martes, 4 de diciembre de 2012

Dos vidas en un instante

Hoy tenía que ir al banco para solucionar un problema que tengo con una tarjeta. El banco abría a las 8:30, y yo entro a trabajar a las 9:00. He bajado a las 8:35 de mi casa para ir a la sucursal (que está justo debajo), pero antes tenía que tirar la basura. Recordaba que al lado del banco había un contenedor, así que he ido directamente hacia allí, pero cuando he llegado el contenedor brillaba por su ausencia.

Con las obras del tranvía han quitado algunos y este ha resultado ser uno de ellos. Así que he dirigido la mirada hacia el interior del local para ver que fila me esperaba. Solamente dos personas. "Parece que no me va a tocar esperar mucho", he pensado. Pero no podía entrar con la bolsa de deshechos, por lo que rápidamente me he puesto a buscar la papelera más cercana. Tenía que cruzar la carretera, pero no estaba excesivamente lejos. Me acerqué con paso ligero y tiré la bolsa dentro con rapidez. Di media vuelta para observar que nadie había entrado todavía. Comencé mi camino hacia allí adelantando a un abuelo. Solamente otra anciana podía quitarme la gloria, pero las posibilidades de que entrase en el banco no eran muchas por sus apariencias. Lección uno: "Las apariencias engañan". La decrépita abuela y yo llegamos a la vez a la puerta, pero como ella me llevaba ventaja y yo he acelerado el ritmo me ha mirado con cara de pocos amigos. "Entre por favor", le he dicho cediéndole el paso. Si las miradas matasen yo ya estaría muerto. Pero ese gesto no ha mejorado su expresión. Que poca educación tienen algunos ancianos. 

Por tirar la basura se me ha adelantado en la fila. Se ha pegado 20 minutos con el personal de la sucursal mientras yo me cagaba en mi suerte. Preguntando chorradas. Después han venido los de Prosegur (los que transportan los capitales de las sucursales a los bancos centrales), que se han saltado toda la fila, incluido al siguiente que era yo. 5 minutos después me atendían a mí. He llegado tarde al trabajo. Pero no ha pasado de ahí. 

Podía haber sido mucho peor. Poniéndonos dramáticos podrían haberme despedido. O que al tener que quedarme más tiempo por la tarde para recuperar mi retraso mi coche se ha quedado solo en el aparcamiento, siendo un jugoso manjar para los ladrones. No voy a divagar más, porque en realidad tampoco ha sido para tanto: un sencillo retraso sin consecuencias. Es más, ha sido algo positivo que ha dado sus frutos: este post. Y además me ha dado que pensar y plantearme cosas. La conclusión ha sido que si hubieran decidido no poner tranvía, yo hubiese llegado puntual a trabajar.

Me ha recordado la película "Dos vidas en un instante". Se trata de como le cambia la vida a una chica de darse un encontronazo con un tío en el metro. Al dárselo no llega al metro y no descubre como le pone los cuernos su marido.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por comentar!!

Post Relacionados:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger…