martes, 9 de abril de 2013

El metro

Nos costó lo suyo llegar a la estación porque las distancias en Delhi son muy relativas: es una ciudad tan grande que lo que parece cerca no está tan cerca, y sobre todo los mapas engañan mucho. Además preguntamos a un indio hacia donde estaba la estación y nos dijo que estaba en dirección a Old Delhi. Diego conocía Old Delhi muy bien y le recriminó que estaba intentando engañarnos por el hecho de ser blancos. Al principio pensé que se podía haber equivocado, pero su actitud al ser descubierto le delató, agachó la cabeza y se esfumó mientras Diego le increpaba. Pero la mayoría de indios nos dieron buenas indicaciones, ese sólo fue la excepción.

www.thehindu.com
Al llegar al metro hicimos fila para conseguir unos tokens, unas monedas de plástico que sirven para hacer un viaje. Al dependiente le tienes que decir a que estación quieres ir para que cargue el token con la cantidad concreta necesaria. Si dices una y luego vas a otra, es posible que no te permitan salir por saldo insuficiente de tu token. Nos pasó una vez y tuvimos que ir a otra ventanilla para pagar la diferencia y poder salir del metro.

Pero lo de la fila también es curioso, porque el concepto de fila india que tenemos en España no parece que los indios lo tengan muy claro, por lo menos algunos de ellos. Hacer fila es toda una aventura porque se cuelan sin ningún pudor, sin remordimientos y con rapidez. Si no estas espabilado puedes pegarte media hora en una pequeña fila, viendo como los indios se cuelan una y otra vez. Aprendimos rápido y empezamos a cortar esa actitud. En el momento en que los paras y les dices que 'a la cola', agachan la cabeza con resignación y se van detrás, como niños que acaban de ser descubiertos haciendo una travesura.

Porción de mapa de metro de New Delhi
Una vez con el token en nuestro poder volvimos a guardar fila para pasar por un detector de metales antes de llegar a la zona de los andenes. Es la ciudad con el metro más controlado que he visto. Era como en el aeropuerto: las bolsas y bolsos por un escáner, y las personas por un detector de metales supervisado por un policía. Aunque no hay muchos ladrones hay que tener cuidado, y nosotros ya teníamos un protocolo de actuación: el primero le daba sus cosas al segundo y pasaba por el detector de metales, y una vez al otro lado el segundo ponía las cosas en el escáner para que llegasen directamente a las manos del primero. De otro modo nuestras pertenencias no quedaban unos segundos desguarnecidas. Y con ese proceder pasabamos todos hacia los vagones.

Hombres en la mediana de la carretera
El metro está lleno de gente y se te quedan mirando. Muchos no se cortan y te miran fijamente porque no están acostumbrados a ver occidentales. Sobre todo se quedaban anonadados con Jose, un 'blanquito' muy blanco y sin un pelo en la cabeza. Aunque los pilles mirándote, ellos mantienen la mirada y es un poco incómodo. Existe un vagón específico para las mujeres, aunque muchas viajan mezcladas en los demás vagones. Las instalaciones son algo sucias, pero el propio metro es medianamente nuevo y está muy bien.

Íbamos cogidos de las manetas que cuelgan del techo, cuando la de Hugo cedió y se quedó con ella en la mano. Nos empezamos a reir, y entonces Hugo la bajó para examinarla sin darse cuenta de que un muelle quedaba suelto en la parte superior de la maneta. Como si de una pistola se tratase, el muelle salió disparado cuando la maneta apuntaba a una niña sentada en uno de los asientos del vagón, impactandole en la tripa. El muelle era pequeño e incapaz de causar ningún daño, pero la situación fue muy graciosa. Nosotros muertos de risa mientras Hugo le pedía perdón a la niña, y enseguida el padre hizo un gesto de que no había ningún problema. Si no éramos el centro de atención ya en el vagón, ahora sí acaparábamos todas las miradas indias.

Niños bajo un puente
Puesto que las distancias son largas, el trayecto duró bastante. Sólo tuvimos que coger una línea, la amarilla. Allí las líneas de metro van por colores. Finalmente llegamos a la estación destino, donde cogeríamos otro rickshaw para llegar a Hauz Khas Village, una zona de moda con locales para cenar y tomar algo. Lo más occidental que íbamos a ver de Delhi.

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