martes, 30 de abril de 2013

Cómo poner en verde un semáforo con el móvil

imagen: www.diariomotor.com

Los que seguís el blog recordaréis que hace un mes escribí sobre lo mal que están funcionando los semáforos en Zaragoza. Bueno, pues ahora voy a daros una clave para que con vuestro móvil podáis poner verde prácticamente todos los semáforos del trayecto, gratis, sin aplicaciones que descargarse.

Me he dado cuenta que en el momento que tengo que mandar un whatsapp urgente y espero a que un semáforo se ponga rojo para hacerlo, ninguno se pone. Es increíble, pero funciona. La verdad es que no siempre tengo que mandar whatsapps urgentes, y desde luego fingir que tienes que hacerlo no funciona. Sólo funciona si realmente existe la necesidad de hacerlo. Por lo menos llegas a tu destino más rápido y allí sí que puedes mandarlo más tranquilo, pero es muy curioso.

Y sí, lo reconozco, me quejo por todo. Si se ponen rojo porque se ponen rojo, y si se ponen verde porque se ponen verde. En cualquier caso sigo pensando que la distribución de semáforos en Zaragoza roza el desastre, tanto por densidad como por funcionamiento. Está claro que este método es por pura sugestión, ya que cuando no hay que mandar mensajes urgentes y se ponen todos los semáforos en verde no le doy importancia, y por lo tanto no me acuerdo de esas situaciones.

Y recordaros que no uséis el whatsapp mientras estáis al volante, que conozco a muchas personas que lo hacen y no solo se ponen en peligro y se exponen a una multa importante, sino que también escriben fatal y los que les leemos no entendemos nada.

lunes, 29 de abril de 2013

Zeitgeist, un documental que no te deja indiferente

imagen: www.newpct.com
Entre el viernes y el sábado vi un documental que me habían recomendado: Zeitgeist: The Movie. Está dividido en tres partes, a cada cual más controvertida: el origen del Cristianismo, los atentados del 11 de Septiembre y el control que tienen los bancos sobre nuestras vidas. A decir verdad no deja títere con cabeza.

Me resultó muy interesante la perspectiva en la que enfoca todos estos temas, independientemente de si son verdad o no las cosas que dice. Según su director, el Cristianismo está basado en la astrología, en donde Dios no es más que el sol, y todo se basa en las constelaciones y demás estrellas que pueblan el cielo que vemos. Compara a Jesucristo con otros muchos profetas de otras religiones que tienen muchas cosas en común, viniendo a decir que todos son la misma persona imaginaria, creada a través de los astros. El Cristianismo es pues, una evolución de otras religiones ancestrales con culto al Sol.

Respecto al 11S, pone en evidencia la autoría por parte de Bin Laden de los atentados. Sus pruebas son muy convincentes, y culpa al gobierno estadounidense de los mismos. Según el documental, cada vez que USA necesita entrar en una guerra el gobierno empuja a la opinión publica a apoyar esa acción, provocando atentados cuya autoría se atribuye al enemigo. Se supone que cuando se entra en una guerra se dispara el gasto por parte del Estado, lo que beneficia a los bancos porque reactiva la economía.

La parte de los bancos también es interesante. Parece ser que son ellos los que manejan las crisis, las provocan y las superan a su antojo. Y todo para conseguir más beneficio, porque cuando dan créditos siempre los dan con intereses, y si hay deudas tendrán que dar más créditos, entrando en un círculo vicioso en el que solamente ganan los propios bancos y sus dueños.

Navegando un poco por Internet he topado con una página del movimiento Zeitgeist. se trata de un movimiento que se creó cuando se publicó la segunda entrega de esta serie de documentales: Zeitgeist Addendumm (por lo visto son cuatro documentales). La página me ha resultado intrigante y he estado leyendo un poco sobre el movimiento. Suena bastante utópico, pero su objetivo cambiar la economía mundial en favor de lo que llaman Economía Basada en Recursos, que permitiría dar sustento a todos los seres humanos del planeta ayudándose de la tecnología actual. Sin líderes que pudieran corromperse por el poder. Si queréis saber más podéis visitar su página.

Y para los que se conformen con ver el primer documental, aquí lo tienen:



domingo, 28 de abril de 2013

Las Parras de Martín

Puente que cruza el río Martín
Aprovechando el día de fiesta que nos dieron por San Jorge (patrón de Aragón), me acerqué a hacer un poco de senderismo por los alrededores de Las Parras de Martín, un pequeño pueblo turolense a unos kilómetros de Utrillas. La elección estuvo basada en un programa de Aragón Televisión llamado Chino Chano, que recorre los senderos de Aragón mostrándonos las maravillas que esconden. Cómo era en el día no podíamos elegir un itinerario demasiado lejano, ni tampoco uno demasiado complicado porque no estábamos habituados al senderismo.

