miércoles, 10 de abril de 2013

Anécdotas en el camino hacia Agra

Foto que nos hizo Jattu en la India Gate
Jattu arrancó el coche y poco tardamos en hacer la primera parada. Antes de salir de New Delhi nos propuso parar para ver la India Gate, un coloso en mitad de un parque que recuerda (salvando las distancias) al arco de triunfo de los campos Elíseos de París. Las fotos las echamos desde lejos, mientras nuestro conductor se iba corriendo no sé a donde. Nos sorprendió cuando, sin más, se sacó la chorra en mitad de la calle para mear. Su vuelta fue mas serena y triunfal. Al ver que nos hacíamos fotos se ofreció a echarnos una para que saliésemos los tres, dando muestras de que la fotografía no era lo suyo: nuestras siluetas casi tapaban el monumento.

Brahaman en la carretera
Tras esto volvimos al coche y entonces sí partimos de New Delhi. Por la carretera vimos imágenes de lo más original: monos, vacas, brahamanes (unas vacas con joroba), cerdos, 5 personas en una moto sin casco, e incluso 9 personas en un rickshaw, uno de ellos en el techo (nosotros íbamos 5 en uno y apenas había sitio). La gente en la carretera desafiaba a la muerte constantemente, no era raro ver personas empujando carros en dirección contraria sin ni si quiera ver por donde van.

Hombre con su mono al acecho
Y llegó el momento de la primera parada, en un puesto de carretera de los miles que hay. En los alrededores vimos un travesti indio bastante andrajoso. Jattu nos propuso que probáramos la cerveza de allí, y Jose y yo así lo hicimos: compramos un par de latas de marca '5.000', que la verdad es que sabían muy bien. Jattu se compró una botella de whisky, y antes de que se la trajeran ya nos dijo que era para cuando el coche estaba parado, que de conducir bebido nada. También compramos un par de bolsas de cacahuetes y patatas, un desayuno no muy sano, pero seguro. Entonces volvimos al coche y el travesti nos empezó a increpar. Vestía de blanco, llevaba algo de barba y sus dientes estaban teñidos de un marrón fuerte, fruto del tabaco de mascar que tanto gusta a los indios. Y es que algunos están muy enganchados a esta sustancia, y sin embargo ver fumar cigarrillos es muy difícil. Les deja los dientes sumamente asquerosos y están constantemente escupiendo al suelo la saliva que les genera. El travesti me cogió del brazo, pero yo de un empujón me zafé de él y me metí en el coche, echando el seguro. Solo faltaba nuestro conductor por entrar, que en ese momento sufría el acoso y derribo del travelo. Se sentó en el coche entre gritos de discusión en hindi, y empujaba al personaje que intentaba por todos los medios echar mano de la entrepierna de nuestro entrañable driver. Jattu nos pidió rupias para darle, pero el travesti las rechazaba, porque estaba claro que buscaba otra cosa. Se generó un clima bastante tenso y yo me incorporé dudando si ayudar a Jattu a empujar al tío  que impedía que cerrara su puerta. Pero en ese momento el conductor arrancó con la puerta abierta y el travelo no tuvo más remedio que desengancharse, momento en el que pudo cerrar la puerta.

Persona que se movía con las manos
Unos kilómetros más adelante Jattu paró el coche en una cuneta. Nos dijo que bajásemos los pestillos, que aquí la gente era especialmente peligrosa. Él se ausentaría 5 minutos en un establecimiento al otro lado de las dos carreteras que formaban la autopista. Nos dejó solos y en un minuto nos vimos rodeados de gente que llevaba monos atados con cuerdas. Los monos saltaban y se pegaban a las ventanillas, daban volteretas mientras sus dueños golpeaban los cristales del coche haciendo el gesto de pedir propina. También se acercó un hombre por el lado de la carretera. Sus piernas no servían para nada y las llevaba a rastras, caminando con las manos. Cuando llegó al coche empezó a golpear también el cristal pidiendo limosna, estirando el brazo desde el suelo. Vimos bastantes personas con esta incapacidad en nuestro viaje, pero llama la atención que no necesitan la ayuda de nadie, son totalmente independientes. En ese momento, un hombre le tendió la mano a su mono para que el animal se la diese, pero en lugar de eso el mono le giró la cara. Se llevó un tortazo a mano abierta de su 'dueño', tras lo que sí le tendió la mano. Con esa forma de enseñar estaba claro que no les daríamos ni una mísera rupia. Entonces apareció Jattu, le dio una propina al de las piernas inservibles y volvimos a arrancar.

Niña bailando al son de su padre
Mujeres con la cosecha
Volvimos a parar unos metros más adelante para que descansara el driver. Entramos en un bar de carretera, en esta ocasión de calidad. Tenía un parking cerrado en el que no entraban las personas que deambulaban por la carretera y parecía más seguro. Jattu nos abandonó para tomarse su descanso dentro del local, y nosotros nos quedamos fuera del coche. Pasaban mujeres transportando varios kilos de cosecha en la cabeza, y en nuestro mismo parking había un padre y su hija pequeña. Se acercaron a nosotros y el padre empezó a tocar una canción con un extraño instrumento. La niña empezó a bailar de forma muy graciosa, aunque a desgana, como si llevara haciendo eso durante horas. Cuando me llevaba la cerveza a la boca ella me imitaba cerrando la mano con el pulgar hacia arriba, y llevándoselo a la boca. Cuando terminó le dimos unas rupias y me hice unas fotos con ellos.

Foto con los artistas
Entonces debió ser cuando Jose dio una de las mayores propinas que se recuerdan. Perdíó 150€ en rupias, cuando el sueldo medio de un indio al año es de 300€. El que lo encontrara se llevaría una gran alegría, como si le hubiera tocado la lotería. Fuimos al baño y un indio nos siguió, cuando terminamos nos encendió los grifos, nos dio jabón y servilletas... le faltó sujetárnosla. Se arrodilló y levantó la mano en busca de propina. No le dimos nada porque si tienes que darle propina a todos, acabas en la ruina en unas horas. 

Tras un rato apareció nuestro driver y reanudamos la marcha a Agra, esta vez de tirón.


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