lunes, 27 de enero de 2014

Lo que significa un punto

Ayer me hablaron de un vídeo en el que aparecía un punto azul claro sobre un fondo oscuro. Con la voz de Carl Sagan de fondo descubría que aquella insignificante marca era nuestro planeta Tierra, y que dentro estábamos nosotros. Pero no solo nosotros, sino también a los que amamos y a los que odiamos, nuestros problemas y nuestros logros.

Es prácticamente un pixel en una foto, pero es donde cabe todo nuestro mundo, y donde alguna vez estuvieron todos y cada uno de los seres vivos que creemos conocer según nos explica nuestra historia. Desde esa perspectiva somos conscientes de lo pequeños que somos, y también de lo pequeños que son nuestros problemas comparados con el universo. De lo poco que importan nuestras ambiciones, de lo poco que han conseguido los conquistadores que derramaron la sangre de sus semejantes para obtener riqueza.

Somos una parte infinitesimal de un todo, y pensándolo así somos nosotros los que elegimos el tamaño de nuestros problemas: podemos verlos tan grandes como el universo, o podemos verlos como algo más pequeño que la parte que nos toca ser dentro del propio cosmos.

jueves, 23 de enero de 2014

Encuentro en mis sueños

Hoy he soñando con mi hermano Chucky. Aunque los sueños no son reales, tienen la magia de hacerte sentir cosas que ya no son posibles. En mi sueño Chucky no había muerto, y no había pasado tanto tiempo sin verle. Simplemente me lo encontraba en un camino porque se había escapado de casa, buscando una de esas aventuras que a él le gustaba tanto vivir. Yo me agachaba y lo cogía, él se sentaba en mi antebrazo y yo lo llenaba de besos mientras me dirigía hacia casa, para volver a dejarlo allí fuera de los peligros como el que acabó con su vida. El encuentro me ha hecho despertar con una alegría especial, porque aunque todo esté en mi cabeza es como si todavía estuviese vivo.

Ya despierto, lo tuve en mente durante bastante rato. Recordé alguna de las anécdotas que viví con él, como aquella vez que íbamos andando hacia casa y un perro enorme comenzó a correr en nuestra dirección. Chucky y yo no sabíamos sus intenciones, pero estaba claro que su objetivo era mi pequeño amigo. Así que lo cogí en brazos, y aprovechando que mi furgoneta estaba aparcada al lado la abrí y metí allí a Chucky, cerrando la puerta rápido. El perro se me abalanzó, sólo tenía ganas de jugar, pero con la fuerza que tenía resultaba algo peligroso. Chucky miraba desde la ventanilla la escena, con dos patas en el asiento, dos patas en el cristal y las orejas pingadas hacia arriba. Ladraba con fuerza asustado. Después de jugar un rato con el perro grande, se cansó y se fue por donde había venido. Saqué a Chucky del coche y volvimos a casa.

Las siguientes semanas mi pequeño hermano no me quitó ojo de encima. Era gracioso porque me observaba comer, cuando me despertaba ahí estaba él observándome fijamente en posición de esfinge. No sé qué pensaba él, pero era como si me admirara y me protegiera como agradecimiento. Me resultaba gracioso y me agradaba su presencia. Era un perro genialmente inteligente, y doy las gracias por haber coincidido con él durante los 13 años de su vida. Espero seguir encontrándomelo de vez en cuando en mis sueños, porque como él mismo sabe, lo echo de menos.


lunes, 20 de enero de 2014

El miedo es el mejor entrenador


Ayer salí a correr bien entrada la tarde, cuando la noche ya había caído completamente sobre Zaragoza. Estoy empezando a retomar la buena costumbre de salir a hacer unos kilómetros sin nada más que mis piernas, y elegí una ruta que he hecho ya unas cuantas veces: cruzo el Ebro por el puente de Santiago y giro a la derecha para llegar a la plaza de Europa, después avanzo por la Química y corro por la margen derecha del río hasta el puente de la autopista, donde vuelvo a pasar por encima del Ebro y vuelvo a casa por Ranillas hasta el puente de la Almozara, que no atravieso. Al final salen unos 45 minutos a trote, a veces por ciudad y otras por camino.

Pero ayer hubo una circunstancia en la que no caí, y es que siempre había hecho esa ruta de día y no reparé en que desde el Parque Deportivo Ebro hasta el puente de la autopista no hay iluminación artificial. Así que esa idea me empezó a rondar por la cabeza cuando me puse en paralelo al río, y se fue convirtiendo en certeza cuando los árboles de la rivera empezaron a dejarme ver ese oscuro tramo. Mi ritmo era bastante asequible y no forcé en ningún momento, pero en cuanto entré en la penumbra empecé a acelerar como si hubiera roto un envase escondido de energía, las reservas del 'por si acaso'. Me quité los cascos y empecé a escuchar los sonidos del entorno, intentando percibir alguna amenaza en la oscuridad. Mis pupilas se adaptaron y cada vez podía ver un poco más allá del camino. Las dudas ya no eran posibles porque estaba ya metido de lleno, y lo había hecho sin decidirlo, simplemente dejando que mis piernas dieran un paso tras otro mientras mi cabeza dudaba. 

