lunes, 28 de octubre de 2013

Hotel Electro-Pollo


Desde hace unos tres días hay un inquilino en mi habitación, aunque más que un inquilino es un ocupa. Se trata de un mosquito de medianas dimensiones, de los que dejan un buen avón con su picadura. Desde que entró una noche por la ventana no ha parado de darse festines durante mi descanso, y es que parece que no quiere irse. La ventana está siempre abierta porque aun no ha llegado el mal tiempo, así que puede largarse cuando le apetezca. No sé si no se va o se va durante el día para volver por la noche, en cualquier caso allí está a esa hora.

Ahora me siento como si fuera comida a domicilio. Él sabe que acabaré yendo al acabar el día, así que no tiene más que esperar a que llegue su pedido para saciarse. Estoy convencido de que con las veces que me pica por la noche tiene suficiente alimento para afrontar el resto del día, y quizá es ese el motivo por el que no se larga: porque no se puede ni mover de lo que ha comido. 

"En el hotel Electro-Pollo ofrecemos de manera gratuita una habitación a la que le llevamos la comida todos los días al finalizar el día. Desde luego tiene total libertad para entrar y salir cuando quiera, pero puede quedarse a disfrutar del calor del sol diurno descansando. La comida se la retiramos en ese periodo para que tenga más espacio."

A veces lo he visto, y a pesar del respeto que tengo por todas las clases de animales e insectos he intentado acabar con él. Es rápido y escurridizo y se le pierde de vista en seguida. Por las noches me ha despertado su zumbido merodeando cerca de la oreja, y aunque siempre me pregunto si el tortazo que me pego a mi mismo en ese instante lo habrá matado, un nuevo zumbido al rato despeja mis dudas.

La verdad no sé si comprar insecticida o ponerle nombre y dejarle mi habitación. Lo debatiré con la almohada, pero en el sofá.

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