jueves, 10 de enero de 2013

La afluencia de los contenedores

Últimamente tengo la costumbre de irme a leer a la ribera del río Ebro. Me siento en unas escaleras que están debajo del puente de Santiago (en Zaragoza) y aprovecho los últimos luces de la tarde. En esta época del año a las 18 ya me tengo que recoger porque no hay mucha luz y no me gusta forzar la vista. Eso tenía pensado hacer el domingo pasado, pero entre unas cosas y otras aparqué muy tarde y no me daba tiempo a llegar y leer por mucho tiempo.

En esa tesitura decidí quedarme leyendo dentro de la furgoneta hasta que se hiciera de noche. Aparqué delante de unos contenedores de basura a los que no presté atención en un primer momento. Sin embargo con el transcurso de los minutos cobraron protagonismo. En apenas media hora se presentaron tres personas a buscar en su interior. Venían con bicicletas acondicionadas para transportar carga o con carritos de compra o de niños para guardar lo que encontraban. No pude ver con claridad lo que se llevaron los dos primeros, pero sí que distinguí que el tercero se iba con las manos vacías.

Es sorprendente que haya tanta gente en esa situación. También el día que fui al Moncayo desperté a un vagabundo que dormía en el cajero de debajo de mi casa. Cada día hay más gente en la calle, más gente carente de recursos. Muchos son gente normal que hasta hace cuatro días tenía su trabajo y podía mantener su casa, pero los tiempos han cambiado y van a seguir haciéndolo.

Mientras el gobierno nos deja sin pensiones para paliar la deuda las cosas no parecen más que empeorar. Da mucha pena pero la crisis está haciendo una mella brutal, de forma constante y sin descanso pero poco a poco. De un día a otro no lo notamos, pero si echamos la vista atrás nos damos cuenta de todo lo que hemos perdido y todo lo que vamos a perder. Todo peligra y muchas familias se deben a una economía de guerra que muchos de sus miembros no han conocido.

El progreso es un invento del ser humano, tal y como lo dijo Nietzsche. Parecemos seres evolucionados a pesar de que últimamente caminamos hacia atrás como los cangrejos. Parece una utopía que en pleno siglo XXI se me pueda pasar por la cabeza que esto desemboque en una guerra, y espero que no sea así. Esperemos que mejoren las cosas, y que si no lo hacen, el estado sea justo con todos y no solo beneficiar a los que están arriba. Esto sí que es la verdadera utopía.

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