lunes, 8 de abril de 2013

Old Delhi

Jami Masjid
Partíamos de Pahar ganj, una especie de barrio donde hay muchos hoteles para turistas, incluído el nuestro. Desde allí coger un rickshaw puede resultar más caro que en cualquier otra zona de Delhi porque los conductores saben que los "blanquitos" (así es como nos denominan peyorativamente) pueden pagar más. Diego llevaba meses regateando con los conductores para conseguir unos precios comparables a los que ofrecían a los indios, y la verdad es que se le daba genial.

Old delhi
Les daba muestras de su conocimiento de la ciudad y de las distancias, rebajando cantidades de unas 300 rupias a 30 como por arte de magia. Argumentando que estaban las cosas muy cerca, o rompiendo negociaciones en busca de otros rickshaws conseguía bajadas de precio abismales de un momento a otro. Lo ideal es que se junten dos o tres conductores a escucharte, y entre ellos mismos se empiezan a bajar los precios como si fuera una subasta, pero en vez de pagando más, cobrando menos. Esto lo viviríamos más adelante a la salida de una estación de metro donde hasta 6 conductores lucharon por llevarnos a nuestro destino. El que nos llevó al final se llevó una cantidad irrisoria. Cuanto más bordes nos mostrábamos mejor precio conseguíamos, el ser blando sólo te lleva a pagar más.

Al final nos llevaron a Old Delhi por un buen precio. Nuestro primer viaje en rickshaw fue tan emocionante como temerario:


Pasados unos 10 minutos, quizás un poco más, llegamos a la vieja Delhi. Se trata de lo que era la ciudad antes de ser convertida en capital de La India, una pequeña parte ahora de la totalidad. Es una de las partes más pobres de la ciudad. Nos paró en una zona llena de tenderetes, una especie de mercado de frutas, verduras, ropa y muchas otras cosas a precios tirados. Pensamos que sería un buen sitio para hacer nuestras compras el último día, pero al final elegimos otra zona para ello. Caminando entre los tenderetes nos topamos de frente con Jami Masjid, la mezquita más grande del país, que visitaríamos más profundamente otro día. En ese momento justo se producía el muecín, una llamada a la oración para los musulmanes:

Tras este místico momento islámico nos adentramos por las callejuelas de Old Delhi. La basura estaba por todas partes, unos olores no del todo agradables, cantidades brutales de personas en pequeñas calles que sin embargo no eran razón para que motos y tuc-tucs (bicicletas con remolque para transportar personas) no se adentraran por ellas. Tendidos eléctricos tan enrevesados que me surgen dudas de si alguien podría aclararse con ellos. No podíamos hablar mientras andábamos porque no podíamos ir a la par por la aglomeración, pero tampoco hablábamos mucho porque estábamos en plena bofetada india, como bien dice Diego en su blog. 

Tendido eléctrico
No había puertas en los locales, eran como locales abiertos. En algunos se amontonaban decenas de personas sentadas de rodillas o con las piernas cruzadas. No sabiamos bien que hacían, hasta que preguntamos a un indio: era ya de noche y los que no tenían para comer se amontonaban en los puestos de comida en busca de que los dueños les dieran lo que había sobrado del día. Y efectivamente, los dueños de los locales les daban esos sobrantes. Algunos comían como si no hubiera mañana.

Y tras dos horas de camino por Old Delhi, nos dirigimos a una estación de metro para ir a cenar.

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