domingo, 2 de diciembre de 2012

Mundo de Dioses


Venimos al mundo sin información, sin más capacidad de supervivencia que la que nuestros instintos nos dan. Somos cómo los animales irracionales, que se mueven por impulsos generados por su naturaleza. Pronto empezamos a ser conscientes, a esclarecernos poco a poco. Descubrimos a nuestros padres como los primeros Dioses de nuestra vida: en ellos encontramos comprensión y seguridad, están capacitados para darnos lo necesario. Esa facultad se la da la experiencia que nosotros aún no hemos desarrollado, y la fuerza que les dan los instintos maternales y paternales. Son como auténticos seres sobrehumanos para nosotros, les creemos capaces de todo.

Después vamos al colegio, donde encontramos la segunda hornada de Dioses en nuestras vidas: los profesores. Estos, además de enseñarnos materias y asignaturas varias, nos enseñan modales y formas correctas de actuar. Correctas según las normas de la sociedad.

Hasta entonces habíamos sido demasiado pequeños para plantearnos nada, para cuestionar a los Dioses. Lo que ellos nos decían iba a misa, era lo correcto. Y lo era porque las cosas funcionaban así, y punto. Pero seguimos creciendo, y los Dioses empezaban a ser demasiado comunes. Se multiplicaban. Allí a donde ibas encontrabas uno. Y da igual que llevases diez años haciendo algo, que siempre aparecían para decirte como debías hacer las cosas, para mandar. En el gimnasio, en el trabajo, por la calle, de fiesta... Siempre había un supuesto Dios que podía decirte las cosas como eran realmente.

Poco a poco te das cuenta de que esos Dioses igual no lo son tanto, que puede que tú sepas más que ellos en algunas facetas. Que hay Dioses que llevan existiendo 5 minutos, y que tu llegaste hace una hora. Que hay Dioses que dirigen sin saber, que hay otros que están muy equivocados. Sabes que eres una persona normal, que no eres un Dios, pero que tienes tu propia experiencia. Una experiencia que te empieza a susurrar al oído que te olvides, que ya no existe ningún Dios, que todos creen saber y que pocos son los que realmente saben. Que son personas igual que tú, y que debes ser tu propio Dios. Que lo que piensas está a la altura del Dios más prepotente que te hayas topado. 

Todo se normaliza. Ya no hay Dioses. Todos nos igualamos en la muerte y en la necesidad por mucho que unos crean saber más o dispongan de más recursos. Hay un Dios en cada hombre o mujer, cree en el tuyo. Escúchate, y elige bien a qué Dios que no sea el tuyo escucharás. Los hay muy sabios, pero la mayoría son falsos. La mayoría son ladrones de tiempo.

Pero lo fundamental es que creas en el tuyo, que no lo silencies, que lo tomes en consideración como el primero. Él trazará tu camino y hará que no sigas el de los demás.


No creas todo lo que oyes
No compres todo lo que ves
No dejes que nadie te diga
Donde deben ir tus pies.

Busca la verdad que se esconde
Entre las lineas que lees
Hay un Dios en cada hombre
En ese debes creer. 
imagen: altfoto.com

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