lunes, 22 de abril de 2013

Último día en La India

Lotus Temple desde lejos

Afrontamos nuestro último día en La India madrugando poco porque hasta las 4 de la mañana del día siguiente no cogíamos el vuelo a Dubai, así que iba a ser un día muy largo. A las 9 de la mañana nos pusimos en pie para pagar el hotel, solicitar un taxi que nos esperara a las 12 de la noche, y preguntar como llegar a nuestro próximo objetivo: el Lotus Temple. Las explicaciones del hotel Krishna fueron excelentes, y no nos costó encontrar la línea de metro más cercana.  Llegamos con la línea amarilla a un templo que estaba realmente lejos. Desayunamos en la estación de metro de destino, y de ahí cogimos un rickshaw a pesar de que teníamos ya contacto visual con el templo de Loto. Las distancias en Delhi son extremadamente engañosas.

Lotus Temple desde cerca
Llegados allí comprobamos que este moderno templo es una de las construcciones más modernas de Delhi. Parece transportarte a otra ciudad en la que no reine tanta pobreza. Obligados a descalzarnos para entrar, nos hicimos unas cuantas fotos en el entorno de piscinas y jardines en el que está la obra arquitectónica, y después entramos a una pequeña misa hindú. Fue tan sumamente corta que hasta a Jose se le escapó un "¿ya está?". Tras recuperar nuestro calzado nos dirigimos a un mercado para hacer unas cuantas compras.

Sarojini Nagar
Diego nos había recomendado el Sarojini Nagar, un mercado con muy buenos precios. La negociación con los rickshaws dejó otra anécdota que delata que la lógica india dista mucho de la que tenemos en occidente. Se lo dijimos a un conductor y aceptó el precio de 100 rupias, pero nos dijo que antes nos llevaría a otro mercado mejor. Desconfiados le dijimos que no, que nuestra intención era ir a Saojini Nagar y no a otro y que nos llevase allí directamente. Nos respondió que nos llevaría primero al mercado que él decía, y que luego nos llevaría por el mismo precio al mercado que nosotros queríamos. Rechazamos su propuesta, y ya montados en su moto carro le dijimos que nos llevara a Sarojini. Entonces se destapó diciendo que 100 rupias era muy poco para llevarnos allí. ¿Poco? Si nos quería llevar a otro y luego a Sarojini... No sé que pretendía ese conductor, pero pronto encontramos otro que sí nos llevó allí directamente y sin problemas.

Niña mayor haciendo pulseras
Niña pequeña pidiendo nombres
Al llegar al mercado, una niña pequeña me asaltó vendiéndome pulseras por 2 rupias, que son como 2 céntimos de Euro. La niña llevaba un cajón abierto colgado al cuello con una cuerda, en posición horizontal apoyándose en su tripa. En su interior había multitud de letras con las que la nena compondría la pulsera formando un nombre. Me pareció una idea genial ver el proceso y un bonito recuerdo que quedarme por un precio tan ínfimo. Le di unos cuantos nombres, hasta 3 y entonces apareció otra niña aun más pequeña, hermana de la primera, pidiendo nombres para formar pulseras. Hugo le dio 2 nombres más, en total serían 5 pulseras a 2 rupias cada una: 10 rupias. Se pusieron a trabajar las pequeñas y entonces, de una puerta empezó a salir toda la familia de las niñas. En un minuto estábamos rodeados por unas 15 personas vigilando el proceso. Le pedimos permiso para hacer fotos a la que parecía la madre. La niña más pequeña tenía verdaderas dificultades para reconocer las letras y no paraba de preguntarnos. Al terminar, la madre nos dijo que eran 500 rupias. Ofendidos le dijimos que la niña nos dijo que eran 2, a lo que respondió que eran 2 por cada letra. Aun así no llegaba el precio ni a las 50 rupias, no sé que cálculo se había sacado de la manga. Rodeados por tanta gente, decidimos darle 100 rupias a la madre y 10 rupias a cada niña, aunque eso no evitó que tuviese a la mayor colgando durante los siguientes 100 metros gritando "more rupies!, more rupies!", hasta que se cansó.

El paseo por el mercado no fue especialmente fructífero porque no compramos muchas cosas, pero estuvo bien. Los precios estaban muy bien, pero la calidad de muchas piezas era dudosa. Al salir del mercado volví a toparme con la niña, que se me quedó mirando y se fue corriendo, sin yo entender muy bien su actitud. Quizás estuve algo brusco cuando le dije que no iba a haber más rupias.

Entramos a un centro comercial y comimos de nuevo en un Dominos Pizza. Ya nos quedaba menos para terminar nuestra estancia en La India.

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