viernes, 30 de agosto de 2013

El hombre en busca de sentido

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Viktor E. Frankl fue un psicólogo judío que sufrió las temidas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Aunque tuvo la oportunidad de viajar a Estados Unidos antes de que los nazis lo separasen de su familia no lo hizo porque prefirió mantenerse con su esposa junto a sus padres. El destino quiso que después fuera arrancado y separado de su familia para llevarlo a un campo de concentración, donde estuvo recluido durante años, incluso al borde de muerte a causa del tifus.

Era un hombre culto que se proponía publicar un libro justo antes de ser capturado, así que guardaba su legado en un cuaderno como su más preciado tesoro. Aunque intentó ocultarlo por todos sus medios, ya el primer día le arrebataron el trabajo de toda una vida. Afortunadamente consiguió sobrevivir a esa cruda experiencia, algo que no pueden decir muchos de sus acompañantes. Fue entonces cuando publicó varios libros, entre ellos el que tengo ahora entre mis manos: 'El hombre en busca de sentido'.

Desde un punto de vista psicológico, Viktor nos cuenta como era la vida en el campo de concentración: la actitud que los prisioneros tenían ante la adversidad, lo que se les pasaba por la cabeza y las barbaridades que se vieron obligados a hacer para poder mantenerse con vida. También analiza a veces los perfiles psicológicos de los guardas, que aunque algunos eran auténticos sádicos sin corazón, a veces otros dejaban entre ver un ápice de humanidad. Resultaba que en cada barracón había varios presos que tenían una especie de función de liderazgo otorgada por las fuerzas alemanas. Su obligación era ser duros con sus compadres, y resultaban ser mucho más agresivos y descorazonados que los propios alemanes.

En este trágico relato encontraremos situaciones que nos tocarán por dentro: trabajos forzados a 20 grados bajo cero y sin zapatos, canibalismo furtivo o mutilaciones sin anestesia por congelaciones de miembros. Todo muy crudo. Pero Viktor tiene muchos mensajes que darnos. Entre ellos que no hay razas buenas y malas, sino personas buenas y malas, o que no nos podemos comparar con nadie porque la vida nos pone a nosotros (y solo a nosotros) ante las adversidades que nos amenazan, y ninguno está en la piel del otro. Y sobre todo que como dijo Nietzsche "el que tiene un por qué puede sobrevivir a cualquier cómo", es decir, que muchos prisioneros que sobrevivieron lo hicieron porque tenían una razón para vivir que les empujaba a querer seguir con vida y no perder la esperanza cayendo en el suicidio: una persona, una misión, un proyecto... y esta fuerza estaba por encima de las fuerzas físicas. También dice que hay personas que se pasan la vida sufriendo, y que no deben evitar ese sufrimiento, sino aceptarlo como propio y adoptar una actitud positiva ante ello, porque 'la última de las libertades del ser humano y la única que no se nos puede arrebatar es la actitud que adoptamos ante las circunstancias externas'.

La última parte del libro es algo más densa porque habla de psicología, pero las tres primeras partes tienen un lenguaje sencillo y atractivo. Os recomiendo su lectura.

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