jueves, 25 de abril de 2013

Odisea hasta el aeropuerto

fuente: taringa.net
Salimos de la zona donde cenamos en rickshaw hacia la casa de Diego. Allí recogimos las maletas que nos guardaba, y las arrastramos hasta nuestro hotel. Allí ya estaba esperando el taxista que nos iba a llevar al aeropuerto, aunque todavía no eran las 12pm, hora a la que le dijimos que saldríamos. Aprovechamos para comprarnos unas botellas de agua mineral y un té para Diego. Nos los tomamos tranquilamente, y llegadas las 12:10 montamos en el taxi. Le dijimos al taxista que si podía acercar a Diego hasta su casa. Estaba cerca pero era tarde y los perros callejeros te pueden jugar una mala pasada al no haber casi gente por la calle. El taxista no estuvo muy de acuerdo, pero atendió a nuestras indicaciones cuando le prometí 50 rupias extras por acercar a Diego. 

Llegados a su estrecha calle, el taxista paró y dijo que no se metía por allí. Se le veía tenso, como si esperase que le fuéramos a robar o a hacer alguna trastada. Diego le explicó que estábamos al lado, que había tenido malas experiencias con los perros callejeros y que le acercase. El conductor aceptó a regañadientes y llegamos a su casa. Nos despedimos de Diego, mientras en español nos decía que no le caía bien el conductor. Montamos de nuevo en el amplio vehículo para ir directamente al aeropuerto, no sin antes pagarle las 50 rupias extras al taxista nepalí. Sus rasgos eran inconfundibles.

En el camino empezamos a notar cosas raras, pero como en Delhi todo el mundo conduce como le da la gana, tampoco le dimos mayor importancia. Apenas había tráfico pero el conductor no paraba de dar volantazos, a veces íbamos de lado a lado de la calzada. También hacía frenazos muy raros. En un momento determinado me dio por mirar a través del retrovisor la cara del nepalí. El coche empezó a irse hacia la cuneta mientras sus ojos se cerraban lentamente. Su conducción extraña se debía a una razón: se estaba durmiendo. En cuanto me percaté me levanté y le cogí el hombro, entonces sus ojos se abrieron del todo y recuperó la fuerza en la conducción. Avergonzado nos pidió disculpas, y nosotros empezamos a hacer cosas para mantenerle despierto: le dimos agua, le pusimos música, le hicimos cantar y bailar al son.

Aun teníamos el susto en el cuerpo cuando unos miembros del ejercito indio nos dieron el stop. Nos hicieron bajar del coche y enseñarles el contenido del maletero. Yo no temía mucho porque ya teníamos contacto visual con la terminal del aeropuerto de Delhi. Se quedaron mirando las mochilas pero no hicieron ademán de abrirlas, dándonos paso de nuevo. Al montar en el taxi de nuevo y avanzar unos metros, el nepalí imitando a los soldados como disparando una metralleta dijo: "Cachemira, ratatatatatata...". Estaba bastante grillado. Nos dejó en la terminal y le dije que se echase a dormir. No le dimos ninguna propina, ya que por su culpa podríamos habernos metido en un buen lío. 

Empezaba la vuelta a España, con Dubai de por medio. Más de 20 horas quedaban por delante para llegar a casa. Rellenamos el formulario de inmigración, hicimos el check-in y embarcamos dirección los Emiratos Árabes Unidos.

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