Así pues, los alrededores de Las Parras de Martín resultó ser una excursión ideal, ya que cumplía todas esas premisas. En el vídeo y en la hoja de ruta destacaban que la dificultad del camino era baja, pero la verdad es que no esperaba que lo fuera tanto. Nos salió un día ideal para caminar, y se podían ver hasta niños haciendo el trayecto, lo que denota que está al alcance de casi cualquier persona.

Hocino del Pajazo
Comenzamos por el primer sendero que partía del pueblo, muy bien indicado y fácil de encontrar debido a lo pequeño que es Las Parras de Martín. El sendero es estrecho y no tiene pérdida hasta que se llega a una pista por donde sí pueden circular los coches, aunque conviene que sean todoterrenos. En realidad no vimos ninguno. Siguiendo esa pista empezamos a ascender suavemente hasta llegar a lo alto de una colina. Bajándola pudimos ver unas casas abandonadas a la izquierda, probablemente usadas para guardar ganado en el pasado. Ya cuando el sendero termina de bajar nos encontramos con unas señales que indicaban una bifurcación: a un lado el hocino del pajazo, al otro el hocino de las palomas. Hay que cruzar el río por el puente para encontrar ese desvío de caminos, en donde cogimos primero el que iba al hocino del pajazo. Metidos ya en el cañón que el río ha ido creando a lo largo de los años, lo vamos cruzando por un par de puentes, y en nada se llega al hocino del pajazo. Se trata de una larga cascada en la que el agua cae bastante concentrada, resbalando por las paredes del cañón. Es bastante espectacular y lo vemos desde arriba. A mi me daba cierto vértigo asomarme.

Hocino de las Palomas
Volvimos por nuestros propios pasos hasta llegar de nuevo a la bifurcación, tomando esta vez el otro camino. Tras dejar atrás sinuosos caminos entre grandes rocas y una cueva no profunda, se llega al hocino de las palomas, una preciosa gruta a la que no se puede entrar. El punto más cercano al que se llega es a través de una pasarela de madera clavada al lateral del barranco, y que va a la par del rio. Llegados a este punto se puede observar como cae el agua desde arriba dentro de la cueva, es un sitio precioso. Visto esto volvimos hacia el pueblo, parando unos minutos en las casas abandonadas. Esta vez volvimos todo el rato por la pista en vez de coger el sendero por el que comenzó la visita. Esta pista es atravesada por el pequeño río Martín en un momento determinado. Nosotros, ignorantes, cruzamos el río descalzándonos, pero siguiendo por el lado derecho encontramos un puente que hizo que se nos quedara cara de tontos. Aunque a decir verdad nos vino bien mojar nuestros pies en agua fría. 

Cascada del Chorredero
De nuevo en el pueblo, montamos en la furgoneta para seguir por la carretera por la que habíamos venido. Dejamos atrás Las Parras de Martín, y dejamos el coche al lado de unas rústicas casas agrícolas. Cruzamos la carretera ya andando y nos dirigimos por el camino que va hacia la izquierda. Podíamos haber metido la furgoneta más, pero tampoco es mucho rato de andar. En poco más de un cuarto de hora nos plantamos en la cascada del chorredero, una caída de agua preciosa en la que tomamos unas cuantas fotos. Es un lugar ideal para pasar la tarde descansando y a buen seguro que muchos del pueblo lo hacen. Volvimos sobre nuestros pasos y en el primer sendero que va hacia la derecha dejamos por el que vinimos. Este sendero se identifica porque empieza a trepar por la montaña. Conforme vamos subiendo vamos encontrando pequeñas casas escabadas en la montaña, a modo de cuevas. Se puede entrar y se está realmente fresco. Se dicen que antaño eran las casas de unas brujas. Llegados a la cumbre de la pequeña montaña podemos ver un atisbo de agua de la cascada del chorredero. 

Desde una chimenea de una casa
Sin más, volvimos a la furgoneta y nos fuimos a casa después de haber caminado sólo unas tres horas y haber visto parajes preciosos. Muy recomendable.

viernes, 26 de abril de 2013

Dubai

Dubai

Lago artificial
Burj Khalifa
Después de más de tres horas de vuelo llegamos a Dubai. Solo disponíamos de unas seis horas para ver lo más destacable de la ciudad, así que nos decantamos por el rascacielos más alto del mundo, el Burj Khalifa. Sus 828 metros de altura consiguen que fotografiarlo entero sea todo un reto, sobre todo si estás desde abajo. Desde el aeropuerto pretendíamos ir en metro, pero casualmente el día que fuimos no lo abrían hasta la una de la tarde. Tuvimos que coger un taxi hasta allí, después de haber cambiado dinero a la moneda local, el dirham. Un dirham equivale a unos veinte céntimos de euro. 

