jueves, 11 de abril de 2013

Nuestro día en Agra

Brahamanes al llegar a Agra
Al llegar a Agra confirmamos que contratar un conductor había sido un acierto. El hotel estaba muy escondido y a nosotros nos hubiera costado encontrarlo. Jattu tuvo que llamar al teléfono del hotel para que le explicasen la ubicación, y eso que él se movía por Agra como pez en el agua.

El Sai Home Stai & Breakfast era una pequeña finca en una zona bastante segura, ya que todo lo de alrededor parecían fincas particulares. Tenía un aspecto bastante rural, rodeado de vegetación. Los propietarios eran una familia de los que conocimos al padre (dueño) y a su hijo. Eran muy serviciales y en seguida nos subieron unos sandwich de tomate y queso que les pedimos, acompañados de un seven up. Porque aunque en España ya no exista ese refresco (POST DATA: sí existe en España), en la india están acabando con las existencias remanentes. Esto se demuestra en el aspecto viejo de las botellas y las etiquetas. Al pasar una servilleta por la boca del refresco quedaba toda negra, fruto de haberla tenido durante años aparcada.
Entrada al Fuerte Rojo de Agra

El apartamento no estaba mal. constaba de una habitación principal con cama de matrimonio, otra habitación con dos camas individuales, el baño, otra con una mesa para comer y una última con una especie de cocina bastante sucia. Las dos últimas tenían una puerta exterior para acceder también al hotel, por lo que teníamos pestillos tanto fuera como dentro. Todas las ventanas estaban forradas de mosquiteras, ya que la zona era propicia para que estos insectos camparan a sus anchas. La verdad es que por el precio que pagamos no podíamos pedir más.

Mono en el Fuerte Rojo de Agra
Después de comer bajamos con la intención de ir al Taj Mahal, pero el dueño nos frenó los pies. ¿A donde íbamos un sábado a las 4 de la tarde? Nos alertó de que más de 10000 personas se encontraban en aquella maravilla, y nos animó a madrugar al día siguiente para ir a verlo. Nos sacó un mapa e hizo entrar a nuestro chofer para explicarle una ruta alternativa a seguir ese día. La verdad es que fue una gran idea.

Nuestra primera parada fue en el Fuerte Rojo de Agra. Un recinto amurallado, una ciudad antigua fortificada donde mucha gente hizo su vida tiempo atrás. De una extensión bastante grande, me recordaba un poco a la Alhambra, aunque esta última es mucho más grande y preciosa.
Vista del Taj Mahal desde el Fuerte Rojo de Agra
Entramos por 300 rupias mientras Jattu nos esperaba en el parking, que ya estaba abarrotado. Nos dijo que nos tomásemos el tiempo que quisiésemos. Cogí una audioguía en español, que resultó ser más una preocupación que un entretenimiento. Tuve que dejar mi pasaporte a cambio hasta que la devolviera, y la información que daba era demasiado técnica para mí. Desde los muros del Fuerte Rojo de Agra pudimos divisar, solitario, el Taj Mahal. Estaba pegado al rio, resplandeciente a las últimas horas de luz de la tarde. Entonces fue la primera vez que a uno de nosotros nos pidieron hacernos fotos con indios. Les llamamos mucho la atención, y algunos se acercaron a Hugo para pedirle una instantánea. En ese momento no les entendimos y pensábamos que querían una propina o algo parecido, así que Hugo rechazó la idea. Cuando lo descubrimos hablamos en broma de pedirles una propina por foto, igual que ellos hacían con nosotros por cualquier cosa.

Taller de mármol en Agra
Tras una hora de visita volvimos al coche y Jattu nos habló de un mercado. Nos llevó a una zona de tenderetes, y el idioma nos jugó una mala pasada: aparcó el coche y salimos en dirección a ellos, cuando la intención de Jattu era que entrásemos en un taller de mármol. Nos siguió diciendo que a donde íbamos y nos explicó que antes de ir al mercado quería que conociésemos el taller. Entramos en ella y nos atendió un indio que nos explicó que era descendiente de los que proporcionaron el mármol con el que se hizo el Taj Mahal, nos enseñó como trabajaban el material y cómo lucía con diferentes luces. Ese es el secreto del Taj Mahal, que con cada luz (mañana, mediodía, atardecer...) parece de una tonalidad distinta. Nos enseñó trabajos realmente brillantes. Le compramos una pequeña figura del Taj Mahal de mármol.

Calles del mercado de Agra
Al salir sí fuimos al mercado, donde Hugo quiso comprar una figura del dios hindú de la sabiduría: Ganesha. Es el típico con cabeza de elefante, pero no le convenció ninguna. Jose sí se compró un par de camisetas, y tuvimos un pequeño encontronazo con un vendedor que quería vendernos un shari por 1000 rupias, cuando en la etiqueta ponía 200. Decía que la etiqueta estaba mal, pero en realidad era la tonalidad de nuestra piel lo que subía el precio. Nos adentramos demasiado y los niños se nos acercaban pidiendo fotos, la gente nos miraba raro y decidimos volver al coche. 

Cansados ya de picantes comimos en un Dominos Pizza y volvimos al hotel. Ya de noche los mosquitos tigre aparecían por todas partes y tocaba dormir con mosquitera. A veces se escuchaba un estruendo raro, pero no eran más que los monos andando por las pérgolas de metal del techo. 

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