martes, 16 de abril de 2013

Llegada a Varanasi

Billete a Varanasi
Amanecimos a las 6 de la mañana porque a las 6:30 nos esperaba el taxi que nos llevaría al aeropuerto. Al llegar allí, en la misma puerta pasamos el primer control: en las puertas de los aeropuertos un policía ya te pide la impresión del billete y el pasaporte. Tras hacer la fila para hacer el check-in, nos dieron unas etiquetas para nuestras maletas de mano, en ellas podías rellenar tu información de contacto, pero no era obligatorio. Al acceder a la zona de las puertas nos revisaban el equipaje y ponían un sello en dicha etiqueta, que garantizaba que no llevábamos nada ilegal.

Vaca en Varanasi
Desayunamos tranquilamente, y por fin llegó el momento de embarcar. Cuando fuimos a pasar, la maleta de Hugo había perdido la etiqueta sellada, así que no le permitieron entrar al avión. Jose y yo le esperábamos en la fila, mientras él salía a la carrera al mostrador para que le revisasen de nuevo la mochila. Afortunadamente llegó a tiempo y pudimos salir hacia Varanasi.

Pobreza en Varanasi
El avión de SpiceJet era idéntico a cualquier avión de Ryanair que tanto conocemos en Europa. Eso disipó cualquier duda sobre la fiabilidad que una compañía india de ámbito local pudiese ofrecer. El vuelo fue rápido y tranquilo, y en hora y media nos plantamos en Varanasi.

Al llegar un calor sofocante nos acarició la cara. Calculamos que más de 40º en un ambiente húmedo plagado de mosquitos. Cuando salimos del pequeña pero moderna terminal, una bandada de taxistas hambrientos se nos tiró encima. Tuvimos que ir a una especie de mostrador para pagar, y allí nos asignaron uno. Parece que no estaban muy de acuerdo dos taxistas, que casi llegan a las manos en una de las pocas trifulcas que vimos en La India. Sin embargo el gato al agua se lo llevó otro, que nos acompañó a su taxi y nos llevó a nuestro hotel, el hotel Buddah. El taxista estuvo muy pesado con llevarnos a otro hotel, decía que era mejor y no se cansaba de insistir. Además no se calló hasta que me apunté su móvil y le dije que le llamaríamos para movernos por la ciudad y volver al aeropuerto, aunque nada de eso sucedió al final.

Pobreza en Varanasi
Las calles de Varanasi eran más pobres aún de lo que habíamos visto hasta ahora, estaban más sucias y eran más rurales. El hotel estaba bastante bien, con una muchacha muy simpática y servicial. Todo eran sonrisas hasta que nos intentaron timar. En nuestra reserva figuraban dos habitaciones: una doble y una individual. Nos llevaron a la doble y nos dijeron que allí debía dormir una persona. Luego en la individual nos pusieron una cama supletoria y nos dijeron que allí dormiríamos dos. Nos pareció bien, pero a la hora de pagar nos querían cobrar la cama supletoria de la habitación individual. Tras llevarles la reserva y debatir unos minutos, accedieron a cobrarnos lo pactado, teniendo que dormir dos en la doble y uno en la individual, que era lo lógico. 

Transportando una escalera en Varanasi
Bajamos a comer y tardaron una eternidad, así que aprovechamos para conectarnos a Internet y mandar unos whatsapps. Tras comer unos sandwiches salimos del hotel hasta arriba de repelente de mosquitos, nuestra intención era la de visitar el río sagrado hindú: el río Ganges.

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