Dubai Mall

Partido de pequeños
Estábamos en un mundo nuevo: amplias avenidas, sin aglomeraciones, con coches de lujo y rascacielos inmensos. Por unos doce euros nos llevaron al Burj Khalifa, que estaba a los pies de un lago artificial y del centro comercial más grande del mundo: el Dubai Mall. Lo recorrimos viendo algunas de sus más de 1200 tiendas, entre ellas un acuario o una pista de patinaje. También hay una especie de parque temático de la compañía de videoconsolas Sega. Dentro del propio centro comercial se disputaba un torneo de fútbol indoor entre chavales de unos diez años, y estuvimos allí matando el tiempo.
Con la copa del mundo

Finalmente volvimos al aeropuerto para coger el vuelo a Madrid, con el que terminaba nuestro viaje más internacional hasta el momento. Antes de cogerlo pudimos hacernos una foto con la copa del mundo de fútbol, que será entregada a la selección ganadora en Brasil, en 2014.

jueves, 25 de abril de 2013

Odisea hasta el aeropuerto

fuente: taringa.net
Salimos de la zona donde cenamos en rickshaw hacia la casa de Diego. Allí recogimos las maletas que nos guardaba, y las arrastramos hasta nuestro hotel. Allí ya estaba esperando el taxista que nos iba a llevar al aeropuerto, aunque todavía no eran las 12pm, hora a la que le dijimos que saldríamos. Aprovechamos para comprarnos unas botellas de agua mineral y un té para Diego. Nos los tomamos tranquilamente, y llegadas las 12:10 montamos en el taxi. Le dijimos al taxista que si podía acercar a Diego hasta su casa. Estaba cerca pero era tarde y los perros callejeros te pueden jugar una mala pasada al no haber casi gente por la calle. El taxista no estuvo muy de acuerdo, pero atendió a nuestras indicaciones cuando le prometí 50 rupias extras por acercar a Diego. 

Llegados a su estrecha calle, el taxista paró y dijo que no se metía por allí. Se le veía tenso, como si esperase que le fuéramos a robar o a hacer alguna trastada. Diego le explicó que estábamos al lado, que había tenido malas experiencias con los perros callejeros y que le acercase. El conductor aceptó a regañadientes y llegamos a su casa. Nos despedimos de Diego, mientras en español nos decía que no le caía bien el conductor. Montamos de nuevo en el amplio vehículo para ir directamente al aeropuerto, no sin antes pagarle las 50 rupias extras al taxista nepalí. Sus rasgos eran inconfundibles.

En el camino empezamos a notar cosas raras, pero como en Delhi todo el mundo conduce como le da la gana, tampoco le dimos mayor importancia. Apenas había tráfico pero el conductor no paraba de dar volantazos, a veces íbamos de lado a lado de la calzada. También hacía frenazos muy raros. En un momento determinado me dio por mirar a través del retrovisor la cara del nepalí. El coche empezó a irse hacia la cuneta mientras sus ojos se cerraban lentamente. Su conducción extraña se debía a una razón: se estaba durmiendo. En cuanto me percaté me levanté y le cogí el hombro, entonces sus ojos se abrieron del todo y recuperó la fuerza en la conducción. Avergonzado nos pidió disculpas, y nosotros empezamos a hacer cosas para mantenerle despierto: le dimos agua, le pusimos música, le hicimos cantar y bailar al son.

Aun teníamos el susto en el cuerpo cuando unos miembros del ejercito indio nos dieron el stop. Nos hicieron bajar del coche y enseñarles el contenido del maletero. Yo no temía mucho porque ya teníamos contacto visual con la terminal del aeropuerto de Delhi. Se quedaron mirando las mochilas pero no hicieron ademán de abrirlas, dándonos paso de nuevo. Al montar en el taxi de nuevo y avanzar unos metros, el nepalí imitando a los soldados como disparando una metralleta dijo: "Cachemira, ratatatatatata...". Estaba bastante grillado. Nos dejó en la terminal y le dije que se echase a dormir. No le dimos ninguna propina, ya que por su culpa podríamos habernos metido en un buen lío. 

Empezaba la vuelta a España, con Dubai de por medio. Más de 20 horas quedaban por delante para llegar a casa. Rellenamos el formulario de inmigración, hicimos el check-in y embarcamos dirección los Emiratos Árabes Unidos.

miércoles, 24 de abril de 2013

La última tarde en Delhi

Raj ghat
La siguiente parada de nuestro último día en Delhi fue la tumba de Ghandi, Raj Ghat en indio. Cogimos el metro para acercarnos a la zona y de ahí un tuc tuc hasta el lugar en concreto. El ciclista que tiraba del tuc tuc hizo un verdadero esfuerzo bajo un sol de justicia, transportando a tres maromos subiendo alguna que otra cuesta empinada. La verdad es que se mereció la propina que le dimos.

