lunes, 4 de febrero de 2013

Murphy y su ley

Cuando le dije a J que me iba a La India para Semana Santa me comentó que me dejaría un libro a mi vuelta. Todavía quedan casi dos meses para que me vaya, así que me sorprendió que no me lo dejara ya. Ante esta pregunta me respondió que si me lo dejaba antes seguramente se me quitarían las ganas de ir. 

Hoy he empezado el libro. No me resultó complicado convencerla para que me lo prestase antes y me he levantado a las 7 para empezarlo. "Sonrisas de Bombay" es el libro, y en apenas hora y media me he leído ya la mitad. Es un libro que cuenta la historia real que el escritor vivió en su primer viaje a este país asiático. Me está impactando bastante, y eso que me cuesta imaginar que todo lo que se cuenta en él sea verídico. Si no vives las cosas les restas importancia e inconscientemente tiendes a no creer al cien por cien. Si no lo veo no lo creo se suele decir, aunque muchas veces es al revés: si no lo creo no lo veo.

Al margen de este libro (del que seguramente escribiré en el blog cuando lo termine) quería narrar una situación tan curiosa como insignificante. Ayer me llevé el libro por ahí para empezar a leerlo (obviamente no lo hice, por lo que le di un paseo como si de un perro se tratase). Todavía conservaba el post-it que J me había dejado en su portada, en el que se podía leer "Con cariño, J". El viento era insoportable en Zaragoza y una bocanada de aire arrancó el mensaje del libro. En un primer momento lo di por perdido, pero el papel quedó inerte a unos dos metros de mí, en el suelo. No me gusta tirar las cosas al suelo, así que pensé en ir a recogerlo. El tiempo pasaba inusualmente lento mientras mi mirada estaba fija en el mensaje de J. "No tiene sentido que vayas a recogerlo, con el viento que hace va a salir volando antes de que lo atrapes" me dijo mi mente racional. Pasaron los segundos y el papel no se movía. Le dije a mi mente: "Voy a ir a cogerlo, aunque sé que en cuanto me acerque saldrá volando...". Empecé a mover mi cuerpo hacia esa dirección, pero cuando iba a mitad de camino salió disparado por una bocanada de aire, como si fuera un gato alerta al que te acercas para acariciarlo. "Te lo dije" me advirtió mi mente con sorna. No le contesté.

No sé si alguien presenció la escena, pero si fue cómico se perdió la mitad al no escuchar mi diálogo interno. La dichosa ley de Murphy hizo de las suyas.

imagen: definicionabc.com

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