiencia con la gentuza que roba bicis:

2 comentarios:

  1. La gente es muy estúpida. A mi nunca me han robado la bici (toquemos madera para que así siga siendo). Pero si otras cosas. Cuando era pequeñísima me quitaron toda mi colección de pegatinas que llevaba años reuniendo en un álbum que cuidaba como oro en paño. Fue en el cole, pero lo recuerdo con mucha muchísima rabia. No sé donde queda la conciencia de toda esa gente que le encanta tanto lo ajeno...

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    1. No tienen conciencia ninguna!! Lo peor es que muchos lo hacen por el afán de hacerlo. ¿Para qué quieren una bici tan vieja? ¿O una colección de pegatinas? Tenía mucho más valor para ti que para ellos.

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Gracias por comentar!!

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