Jose y un indio
Tuvimos que descalzarnos para entrar, y accedimos al los jardines donde descansan los restos del pensador indio más famoso de la historia. Las ardillas correteaban por la zona, y a Jose le volvieron a pedir una foto unos indios. Esta ocasión fue distinta y accedió a hacérsela, quizá porque aparentaban unos 40 años y parecían inofensivos. Estaban más sorprendidos por la presencia de blanquitos que por la propia tumba de Ghandi.

Hombre pidiendo en la carretera
Quedamos con Diego en una estación de metro a medio camino entre su trabajo y nuestra posición. Nos encontramos y nos dirigimos a Akshardham, un espectacular templo de nueva creación en el que no se permite hacer fotos. Tuvimos que dejar todos nuestros móviles, mp3, cascos y cámaras en la consigna, aunque no nos hacía ninguna gracia. Tras guardar dos filas entramos a un sitio verdaderamente espectacular. Dejamos en otra consigna nuestros zapatos y paseamos por los patios y jardines hasta entrar el templo en sí. Una figura dorada enorme presidía el templo, y muchísimos adornos perfectamente terminados, tanto que parecía hasta artificial, como si fuera Port Aventura. Compramos entradas para un espectáculo de luces en una fuente, cuyos chorros danzaban al son de la música hindú. Fue precioso. 

Akshardham
Recuperamos nuestras pertenencias y acudimos a cenar de nuevo a Hauz Khas Village, esta vez a una hamburguesería. Nos costó llegar porque estábamos a unos 25 kilómetros y fuimos en rickshaw. Había un ambientazo y se notaba que ahí estaba la gente con dinero de Delhi. La hamburguesería era un poco cara hasta para nosotros, pero al ser la última cena en La India nos dimos un homenaje. Se notaba que eran de buena calidad, y aunque un poco picantes, eran muy sabrosas. Estuvimos debatiendo cual sería nuestro próximo viaje, entre los que surgió la idea de la ruta 66. Había un cartel en la hamburguesería sobre esa ruta, pero fue casualidad porque hablamos de ello antes de verlo... ¿una señal?

Última cena en Delhi
Después de cenar empezó la vuelta a España, que nos dejaría una última anécdota india sin consecuencias afortunadamente, pero que pudo ser muy traumática. Pero eso os lo cuento en el próximo artículo.

lunes, 22 de abril de 2013

Último día en La India

Lotus Temple desde lejos

Afrontamos nuestro último día en La India madrugando poco porque hasta las 4 de la mañana del día siguiente no cogíamos el vuelo a Dubai, así que iba a ser un día muy largo. A las 9 de la mañana nos pusimos en pie para pagar el hotel, solicitar un taxi que nos esperara a las 12 de la noche, y preguntar como llegar a nuestro próximo objetivo: el Lotus Temple. Las explicaciones del hotel Krishna fueron excelentes, y no nos costó encontrar la línea de metro más cercana.  Llegamos con la línea amarilla a un templo que estaba realmente lejos. Desayunamos en la estación de metro de destino, y de ahí cogimos un rickshaw a pesar de que teníamos ya contacto visual con el templo de Loto. Las distancias en Delhi son extremadamente engañosas.

Lotus Temple desde cerca
Llegados allí comprobamos que este moderno templo es una de las construcciones más modernas de Delhi. Parece transportarte a otra ciudad en la que no reine tanta pobreza. Obligados a descalzarnos para entrar, nos hicimos unas cuantas fotos en el entorno de piscinas y jardines en el que está la obra arquitectónica, y después entramos a una pequeña misa hindú. Fue tan sumamente corta que hasta a Jose se le escapó un "¿ya está?". Tras recuperar nuestro calzado nos dirigimos a un mercado para hacer unas cuantas compras.

Sarojini Nagar
Diego nos había recomendado el Sarojini Nagar, un mercado con muy buenos precios. La negociación con los rickshaws dejó otra anécdota que delata que la lógica india dista mucho de la que tenemos en occidente. Se lo dijimos a un conductor y aceptó el precio de 100 rupias, pero nos dijo que antes nos llevaría a otro mercado mejor. Desconfiados le dijimos que no, que nuestra intención era ir a Saojini Nagar y no a otro y que nos llevase allí directamente. Nos respondió que nos llevaría primero al mercado que él decía, y que luego nos llevaría por el mismo precio al mercado que nosotros queríamos. Rechazamos su propuesta, y ya montados en su moto carro le dijimos que nos llevara a Sarojini. Entonces se destapó diciendo que 100 rupias era muy poco para llevarnos allí. ¿Poco? Si nos quería llevar a otro y luego a Sarojini... No sé que pretendía ese conductor, pero pronto encontramos otro que sí nos llevó allí directamente y sin problemas.

