sábado, 7 de diciembre de 2013

En Jaca


En Jaca la muerte no se presenta hasta el día siguiente, pero ese día queda tan lejos que nos volvemos eternos. No importa quienes somos porque en Jaca somos inmortales, y poco importa que con la altitud se pueda volar más bajo. Las reglas se rompen y olvidamos nuestras vidas, somos jovenes para siempre. El reloj se para y nos regala algo alejado de lo que en verdad es la realidad. Somos como dioses del gozo, intocables y lujuriosos. Volamos todo el dia y por la noche, y en ningún momento recordamos que somos mortales.

Y al día siguiente la muerte nos trae el periódico, que lleva un titular donde se puede leer que la sangre corre por nuestras venas. La muerte se sienta con nosotros y desayuna. No ha venido a por nadie, solo ha venido a avisarnos. No amenaza pero su presencia ya es un aviso. Nuestras pieles se arrugan para recuperar el tiempo en el que no hemos envejecido. Pero no pasa nada porque al medio día la muerte se larga y volvemos a parar el tiempo. No se deja la guadaña, pero sabemos por unos minutos que mañana volvera. No nos importa. Volvemos a la vida eterna hasta el día siguiente. Jaca forma parte de nuestras vidas, pero la estancia allí es una vida aparte.


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