miércoles, 24 de abril de 2013

La última tarde en Delhi

Raj ghat
La siguiente parada de nuestro último día en Delhi fue la tumba de Ghandi, Raj Ghat en indio. Cogimos el metro para acercarnos a la zona y de ahí un tuc tuc hasta el lugar en concreto. El ciclista que tiraba del tuc tuc hizo un verdadero esfuerzo bajo un sol de justicia, transportando a tres maromos subiendo alguna que otra cuesta empinada. La verdad es que se mereció la propina que le dimos.

Jose y un indio
Tuvimos que descalzarnos para entrar, y accedimos al los jardines donde descansan los restos del pensador indio más famoso de la historia. Las ardillas correteaban por la zona, y a Jose le volvieron a pedir una foto unos indios. Esta ocasión fue distinta y accedió a hacérsela, quizá porque aparentaban unos 40 años y parecían inofensivos. Estaban más sorprendidos por la presencia de blanquitos que por la propia tumba de Ghandi.

Hombre pidiendo en la carretera
Quedamos con Diego en una estación de metro a medio camino entre su trabajo y nuestra posición. Nos encontramos y nos dirigimos a Akshardham, un espectacular templo de nueva creación en el que no se permite hacer fotos. Tuvimos que dejar todos nuestros móviles, mp3, cascos y cámaras en la consigna, aunque no nos hacía ninguna gracia. Tras guardar dos filas entramos a un sitio verdaderamente espectacular. Dejamos en otra consigna nuestros zapatos y paseamos por los patios y jardines hasta entrar el templo en sí. Una figura dorada enorme presidía el templo, y muchísimos adornos perfectamente terminados, tanto que parecía hasta artificial, como si fuera Port Aventura. Compramos entradas para un espectáculo de luces en una fuente, cuyos chorros danzaban al son de la música hindú. Fue precioso. 

Akshardham
Recuperamos nuestras pertenencias y acudimos a cenar de nuevo a Hauz Khas Village, esta vez a una hamburguesería. Nos costó llegar porque estábamos a unos 25 kilómetros y fuimos en rickshaw. Había un ambientazo y se notaba que ahí estaba la gente con dinero de Delhi. La hamburguesería era un poco cara hasta para nosotros, pero al ser la última cena en La India nos dimos un homenaje. Se notaba que eran de buena calidad, y aunque un poco picantes, eran muy sabrosas. Estuvimos debatiendo cual sería nuestro próximo viaje, entre los que surgió la idea de la ruta 66. Había un cartel en la hamburguesería sobre esa ruta, pero fue casualidad porque hablamos de ello antes de verlo... ¿una señal?

Última cena en Delhi
Después de cenar empezó la vuelta a España, que nos dejaría una última anécdota india sin consecuencias afortunadamente, pero que pudo ser muy traumática. Pero eso os lo cuento en el próximo artículo.

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