Niña mayor haciendo pulseras
Niña pequeña pidiendo nombres
Al llegar al mercado, una niña pequeña me asaltó vendiéndome pulseras por 2 rupias, que son como 2 céntimos de Euro. La niña llevaba un cajón abierto colgado al cuello con una cuerda, en posición horizontal apoyándose en su tripa. En su interior había multitud de letras con las que la nena compondría la pulsera formando un nombre. Me pareció una idea genial ver el proceso y un bonito recuerdo que quedarme por un precio tan ínfimo. Le di unos cuantos nombres, hasta 3 y entonces apareció otra niña aun más pequeña, hermana de la primera, pidiendo nombres para formar pulseras. Hugo le dio 2 nombres más, en total serían 5 pulseras a 2 rupias cada una: 10 rupias. Se pusieron a trabajar las pequeñas y entonces, de una puerta empezó a salir toda la familia de las niñas. En un minuto estábamos rodeados por unas 15 personas vigilando el proceso. Le pedimos permiso para hacer fotos a la que parecía la madre. La niña más pequeña tenía verdaderas dificultades para reconocer las letras y no paraba de preguntarnos. Al terminar, la madre nos dijo que eran 500 rupias. Ofendidos le dijimos que la niña nos dijo que eran 2, a lo que respondió que eran 2 por cada letra. Aun así no llegaba el precio ni a las 50 rupias, no sé que cálculo se había sacado de la manga. Rodeados por tanta gente, decidimos darle 100 rupias a la madre y 10 rupias a cada niña, aunque eso no evitó que tuviese a la mayor colgando durante los siguientes 100 metros gritando "more rupies!, more rupies!", hasta que se cansó.

El paseo por el mercado no fue especialmente fructífero porque no compramos muchas cosas, pero estuvo bien. Los precios estaban muy bien, pero la calidad de muchas piezas era dudosa. Al salir del mercado volví a toparme con la niña, que se me quedó mirando y se fue corriendo, sin yo entender muy bien su actitud. Quizás estuve algo brusco cuando le dije que no iba a haber más rupias.

Entramos a un centro comercial y comimos de nuevo en un Dominos Pizza. Ya nos quedaba menos para terminar nuestra estancia en La India.

sábado, 20 de abril de 2013

Qutab Minar y de cena en Delhi

Alminar del Qutab Minar
Tras recoger a Diego a la salida de su trabajo nos llevó a otro sitio imprescindible de Nueva Delhi: Qutab Minar. Cómo bien dice Diego en su blog, se trata de un alminar bastante antiguo, el más alto del mundo construido en ladrillo, y eso que solo tiene 70 metros de altura. Llegamos bastante pronto y estaba cerrado, así que nos tocó esperar. Por lo visto hay horarios distintos para verlo y entre medio cierran con el objetivo de poder verlo a la luz del día y por la noche. A las 6:30 se abrieron las puertas, pagamos la entrada y entramos en el conjunto, ya que al minarete le acompaña una serie de construcciones islámicas. A decir verdad era un escenario digno de una película de Indiana Jones, se notaba la mella que el paso del tiempo y la falta de cuidados había hecho en los grabados en piedra de las paredes. Un sitio con un encanto especial por la noche, ya que la escasa iluminación le daba un aspecto intrigante. Me recordaba un poco (salvando las distancias) al foro que encontramos en Roma.



La tarde no dió para más y volvimos a nuestros hoteles en metro, con la anécdota de un indio que se calló por las escaleras sin consecuencias. Si no llega a ser por nosotros hubiera tenido consecuencias negativas, pero al ir detrás frenamos su caída quedando en una pequeña anécdota. En el hotel nos duchamos y después volvimos a Connaught Place para cenar en un restaurante.

Columnas en el Qutab Minar

Grabados en la columna
Construcción en el Qutab Minar
El Pind Balluchi nos ofreció una comida excelente, aunque siempre picante a pesar de advertir al camarero. En especial una setas que estaban exquisitas. Además está muy bien decorado y el ambiente es genial, absolutamente recomendable.

