viernes, 19 de julio de 2013

Fin de las vacaciones

Torre del Oro
Molletito
Una de las pocas cosas buenas que tiene el fin de las vacaciones es poder escribir en el blog con un teclado en condiciones, y no con el teclado que viene con el móvil. Es muy práctico, pero no es nada cómodo. Eso lo sé ahora en mi primer verano como bloguero. 

Realmente no he escrito apenas sobre mis días en Sevilla. Han sido días bastante intensos y de gran actividad social, así que el poco tiempo que tenía preferí emplearlo en aprovecharlo al máximo, dejando la escritura para el final.

El Rocío
He pasado calor en el sur, pero para nada lo que me venían advirtiendo. Parece ser que he tenido suerte con la temperatura comparando con las semanas anteriores en las que Sevilla debió parecer el mismísimo infierno. He comido de lujo, desde los famosos "Serranitos" hasta los "Molletitos" del desayuno, pasando por un menú en el que el pollo era el primer plato (imaginaos la ligereza del segundo plato), y también pescadito frito (boquerones, chipirones, salpicón de marisco...). En todos ellos destacaba el aceite por encima de todo, y en muchos un delicioso jamón serrano acompañado de tomate (natural o triturado). También hay que hacer mención especial a la cerveza. Aunque he echado de menos a la zaragozana Ambar, me he tenido que adaptar a Cruzcampo. En Zaragoza no me echaría una Cruzcampo ni loco, pero en el sur es difícil evitarla y al final casi todos caemos. Es posible que mi garganta se haya hecho a ese sabor un poco y ya no le tenga tanto repudio. 

Me fui de Sevilla conociendo muchos detalles de su urbe, con una excepcional guía que me explicó todo al detalle y evitó que las gitanas me leyeran la mano con la cara dura que les caracteriza. También consiguió que no me perdiera por el variopinto centro de Sevilla, una enrevesada secuencia de calles y callejuelas con un encanto muy especial. Le doy las gracias desde aquí también.

Tablao Flamenco
Y hubo tiempo para mezclarse entre la gente de allí, muchos sorprendidos por mi acento como yo me sorprendí en la primera gasolinera que paramos en los alrededores de Sevilla. Allí fue donde escuché por primera vez ese acento que ya no sería otro hasta el final del viaje, esa forma de perder consonantes al hablar con esa gracia natural que desprenden los del sur. Conocí en un día de turismo los Reales Alcáceres de Sevilla, con sus preciosos jardines y fuentes entre los que viven varios pavos reales, la Torre del Oro con el museo Naval que alberga y sus preciosas vistas del Guadalquivir, las originales setas de Sevilla en cuyo bar tomé la primera cervecita. Fui a la playa en los alrededores de Huelva pasando por el Rocío, un espectacular pueblo al más puro estilo Western con sus calzadas de arena de playa y sus postes para atar los caballos, y atravesé Doñana para poder remojarme en las cálidas y tranquilas aguas del Oceáno Atlántico.
Plaza de España

Ha sido un viaje muy completo, culminado por una hora de tablao flamenco en la que cuatro artistas mostraron el sentimiento gitano de este arte. Un guitarra, un cantante parecido al Cigala y dos bailaores que dejaron temblando las maderas que pisaban. Un espectáculo recomendable y perfecto para poner la guinda final a estas vacaciones.

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