jueves, 6 de diciembre de 2012

Centrarse y concentrarse

La naturaleza del ser humano es sumamente curiosa. En realidad es la mía, pero supongo que a más gente le pasará, por eso generalizo. Quizás es mucho suponer, pero me la juego. Y atención porque es dificil de explicar. Antes he intentado explicárselo a mi hermano con palabras y me ha sido imposible. Cada vez que añadía algo era para confundirle aún más, así que haré lo posible porque me entendáis.

En ocasiones nos planteamos un objetivo que queremos conseguir, es algo a medio-largo plazo, algo que pasa por nuestra mente en un momento determinado. Y cuando llega el momento decisivo para conseguirlo no hemos hecho ese esfuerzo suficiente para ello. Pero en ese momento sí que lo damos todo dentro de nuestras posibilidades, que suelen ser ya bastante remotas. Y al no conseguirlo nos enfadamos, nos cabreamos, no lo entendemos y nos preguntamos por qué no hemos sido capaces. Pero tampoco somos tan críticos con nosotros mismos para entender que el error ha estado en el camino, y no en el destino.

Para entendernos pondré el ejemplo de un estudiante. Es septiembre y empieza el curso. Quiere llegar preparado al examen final de junio con objeto de aprobarlo y pasar de curso. Pero durante el curso, al acabar las clases sale a jugar, se pone con la consola o a ver la tele con su bocadillo de nocilla (todo un clásico). A falta de dos semanas para el gran examen toma conciencia de lo que se le viene encima. Tenía un objetivo, pero no se lo ha tomado en serio hasta ese día. Entonces se pega unas panzadas de estudiar todos los días para recuperar el tiempo perdido. No descansa bien y los conocimientos no arraigan. Llega al examen a pecho descubierto y apenas con 4 horas de sueño el día anterior. Resultado: suspenso. Y se empieza a preguntar el por qué, con todo el esfuerzo que ha dedicado en las dos últimas semanas. Todos sabemos la razón, todos menos él. Lo achacará a la mala suerte, o a que el profesor se ha pasado con el examen. Pero la realidad es que no ha hecho todo lo que estaba en su mano para aprobar. ¿No os resulta curiosa esta actitud del ser humano ante los fracasos anunciados?

Esta mañana me ha pasado algo parecido. Tenía partido de fútbol. A decir verdad no me apetecía mucho jugar: juego en un equipo amateur para pasar el rato con amigos y hacía frio, no se disfrutaba del juego. Por eso me he levantado tarde. He desayunado bastante y con poco margen para hacer la digestión. He llegado tarde y no he podido calentar bien. Cuando ha empezado el partido todavía tenía la tripa llena y me crujían todos los músculos fruto de mi mal calentamiento. Lo había hecho todo mal desde el principio. No llegaba a ningún balón y todos los rivales me superaban. Pero, en vez de decirme a mi mismo que era normal porque he pasado de todo, me he cabreado conmigo mismo. Me lo he reprochado. En ese momento quería jugar bien, pero no podía. Había hecho mal los cimientos y pretendía que el techo fuera consistente. Lo intentaba y lo intentaba pero no había forma. Mi comportamiento no ha sido coherente con mi objetivo, que en este caso era jugar bien el partido, competir.

Lo mismo sucede con nuestra salud mental. O con nuestra actitud. La mente hay que trabajarla siempre, al igual que el cuerpo haciendo deporte. Si tenemos el objetivo de no estar gordos tenemos que hacer deporte casi todos los días. No vale que llegue el sábado que vas a salir, te pongas la camiseta que te saca barriga y digas: joder que gordo soy. No eres gordo, el problema no es ahora ser gordo, el problema es que no has hecho lo que deberías hacer para no serlo. Ahora ya no tiene solución. Con la mente es igual. Si no la trabajamos con pensamientos positivos, con reflexiones constructivas o con meditación durante la semana, no se puede conseguir la paz mental. Cuando estamos negativos nos enfadamos en ese momento con nosotros mismos, pero la culpa no es de nosotros en ese momento, es de no habernos trabajado antes. 

Debemos planificar nuestros objetivos con hitos intermedios. Cumplirlos será tan importante como la consecución del objetivo final. Si no los cumplimos no tendremos derecho de quejarnos por no haber conseguido ese objetivo que tanto ansiamos.

imagen: luzfinal.blogspot.com

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