Después volvimos al hotel y yo caí redondo en la cama, pero Hugo y Jose estuvieron pendientes de la Champions League. Jugaba el Madrid contra el Galatasaray, y a pesar de que la diferencia horaria es de 3 horas y media respecto a España (en primavera y verano, si no son 4 y media), aguantaron toda la primera parte escuchando el partido a través de Internet gracias al móvil.

viernes, 19 de abril de 2013

Jama Masjid y Fuerte Rojo de Delhi

Old Delhi
El taxi que cogimos a las 5:30 de la mañana desde el hotel Buddah de Varanasi al aeropuerto nos costó 150 rupias más al hacerlo a través del hotel, pero nos pareció más fiable que confiar en un taxista de a pie. Ya a esa hora el aeropuerto se encontraba repleto de mosquitos, sobre todo a la entrada donde un guardia comprobó nuestra reserva y pasaportes. Tardamos bastante en las filas por la parsimonia con la que los indios se toman la vida. ¿Cómo puede ser que un establecimiento no te sirva nada más abrir porque no tienen cambio para tu billete? Pues sí, esto pasa en La India. En un vuelo sin incidentes llegamos a Delhi a las 9:40.

Jama Masjid
Allí se produjo otra muestra de lo poco que piensan los indios. El hotel Krishna nos mandó un taxista para recogernos en el aeropuerto, que nos esperaba en la puerta 3. Pero la puerta 3 no estaba en la terminal de vuelos nacionales, si no en la de internacionales. No sé si es que no sabían que Varanasi pertenece a La India, o es que directamente pasaron de leerse los detalles del vuelo que les pasé en el correo, el caso es que tuve que llamar al hotel para que nos mandaran a otro taxista. Por lo menos tardó muy poco en aparecer, y tras pagar el parking del taxi (80 rupias) nos plantamos de nuevo en nuestro conocido hotel Krishna.

Foto furtiva a un indio
Era pronto y decidimos aprovechar el tiempo. Nuestra primera parada sería el Jama Masjid, la mezquita más grande de La India y la segunda más grande del mundo. El primer día la habíamos visto desde fuera, pero esta vez entramos. Un hombre en la puerta nos pedía 300 rupias por cabeza, lo que nos extrañó un poco porque Diego me había comentado que era gratis entrar. Lo llamé y me confirmó que lo que se cobra es por móvil o cámara, así que pagamos solo una y entramos uno por uno a la mezquita, haciendo fotos sólo con la cámara de Hugo mientras los demás esperaban fuera con los móviles y las cámaras restantes. Cabe destacar que a esta mezquita se debe entrar descalzo y las mujeres deben ir tapadas, para lo que hay un puesto en la entrada en donde te dejan telas, supongo que por un módico precio.

Descansando en Lal Quila
Occidental con bebé
Edificio en Lal Quila
La siguiente parada fue el fuerte rojo de Delhi (Lal Quila), que estaba prácticamente al lado. En el camino unos curiosos indios adolescentes le hicieron una foto a Jose de extrangis, pero nos dimos cuenta, así que les respondimos con otras fotos furtivas a ellos. A la entrada encontramos un pasillo lleno de tiendas de todo tipo y aprovechamos para comprar unas figuras de los dioses hindúes. Aguantamos poco rato en el fuerte rojo porque era enorme y hacía un calor horrible. No obstante pudimos comprobar la belleza de algunos edificios que había por dentro, así como los numerosos y cuidados jardines. En un punto nos sentamos a descansar a la sombra, mientras comprobábamos como a dos chicas occidentales les ponían una bebe india en los brazos. Estaban encantadas, aunque no quiero pensar en la propina que les pedirían luego los padres del bebe.

Tras este pequeño descanso decidimos volver al hotel para comer y descansar un poco. Así afrontaríamos la tarde en mejores condiciones.

jueves, 18 de abril de 2013

Terminando el día en Varanasi

Sikhs de paseo
Las 5 normas Sikhs
Tras dejar la embarcación caminamos un rato por la rivera del Ganges. Las imágenes eran curiosísimas y cualquier cosa nos llamaba la atención. La gente era de lo más variopinta. Entre las personas que vimos había algún Sikh. Estas personas profesan una religión muy particular en la que tienen que cumplir 5 curiosas normas:

  1. No cortarse el pelo nunca en la vida, por eso es normal verlos con turbante para guardar la melena
  2. Llevar un pequeño peine para recogerse el pelo
  3. Llevar un brazalete metálico
  4. Llevar ropa interior de algodón
  5. Llevar una pequeña daga para defenderse, pero nunca para atacar
La vaca que nos siguió
Sikh de baño en el Ganges
Tras un rato andando y viendo a la gente bañarse entre animales (también vimos una rata de unas dimensiones desproporcionadas) buscamos una calle decente para poder volver al núcleo urbano. Algunas calles no nos daban buena espina, así que decidimos subir por la tercera o cuarta opción. Una vaca nos siguió, pero no tenía malas intenciones. Las calles eran estrechas y llenas de comercios en los que compramos cosas a unos precios de risa. Pañuelos, bolsos, postales, zapatos, camisetas o incienso fueron el botín obtenido, aunque hubiera sido más si no hubiéramos tenido que coger un avión el día siguiente.

