miércoles, 17 de abril de 2013

Cremaciones en el Ganges

Yo, el indio de la barca y Hugo
Montamos en la barca con el muchacho indio de 22 años y con su hermano, que tendría unos 10. Acordamos llegar hasta un punto del río, luego a la otra orilla y posteriormente un poco más en la otra dirección, que era donde se realizaban las cremaciones de cadáveres. Todo eso por 600 rupias fue el acuerdo inicial. El chaval hablaba muy bien inglés, aunque el pequeño no se enteraba de nada. Nos colocamos de forma que le diéramos equilibrio a la vieja embarcación: El grande en un extremo, el pequeño en otro, yo a un lado, Hugo al otro y Jose en el medio de todos. 

El dueño de la barca tomando un baño
El grande remaba mientras nos preguntaba multitud de cosas, sobre todo sobre nuestras vidas en España. La gente se bañaba desnuda o con ropa, con jabón o sin él. Parecía no importarles los animales o los muertos que pudieran aparecer. Recuerdo que John, el inglés que conocimos a la ida en avión, nos comentó que él, en Varanasi vio una rata con el brazo de un bebe en la boca. 

Llegados a la otra orilla, el chico nos dijo que nos descalzásemos. Hugo le dijo que no era tradición en España descalzarse, evitando la excusa de la suciedad del río para no molestar al hindú. Le dijimos que haríamos fotos desde la barca, tiempo que él aprovechó para darse un baño. Se quedó en calzoncillos y se zambulló en el agua. Se empezó a alejar un poco y desde lejos nos hizo una seña como si se fuese a ir, haciendo la gracia. Al rato el pequeño comenzó a remar hacia las cremaciones, y unos minutos después subió a la barca el mayor, secándose y vistiéndose de nuevo.
El pequeño remando

Nos explicó que no se podían hacer fotos, así que solo nos lo permitió desde una distancia prudencial. Llegando tomó el control de la embarcación. El niño se lo había currado bastante a pesar de su corta edad. Atracamos en la orilla y allí nos esperaba otro indio. El de la barca nos dijo que no diéramos dinero a nadie allí. El que estaba en la orilla nos lo contó todo sobre el rito funerario. Estuvimos apenas a dos metros de una familia que quemaba a un ser querido, y nada más llegar vimos como echaban al río una masa homogénea pero deforme, que era un cuerpo tras 6 largas horas de cremación. A los muertos no se les suele ver  porque van tapados con unas mantas doradas, pero cuando estas se deshacen sí se puede ver algo.

Cremaciones en el Ganges
Nos llevó a unos edificios colindantes destinados a la gente sin dinero que no puede alojarse en ningún lado. Subimos y encontramos gente en el suelo, entre ellos una abuela a la que nuestro guía despertó. Se levantó y me dijo que me iba a hacer un ritual para darle karma a mi familia y a mí. Se acercó, me hizo agachar la cabeza y empezó a darme suaves golpes en el pelo con la palma de su mano, mientras recitaba algo en hindi. Ciertamente me dió mal rollo, pero aun me dio peor cuando me pidió 500 rupias por el ritual. No quise interferir entre los dioses hindúes, así que le pagué por si acaso. Esas rupias en teoría iban destinadas a comprar madera para cremar un cuerpo. Hugo y Jose rechazaron realizar el ritual, igual que lo hubiera hecho yo si hubiera sabido que había dinero de por medio. Nos asomamos a la terraza para ver desde arriba todas las cremaciones, y bajamos a la zona de las maderas. Allí había mucha madera traída de la selva, en la que se podían ver hurones recorriendo la leña. Los traen para que se coman a las cobras que van dentro y que no son detectadas. Por eso no había que acercarse demasiado a la madera. Después de ver una especie de báscula manual para pesar un cadáver y saber la cantidad de leña necesaria para su cremación, volvimos al bote. El guía nos pidió pasta, y solo le dimos 100 rupias, lo que no le sentó nada bien.

Edificio para que duerman los que
no tienen dinero
Báscula para pesar los cuerpos
En la barca el chico nos llevaba al punto de origen, y nos preguntó si estábamos contentos con su trabajo. le dijimos que sí, a lo que contestó que entonces esperaba una buena propina. Le replicamos que nos habían cobrado 600 rupias en lo de las cremaciones, y él respondió que nos advirtió que no diésemos dinero a nadie. Al final se llevó otras 100 rupias extras, así que lo que inicialmente eran 600, se convirtieron en 1300. Los indios siempre tratan de sacar pasta por todo.

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