lunes, 15 de abril de 2013

Despedida de Jattu

Niña mirando a la calle
Camino de Delhi empezamos a debatir sobre la propina que le íbamos a dar a nuestro conductor. Su trabajo había sido excelente y ya cuando lo contratamos nos dijeron que al precio habría que añadir este extra en función de la calidad del mismo. Supongo que para garantizarse una buena cantidad, nos habló de su último cliente, que le dio una propina de 150€. Al principio flipamos un poco, pero luego nos confesó que estuvo con él 20 días. Haciendo el cálculo salían a 7.50 € el día, y con nosotros había estado 3. En total le dimos una propina de 2700 rupias, cada uno le dio lo que le pareció (yo 1500, Hugo 700 y Jose 500).  

Niño pidiendo en la ventana
Así que se debió quedar muy contento, ya que se había ganado 13.50 € por día, lo que en La India es una pasta. Digo que se debió quedar porque los indios son de naturaleza inexpresiva, y cuando se lo comentamos no movió un músculo de su rostro. En aquel momento no teníamos ni idea de si la propina estaba bien o no, así que no sabíamos si había entrado en éxtasis o estaba profundamente decepcionado. Lo descubrimos al momento cuando David, el chico de la agencia, nos llamó para ver si estábamos contentos con él. Le dijimos la propina que le habíamos dado y nos dijo que nos habíamos pasado bastante, pero bueno, al fin y al cabo estábamos muy contentos y agradecidos con su trabajo.

Leprosa en Delhi
Conforme entrábamos en Delhi divisábamos edificios de oficinas bastante modernos, alejados de la realidad del centro de la ciudad. Jattu nos iba contando cosas sobre donde vivía y sobre los edificios que íbamos viendo o sobre lo que debíamos ver cuando volviéramos a La India, entre otras cosas. Le dije de parar antes en un lugar más tranquilo que en el hotel, que es una zona caótica, así que paramos en un parking, aunque a decir verdad no sé si fue mejor que en el hotel. Jattu se ausentó un momento y empezaron a rodear el coche un niño y un anciano, que no se cansaban de golpear el cristal reiteradamente para que le diéramos limosna. En las aceras había personas desamparadas, enfermas de lo que creemos que es lepra, una enfermedad bastante impactante.

Vista desde el hotel Krishna
Volvió Jattu, que me había recargado la SIM india y nos había comprado un disco de música india, tal como nos prometió. Terminamos las cuentas y nos dejó en el hotel. La despedida fue muy rápida, ya vais conociendo las calles de Delhi, que no dan tregua para despedirse en condiciones. Nos hicimos un par de fotos con él y nos despedimos.

Yo, Jattu y Jose
En el hotel Krishna nos dieron una habitación distinta a la del primer día, comimos y nos dirigimos al lugar de trabajo de Diego. Habíamos quedado con él para que nos enseñase lo más destacable de Delhi. El trayecto en rickshaw también fue un poco desastroso, ya que el conductor a parte de no saber inglés, no sabía donde estaba el destino. Cada par de calles paraba para preguntar, y además buscaba incesantemente un chiringuito para comprarse tabaco de mascar. Algunos están realmente enganchados a esta sustancia.

Finalmente llegamos al punto de encuentro con Diego, aunque con media hora de retraso.

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