Calles de Varanasi
Tras un par de horas andando por los comercios decidimos volver al hotel. Era pronto aún pero acumulábamos mucho cansancio y hacía mucho calor. Además el día siguiente tendríamos que levantarnos a las 5 para ir al aeropuerto. Caminamos en dirección al hotel por las calles repletas de tráfico, y en un momento dado cogimos un rickshaw para que nos dejara en la puerta del hotel. 

Colorido mercado de Varanasi
Terminamos el día descansando en la habitación, viendo un poco de televisión india. A la hora de cenar volvieron a tardar un montón, y es que tampoco les hizo gracia que sólo pidiéramos arroz y patatas. Fue una pena tener tan mal rollo con los empleados del hotel, ya que las instalaciones estaban bastante bien.

miércoles, 17 de abril de 2013

Cremaciones en el Ganges

Yo, el indio de la barca y Hugo
Montamos en la barca con el muchacho indio de 22 años y con su hermano, que tendría unos 10. Acordamos llegar hasta un punto del río, luego a la otra orilla y posteriormente un poco más en la otra dirección, que era donde se realizaban las cremaciones de cadáveres. Todo eso por 600 rupias fue el acuerdo inicial. El chaval hablaba muy bien inglés, aunque el pequeño no se enteraba de nada. Nos colocamos de forma que le diéramos equilibrio a la vieja embarcación: El grande en un extremo, el pequeño en otro, yo a un lado, Hugo al otro y Jose en el medio de todos. 

El dueño de la barca tomando un baño
El grande remaba mientras nos preguntaba multitud de cosas, sobre todo sobre nuestras vidas en España. La gente se bañaba desnuda o con ropa, con jabón o sin él. Parecía no importarles los animales o los muertos que pudieran aparecer. Recuerdo que John, el inglés que conocimos a la ida en avión, nos comentó que él, en Varanasi vio una rata con el brazo de un bebe en la boca. 

Llegados a la otra orilla, el chico nos dijo que nos descalzásemos. Hugo le dijo que no era tradición en España descalzarse, evitando la excusa de la suciedad del río para no molestar al hindú. Le dijimos que haríamos fotos desde la barca, tiempo que él aprovechó para darse un baño. Se quedó en calzoncillos y se zambulló en el agua. Se empezó a alejar un poco y desde lejos nos hizo una seña como si se fuese a ir, haciendo la gracia. Al rato el pequeño comenzó a remar hacia las cremaciones, y unos minutos después subió a la barca el mayor, secándose y vistiéndose de nuevo.
El pequeño remando

Nos explicó que no se podían hacer fotos, así que solo nos lo permitió desde una distancia prudencial. Llegando tomó el control de la embarcación. El niño se lo había currado bastante a pesar de su corta edad. Atracamos en la orilla y allí nos esperaba otro indio. El de la barca nos dijo que no diéramos dinero a nadie allí. El que estaba en la orilla nos lo contó todo sobre el rito funerario. Estuvimos apenas a dos metros de una familia que quemaba a un ser querido, y nada más llegar vimos como echaban al río una masa homogénea pero deforme, que era un cuerpo tras 6 largas horas de cremación. A los muertos no se les suele ver  porque van tapados con unas mantas doradas, pero cuando estas se deshacen sí se puede ver algo.

Cremaciones en el Ganges
Nos llevó a unos edificios colindantes destinados a la gente sin dinero que no puede alojarse en ningún lado. Subimos y encontramos gente en el suelo, entre ellos una abuela a la que nuestro guía despertó. Se levantó y me dijo que me iba a hacer un ritual para darle karma a mi familia y a mí. Se acercó, me hizo agachar la cabeza y empezó a darme suaves golpes en el pelo con la palma de su mano, mientras recitaba algo en hindi. Ciertamente me dió mal rollo, pero aun me dio peor cuando me pidió 500 rupias por el ritual. No quise interferir entre los dioses hindúes, así que le pagué por si acaso. Esas rupias en teoría iban destinadas a comprar madera para cremar un cuerpo. Hugo y Jose rechazaron realizar el ritual, igual que lo hubiera hecho yo si hubiera sabido que había dinero de por medio. Nos asomamos a la terraza para ver desde arriba todas las cremaciones, y bajamos a la zona de las maderas. Allí había mucha madera traída de la selva, en la que se podían ver hurones recorriendo la leña. Los traen para que se coman a las cobras que van dentro y que no son detectadas. Por eso no había que acercarse demasiado a la madera. Después de ver una especie de báscula manual para pesar un cadáver y saber la cantidad de leña necesaria para su cremación, volvimos al bote. El guía nos pidió pasta, y solo le dimos 100 rupias, lo que no le sentó nada bien.

