jueves, 26 de septiembre de 2013

Nuestras últimas horas en Marruecos

Grand Hotel Tazi
Finalmente logramos salir del zoco con apuros y llegamos a la plaza Jemaa El Fna. Allí buscábamos un lugar donde cenar, y sin muchos rodeos lo hicimos en el centro de la plaza. Y es que allí hay unos toldos blancos donde se sirven cenas y comidas a unos precios caros para España, y desorbitados para los marroquíes. Son mesas de madera como de picnic parecidas a las de la fiesta de la cerveza, que compartes con los clientes que la casualidad quiera que se junten a tu lado. Por mi parte comí un cuscus con carne, que estaba bastante rico y era abundante. Hugo y Jose se decantaron por calamares, que costaban 30 dirhams. La cara de sorpresa de mis acompañantes fue brutal cuando vieron que en cada plato sólo había 6 calamares, a 50 céntimos de euro el calamar. Yo me quedé saciado por mucho menos dinero que ellos. Indudablemente se puede cenar mejor y más barato que en el centro de la plaza, pero al ser un símbolo y viendo el ambientazo que había decidimos gastar un poco más por la experiencia.

Cerveza Marroquí
Después de cenar dimos una vuelta por la plaza y volvimos al Riad rodeando el zoco, ya que no queríamos volver a perdernos y mucho menos por la noche. A mitad de camino nos desviamos para tomar un par de cervezas, que aunque los musulmanes la tienen vetada se vende en determinados hoteles. La primera fue en el Grand Hotel Tazi, y la segunda un poco más cerca del Riad, aunque no recuerdo el nombre. Recuerdo que era un casino y que nos sirvieron aperitivo a pesar de decirles que no queríamos porque ya habíamos cenado. Las cerveza era local y no era mala, aunque sí bastante suave. Nos costó unos 3 €uros cada consumición, y la marca de cerveza era 'Casablanca'. Después descansamos un poco en el ático del Riad y nos fuimos a dormir. 

El desayuno del día siguiente fue de gran calidad, parecido al anterior en Essaouira: zumo de naranja, creps con mantequilla y mermelada, fruta y yogurt. Nos adentramos por el zoco e indagando conseguimos llegar a la plaza en apenas 10 minutos, y es que la experiencia es un grado. A partir de ese momento ya siempre iríamos por el zoco sin perdernos del Riad a la plaza y viceversa. Entramos por la estrecha calle por donde se iba al primer hotel donde estuvimos a nuestra llegada a Marrakesh, y seguimos avanzando por ella hasta el final. Nuestro objetivo era visitar un par de monumentos de la ciudad.

El palacio Badi y las tumbas Saadies fueron nuestro destino durante la mañana. La verdad es que no nos impresionó demasiado porque Marrakesh, más allá de la plaza, la cultura y sus gentes, no tiene nada que sea realmente espectacular. Después comimos por los alrededores de la plaza y por la tarde nos fuimos a visitar unos jardines que estaban a 2 km de la medina: los jardines de la Menara. Fuimos andando tanto a la ida como a la vuelta, y por el camino encontramos ponis y camellos al servicio de los turistas. Los jardines eran bonitos y destacaba su estanque, donde unos peces de dimensiones enormes aparecían de vez en cuando para comer lo que los turistas echaban. A veces tardaban en aparecer, y no es para menos porque los pobres no debían ver nada bajo esas sucias aguas. El atardecer fue precioso en ese enclave, interrumpido por la cercanía del aeropuerto. Los aviones pasaban realmente cerca del estanque cuando despegaban.

Para terminar acabamos sufriendo un diluvio nocturno. Empezó a llover como si no hubiera mañana, tanto que se perdió la emisión de la televisión en algunos bares donde la gente veía jugar al Real Madrid. A nosotros nos pilló en uno afortunadamente, así que no nos mojamos. Cuando volvimos al Riad llovía, pero no demasiado. Lo que sí nos fastidió fue no poder comprar regalos, porque habíamos destinado esa noche para comprar y casi todos los tenderetes cerraron por la fuerte lluvia. Al día siguiente, sin apenas tiempo, compramos lo justo y negociando rápido. Yo por ejemplo me compré un puff de tela por 90 dirhams.

La vuelta en avión fue plácida y sin incidencias. Suponíamos que habría muchos controles al ser un vuelo que venía de Marruecos, pero nada más lejos de la realidad. Ni en Marrakesh ni en Madrid pasamos controles exhaustivos.

Así finalizó nuestro viaje a Marruecos. Solamente añadir que si queréis ver alguna foto podéis ir al siguiente enlace, que son algunas de las que hizo Hugo:

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