viernes, 17 de mayo de 2013

El despertador de las 5:30

imagen: alientodevidac.blogspot.com
Esta madrugada me he despertado a las 5:30. Un agudo sonido ha llamado la atención de mi subconsciente, que ha ordenado que saliera de mis sueños. Era el despertador de la habitación que queda justo encima de la mía, pero su inquilino no parecía ser consciente de los avisos. No suelo tener problemas para dormir, es más, suelo ser capaz de dormir con ruidos, pero esa intermitencia se metía en mi cabeza como si fuera un puñado de alfileres. 

Podría haberme levantado e irme a dormir al sofá, podría haber subido al piso de arriba y golpear con violencia la puerta hasta que mi somnoliento vecino abriese sobresaltado, pero no lo hice. Me quedé en mi cama: hacía algo de frío y no quería levantarme, ni ir a dormir al incómodo tresillo del salón. Pasados unos minutos comprendí que iba a ser incapaz de dormirme de nuevo con ese horrible sonido. Cambié mi postura a posición fetal, colocando un cojín sobre la oreja que quedaba apuntando al techo, mitigando de forma insuficiente la molestia. Volví a mi posición original y desee haber comprado unos tapones en algún momento de mi vida. Pensaba que la alarma tenía que cesar en algún momento, que el vecino se levantaría para apagarla terminando con un infierno que no era tal para él. Sin embargo conocía el funcionamiento de esos despertadores tan cabezudos, que pueden pegarse sonando durante media hora o más. 

Imaginaba que el inquilino estaría en un coma profundo después de una dura noche de fiesta, o que la había palmado y nunca se movería para desconectarla. Lo más posible era que no estuviese en casa y que se hubiera dejado la alarma puesta, igual que a mí me ha pasado en alguna ocasión. Mi hermano ya me había echado la bronca por ese motivo, algo que hacía que no me terminara de despachar a gusto con el vecino, comprendiendo en parte la situación. ¿Acaso sería una venganza por su parte? Hacía mucho que no me pasaba.

Entonces elegí la solución intermedia: la música. Recuerdo unos pilares en los que me dormía escuchando a los Despistaos, cuando todavía eran rock de verdad. Si entonces era capaz, ahora también me dormiría con música, aunque en aquellas ocasiones las resacas ayudaban mucho, algo que hoy no pasaría. Me levanté y cogí mi MP3, tenía que elegir una serie de canciones que conociera para que no llamaran excesivamente mi atención manteniendo mi vigilia. Elegí uno de mis discos favoritos, música dulce y suave con gotas de rock and roll, el mejor disco de Pereza en mi opinión: Aviones.

Eran las 6 de la mañana cuando empezó a sonar el disco, y no sé si por las extrañas circunstancias o porque no tenía otra cosa que hacer, pero saboreaba cada acorde, cada golpe de voz. Poco a poco fui cayendo dormido a la voz de los madrileños, que se separaron cuando habían alcanzado una madurez genial en su música. Solamente entre canción y canción despertaba un poco, recuperando el sonido asqueroso de la alarma de arriba. Terminó el disco y yo ya estaba sumido en mis sueños, aunque apenas debían quedar 20 minutos para que sonara mi alarma. Cuando lo hizo la de arriba daba sus últimos coletazos, muriendo prácticamente a la vez que la mía. Eran las 7:30 y se había pegado 2 horas sonando. 

Al rato de despertar se levantó mi hermano, al que le pregunté si había escuchado el demoníaco sonido. No había escuchado nada en absoluto por fortuna para él, así que el único ser que la sufrió fui yo, ya que encima de mis vecinos ya no vive nadie al ser el último piso. 

En fin, que ya es viernes y esta anécdota me sirve para poner un poco de música, de Pereza, por supuesto. Voy a elegir tres canciones de ese disco, no va a ser fácil porque me gustan todas y lo pondría entero. Que paséis un buen fin de semana.





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