jueves, 30 de mayo de 2013

Fred, su vida como pollo

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Hola, soy Fred. Soy un pollo y os voy a contar como ha sido mi vida. Me desperté al calor de una lámpara artificial que mantuvo mi huevo a la temperatura adecuada para que pudiera desarrollarme. Mi madre no podía darme calor porque estaba en otra habitación con cientos de madres poniendo más huevos. Los pollos al nacer ya estamos completamente desarrollados, y el hecho de poder romper el huevo es que estamos capacitados ya para todo. Solo pasan 21 días desde que una madre gallina pone un huevo hasta que el que está dentro puede empezar a romperlo para salir. Eso sí, salir es complicado: a mi me costó unas 10 horas. En ese momento empecé a buscar a mi madre, pero solo veía otros huevos y otros pollos naciendo, ni rastro de un adulto. Pasaron las horas y todos habían salido. Eramos un montón y todos buscábamos a nuestras madres sin éxito. La verdad es que las primeras horas fueron angustiosas, pero los siguientes días no serían mejores.

Pasé encerrado 9 semanas en una jaula en la que no podía hacer gran cosa. Lo único que podía hacer era comer y dormir. Comía por aburrimiento, siempre lo mismo. Desde mi jaula podía ver otras jaulas con pollos como yo, que apenas tenían espacio para hacer nada. El hecho de que fuera tan pequeño mi habitáculo era para que hiciese el menor ejercicio posible y engordara tan rápido como pudiera. No os podéis imaginar lo estresante que era ver como algunos rebeldes no paraban de intentar salir de la jaula. Nos  pasa a todos los primeros días. De todos modos aunque lo hubieran conseguido tampoco hubieran durado mucho, ya que nuestra especie ha perdido el instinto de supervivencia por la dependencia al ser humano: nos dan de comer y nos protegen de los depredadores mientras crecemos.

Pero un día se abrió mi jaula con camino a otra. Yo ya había desarrollado un peso notable y un buen plumaje, era todo un adulto y mi jaula se me quedaba pequeña. Entré a la jaula y vi que eramos unos cuantos de la misma edad: apenas un par de meses. Empezaron a entrar muchos más hasta que estábamos tan apretados que apenas podíamos movernos. Nos llevaron a un camión junto con muchas otras jaulas con pollos de nuestra edad y arrancamos. Algunos murieron durante el trayecto, aplastados por nosotros mismos. Cuando paró el camión comenzó el final de mi corta y aburrida vida. 

Entramos en una sala y uno por uno nos cogieron de la cabeza y nos la cortaron. En esa situación es siempre mejor ser el primero, porque a los demás nos entra un pánico de narices. A mi me tocó en tercer lugar, así que la agonía no fue demasiada. Mi cuerpo fue desplumado y cortado en múltiples partes. Cada una de ellas fue mandada a un lugar, por ejemplo mi pecho se llevó a una envasadora donde fue almacenada con otras pechugas de otros congéneres. 

Nada tardaron en transportarla en otro vehículo a un centro comercial, donde reposaría durante horas. A los dos días un humano cogió el envase y se lo llevó a su casa. Durante la semana siguiente fue cogiendo una pechuga cada dos días, dejando la mía para el final. Pasó la semana y ya solo quedaba la mía, así que ya iba a estar a punto de ser devorado por el mayor de los depredadores de este mundo, pero en ese instante se abrió la nevera y apareció otro envase de pechugas de pollo, que colocó junto a mi envase. Seguidamente me extrajo de la nevera, se me llevó al olfato, y poniendo cara de asco me arrojó a la basura. Parece que no estaba en buen estado. En esa bolsa reposé unos minutos hasta que fue cerrada, cogida y arrojada a un contenedor. Mis pechugas arrojaban algo de olor, aunque todavía se podían comer. Algunos vagabundos abrieron el container esa noche, pero no me localizaron. En la siguiente mañana me arrojaron a un camión de basura para transportarme a un vertedero. 

Por lo menos serviré para crear unos cuantos gusanos de mosca, pero eso también podía haberlo hecho si mi vida hubiera sido más larga. También podría haberlo hecho sin estar en una jaula durante los 68 días que duró mi triste vida. Espero que en mi próxima vida tenga más suerte.

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