Al fondo empecé a ver una figura más alta que yo, pero también más lenta. Mi atención solo estaba puesta en ella. La iba alcanzando cada vez más, y percibí un movimiento extraño en ella. No podía ser nada raro, y cuando por fin me acerqué lo suficiente vi que era un hombre andando, con la música a tope en sus cascos, levantando y bajando los brazos a cada paso que daba. Realmente era más alto que yo sólo cuando sus brazos se elevaban. Lo dejé atrás, y entonces aceleré aún más pensando que podía echar a correr para darme alcance. Su sombra alargada seguía levantando los brazos al mismo ritmo en la pared que yo tenía a mi izquierda, y con esa perspectiva me aseguré que no empezara a correr.

Después no me crucé con nadie, excepto con un ciclista, pero eso ya fue a unos metros del puente. Durante ese periodo en el que corrí sólo en la oscuridad, con la inmensidad del río a mi derecha, mi ritmo fue frenético, impropio de mi estado de forma. Era como correr delante de fantasmas que no existían, que me arengaban y me obligaban a ponerme al límite de mis fuerzas. Esa lucha se convirtió luego en disfrute personal al verme en ese entorno, con nadie alrededor, de noche, con mis pisadas rompiendo el silencio de los alrededores. El frescor de una noche de enero me ayudaba a avanzar, y ese día descubrí que el miedo es el mejor entrenador y que la supervivencia (aunque no sea real) consigue sacar energía de donde parece no haberla.

Sé que soy un cagón, pero... ¿acaso no nos hemos acostumbrado a la comodidad de no percibir peligro a nuestro alrededor?

lunes, 13 de enero de 2014

Epitafio


Perdía el tiempo. No me ha hecho falta morir para saberlo, pero aun así no supe poner remedio. Ojalá pudiera levantarme y explicárselo a todos los que han venido a despedirse, incorporarme un par de minutos. Eso sería suficiente. Pero no creo que ni la explicación de un cadáver sea capaz advertirles, seguirán perdiendo el tiempo como yo lo hacía. Y continuarán haciendo más grande el pecado al saberlo y no evitarlo. Podría arrepentirme de muchas cosas, pero nada tan grave como el tiempo que perdí preocupándome por lo que nunca pasó. Energía desperdiciada de forma ridícula, miedos infundados atormentando momentos únicos. Porque cualquier momento es único, importante y valioso. Y detrás de ese cristal la gente me mira, algunos se abrazan, otros lloran. Hay quien se reprime y quien mira de forma morbosa. Algunos están más muertos que yo. Y en este último momento único de mi vida en el que debería de disfrutar como mis allegados me recuerdan, elevando a mito una existencia de lo más normal e inocua, yo solo pienso en levantarme de mi ataúd para romper el cristal que nos separa. Despegar mis labios, unidos a la fuerza para evitar una mueca inadecuada, y gritarles a todos que vivan, que no se preocupen. Sé que no serviría, pero al menos presenciar su reacción al verme volver de entre los muertos, valdría la pena.

viernes, 10 de enero de 2014

La puta mejor oferta de curro del mundo

Producciones Rumiantes nos trae una oportunidad única de trabajo, pero vosotros no la podréis disfrutar. A menos que hayáis recibido el mismo correo electrónico que Pabler. En este vídeo nos cuenta como va la negociación, que yo creo que no va a ser demasiado larga.

Su equipo (del que formo parte) es de lo más variopinto, pero su productividad está lejos de albergar alguna duda. A Pabler ya lo conocéis, es el autor del corto "Aborto Negro", del qué ya hablé en el blog.

¡Forza Pabler!

Escribir



1
Escribí por obligación al principio, y luego para expulsar demonios. Escribí para aprender, pero también para rellenar incómodos vacíos. Escribí por placer, para crear algo fuera de lo normal, y para ser el motivo de que ciertas cabezas ya oxidadas volvieran a despertar
2
Al escribir derribo muros, para manchar de mi realidad la verdad de un mundo que no conozco

jueves, 9 de enero de 2014

Textos de escritura creativa

Llevo días sin escribir en el blog porque se estaba convirtiendo en una obligación, y eso poco a poco me ha hecho hacer textos cada vez de peor calidad. No obstante no he dejado de escribir, y como el propósito final de este blog es tener un sitio para hacerlo, no me parece tan mal haber dejado de publicar. He estado asistiendo a un curso de escritura creativa que terminó ayer, y voy a ir colgando alguno de los ejercicios que hice allí. Este es uno de ellos:



Tres días pedaleando sin parar con la tienda de campaña en la mochila. Tres días huyendo, como siempre me pasa, incapaz de aceptar la realidad. Pedalear con furia me calma, pero no cambia nada. Hora tras hora adelanto a otros ciclistas, pero no hablo con ellos porque son distintos a mí. Ellos pedalean por placer y yo por necesidad.
Llegará el momento en el que comprenda que aunque haya mil caminos no voy a ninguna parte, y que el destino final siempre es el origen. El origen es el lugar donde afrontaré mis miedos, y cuando eso ocurra pedalearé, por fin, sólo por placer.

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