Edificio para que duerman los que
no tienen dinero
Báscula para pesar los cuerpos
En la barca el chico nos llevaba al punto de origen, y nos preguntó si estábamos contentos con su trabajo. le dijimos que sí, a lo que contestó que entonces esperaba una buena propina. Le replicamos que nos habían cobrado 600 rupias en lo de las cremaciones, y él respondió que nos advirtió que no diésemos dinero a nadie. Al final se llevó otras 100 rupias extras, así que lo que inicialmente eran 600, se convirtieron en 1300. Los indios siempre tratan de sacar pasta por todo.

El río Ganges

Ciclista que nos llevó al río
Al salir a las calles de Varanasi conocimos lo más caótico hasta la fecha. Calles más estrechas que en las ciudades vistas, pero más gente. Andar era una odisea en la que perder la atención un momento podía significar irse al suelo. No había aceras y los arcenes eran invadidos por motos, bicis, rickshaws, tuc-tucs y coches. En todo momento había que mirar a la espalda para no ser atropellados.

Nuestra primera visión del Ganges
Puesto que no sabíamos como ir al Ganges, intentamos coger un tuc-tuc. Por lo visto había una zona cercana al río en la que los vehículos a motor ya no entraban, pero tampoco se atrevía a llevarnos ningún tuc-tuc (esos vehículos cuyo motor son las piernas de un indio, una carrocería metálica tirada por una bicicleta). Algunos se echaban atrás al ver que éramos tres, y otros lo descartaban cuando decíamos que queríamos ir al Ganges. Eso me dio que pensar, como si hubiera algo tan terrible en ese río que nadie quisiese llevarnos.

Perro bañándose en el Ganges
Preguntamos en qué dirección estaba el río, cuyo nombre indio es Ganga. Caminamos durante media hora bajo el calor, apenas avanzando nada por culpa del tráfico y la masificación. Llegado el momento, Hugo dijo que intentáramos de nuevo coger un tuc-tuc. A los demás nos pareció bien porque no sabíamos cuanto tiempo quedaba para llegar, y era muy estresante caminar en esas condiciones. En ese punto fue fácil encontrar un voluntario que nos llevase. Pasó la barrera que evitaba que entrasen los vehículos a motor y entramos en una zona de tenderetes de comida y ropa. Tras unos minutos se detuvo y nos señaló una dirección, premiamos su esfuerzo con una propina y nos dirigimos hacia allí.

Gente bañándose en el río
Al momento visualizamos el río y empezamos a buscar cadáveres. Porque para el que no lo sepa, el Ganges es un río sagrado para el hinduismo. En él se queman los cadáveres de las personas que pertenecen a esa religión y luego sus restos son arrojados al río, excepto en estos cuatro casos: bebés, mujeres embarazadas, leprosos y muertos por picadura de cobra. En esos casos se arroja el cuerpo sin quemar, y por lo visto se los acaban comiendo los peces y otra fauna existente en el río. La razón por la que los queman es para que lleguen a una especie de nirvana. Por lo visto el hinduismo cree en la reencarnación, y uno se reencarna en una cosa u otra en función de cómo se haya comportado en su vida anterior, es lo que viene a ser el karma. La suerte que tengas en esta vida depende de cómo te hayas portado con tu entorno en la vida anterior. Cuando has sido bueno en muchas vidas aspiras al nirvana, a no reencarnarte más y vivir en un estado de bienestar, sin dolor ni cosas malas, como el equivalente al paraíso en la religión cristiana. Pero si te queman con el fuego sagrado en el río sagrado, no tienes que volver a reencarnarte y accedes directamente al nirvana. Eso viene a ser lo que entendí con mi pobre nivel de inglés, si alguien quiere corregirme, adelante.

Occidental desnudo en el río
Indio lavando vacas en el río
El hecho es que a primera vista no vimos ninguna cremación a orillas del río. Avanzamos por la rivera viendo gente bañándose, así como perros y vacas. Había también algún occidental de estos que vienen a encontrarse espiritualmente a La India. Sentíamos algo más de inseguridad allí, aunque no sé por qué razón. Hugo nos dijo que teníamos que buscar a alguien que nos llevase en barca a cruzar el río, intención que tanto Jose como yo ignorábamos. En un principio me dio respeto, pero en seguida me hice a la idea. Tras avanzar unos metros y rechazar a dos o tres indios que nos ofrecían su barca, aceptamos que lo hiciera un chaval de 22 años. Se le veía vivo y desenvuelto, y nos pusimos de acuerdo en el precio rápidamente. 

Si queréis ver más fotos, no os perdáis el blog de fotografía de mi hermano, hay imágenes de una calidad brutal: LUZ FINAL


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