jueves, 11 de abril de 2013

Visita al Taj Mahal

Nos despertamos a las 6 de la mañana para ir a ver el Taj Mahal. El amable dueño del hotel, consciente de que ese era nuestro plan vino a despertarnos, pero ya estábamos en pie. Desayunamos algo de pizza sobrante del día anterior, y tras verificar que ya habíamos pagado la habitación a su hijo nos despedimos de él.

Pórtico de entrada al Taj Mahal
Entrando al Taj Mahal
Jattu nos dejó en la entrada del Taj Mahal. Él desaparecía por la noche y dormía en otros hoteles, o no sabemos muy bien donde, quizás en casa de amigos o quizás en el mismo coche. Como mi tarjeta SIM india no tenía saldo, quedamos a las 9 de la mañana en el mismo sitio donde nos dejaba: una rotonda por la que se accedía a los jardines previos al monumento. Avanzamos por aquellos jardines, y ya había gente por los alrededores a pesar de ser tan temprano. Aquello era enorme, así que preguntamos hacia donde caminar para ir a la maravilla. Llegados a las taquillas empezaron a aparecer los primeros timadores: gente que se hacía pasar por empleados de turismo con su propia placa y todo, falsos guías en busca de dinero. Sacamos la entrada en la fila de extranjeros. Esto pasa mucho, dos filas, una para extranjeros con un precio más elevado y otra para nacionales a precios acordes con la economía del país. Con la entrada en nuestras manos tuvimos que pasar un control similar al del metro: escáner para las bolsas y detector de metales para nosotros. En el Taj Mahal están prohibidas las mochilas, por lo que se quedaron en el coche.

Lateral del Taj Mahal
Una vez dentro encontramos un gran pórtico rojo, que era el preámbulo de lo que íbamos a ver. Ese pórtico ya merecía una foto, pero al atravesarlo apareció el Taj Mahal, bajo un precioso cielo azul custodiado por jardines muy bien cuidados. Yo pensaba que era más grande, y que dentro sería como un palacio espectacular, pero dentro solamente hay dos tumbas y no se puede hacer fotos. El verdadero mérito de esta maravilla antigua del mundo es estar construido íntegramente de mármol. Rodeamos el monumento dos veces, y entonces fue cuando me atacó la maldición india, que ya no me dejaría en todo el viaje.

Estampa típica del Taj Mahal
No por estar avisado se pasa mejor cuando caes. Muchos turistas sufren las diarreas que provocan las aguas o los alimentos picantes, pero de los tres solamente caí yo. En el Taj Mahal los baños mas cercanos están algo alejados, y la verdad es que lo pasé un poco mal. Afortunadamente al ser tan temprano apenas había gente y todavía estaban limpios los baños. 

Camellos a la entrada de los jardines del Taj Mahal
Salimos de nuevo a los jardines exteriores tras despedirnos de la maravilla, eran cerca de las 9 de la mañana y Jattu estaría a punto de venir a buscarnos. Había muchísima gente y la policía se aplicaba contra los ladrones y timadores que allí proliferaban. Vimos como detenían a un indio, e incluso se llevaba un tortazo. Me compré una coca-cola para asentar mi estómago y nos dirigimos hacia la rotonda inicial. Multitud de niños, algunos con deformaciones, vendían llaveros del Taj Mahal. Carros tirados por camellos que antes no estaban recorrían los jardines con turistas, e incluso pequeños transportes motorizados. Al llegar a la rotonda Jattu aun no estaba. Entonces nos empezaron a acosar un mendigo, que llegó a agacharse para besar las zapatillas de Jose, y una mujer tuerta con su bebe en las manos, casi gritándonos para que les diésemos una limosna. 

Entonces apareció Jattu puntual, y montamos en el coche, librándonos de prolongar más ese mal rato. Poníamos camino a Jaipur.

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