lunes, 24 de febrero de 2014

7k Carrera Popular Parque José Antonio Labordeta 2014


Ayer participé en una carrera popular en el parque José Antonio Labordeta. Eran 7 kilómetros que se iniciaban en el interior del parque y se desarrollaban por dentro del mismo y sus alrededores. Además era el día de las enfermedades raras, así que además corríamos por una buena causa, ya que la carrera contribuía con ella.

El día amaneció fresquito, pero sin viento y con un sol radiante. En eso tuvimos mucha suerte porque pudimos correr muy a gusto. Yo empecé a un ritmo muy tranquilo porque apenas había calentado, y además había mucha gente delante que evitaba una salida fuerte. Después de unos 300 metros cogí ya el ritmo que no dejaría en todo el trayecto. Adelanté a mucha gente y cuando llegué al kilómetro 4 ya empecé a notar signos de fatiga, pero no cedí. En algunos tramos recuperaba un poco para volver a arrancar, pero la velocidad media que hice fueron más de 13 km/h.

Acabé incluso al sprint, y aunque me derrotó un amigo que iba a mi par casi todo el rato, acabé muy satisfecho. No estoy acostumbrado al running y creo que el ritmo fue muy bueno. Al final, los amigos que fuimos a hacerla nos juntamos para celebrarlo y almorzamos con es debido: un buen plato de huevos fritos con longaniza para recuperar todo lo perdido.

Aquí dejo los resultados de la prueba:


viernes, 21 de febrero de 2014

Jose Julián y la Academía Internacional de Sudcomoe


Ayer monté en mi furgoneta para volver a casa después de un intenso día. Cuando no me apetece pensar viajo en silencio, a veces pongo algo de música concreta o la que le salga a mi iPod y otras veces escucho la radio. Eran cerca de las 12 de la noche cuando encendí el aparato y empezó a sonar radio Marca. A veces escucho esa emisora para escuchar las nimiedades del deporte, que te alejan un poco de la realidad actual.


Estaban en medio de una entrevista que me gustó mucho. La verdad es que al llegar ya había comenzado, no supe a quien se la estaban haciendo. El entrevistado trabajaba en una especie de escuela para jóvenes futbolistas en Costa de Marfil. Había dejado su último trabajo como director deportivo del equipo de fútbol de la localidad de Pinto para meterse en aquella aventura.

Hablaba de muchas cosas, pero fundamentalmente todo giraba en torno al cariño que les ha cogido a todos los chavales que están allí. Es otro mundo, y me marcó sobre todo la anécdota sobre unos yogures que compró para los chicos. Cuando llevaban un rato con el postre, el entrevistado descubrió que aun no se lo habían tomado, que metían la cuchara y la sacaban sin yogurt para luego chuparla. Pensó que quizás no les gustaba aquel producto del primer mundo, pero la realidad es que les gustaba tanto que estaban intentando que no se les acabase nunca.

También contaba el ímpetu y las ganas que le trasmiten los niños. A las 6 de la mañana se levantan para correr, y dice que están todos. Siempre. Nunca falta ninguno. Y con unas ganas desatadas de ser alguien. Pero no todo es bonito. La malaria sigue siendo un problema en estos países, y tuvieron un problema en la academia de varios casos. Tras unos días percibieron que todos los enfermos procedían de la misma zona de la residencia, así que levantaron el techo de esas habitaciones. Descubrieron una fuga de una tubería que creaba un entorno propicio para que el mosquito de la malaria pusiera sus huevos. Arreglaron el problema, y aunque afortunadamente la vacuna contra esa enfermedad está al alcance de todos en el primer mundo, allí muchos no disponen de 5€ para permitírsela, aunque es algo que les puede salvar la vida.

Se despidieron de él en la entrevista y me quedó la duda de quien era aquel señor. Alguien que trabaja con chavales de 12 años en un país en el que con esa edad ya sacan a sus familias adelante asumiendo responsabilidad. Me quedé con su nombre: Jose Julián. Busqué por la red y lo encontré. La academia se llama Academía Internacional de Sudcomoe, y desde ahora seguiré su trabajo desde Internet.

He encontrado la entrevista (minuto 10):

Entrevista a José Julián

domingo, 16 de febrero de 2014

Subida invernal nocturna al Moncayo

La noche del día de San Valentín llevaba varias semanas marcada en el calendario. Esa noche íbamos a intentar subir a la cima del Moncayo aprovechando la luz de la luna llena. Sabíamos que ella se presentaba seguro a la cita para iluminarnos desde el cielo, pero necesitábamos que se cumplieran otra serie de condiciones para poder ascender sin problemas: una noche clara, sin nubes, y preferiblemente buena temperatura.

Yo aproveché la ocasión para mejorar mi modesto equipo de montaña y hice las siguientes adquisiciones:

  1. Un polar, abrigo de plumas, calcetines gruesos y guantes por 107€ en Izas Outdoor
  2. Una linterna frontal por 27€ en Decathlon
  3. Alquiler por una noche de crampones y piolet por 9€ en Límite
Cualquiera de las cosas de la lista resultaron imprescindibles en la aventura y completaron el equipo que ya tenía: camiseta térmica, chaqueta soft-shell, chubasquero, botas gore-tex, pantalón de trekking, bufanda y mi gorro de sherpa. 

Conforme nos íbamos acercando al Moncayo íbamos siendo conscientes de que era muy posible que no llegáramos hasta arriba: una gran nube ocupaba toda la cima de la montaña, ocultándola por completo y haciendo imposible identificar en que parte acababa la nube y comenzaba la nieve. Sin embargo decidimos afrontar la llegada hasta el circo, que era un tramo sencillo, y una vez allí decidir. La temperatura era hasta agradable y no encontramos nieve en ninguna parte de la carretera hasta la llegada al santuario. Antes de eso paramos una vez porque me mareé con las curvas, minutos después de que una gran familia de jabalíes adultos nos dieran la bienvenida desde la cuneta de la carretera.

Llegados al final del trayecto en carretera, salimos del coche para prepararnos. El viento ya era frío y bastante intenso, pero estábamos preparados. Iniciamos el ascenso adentrándonos en el bosque, alternando tramos de nieve, hielo y barro. Tras una media hora a un buen ritmo, la luz de nuestros frontales ya no nos dejaba mirar tan lejos porque nos habíamos metido de lleno en la nube, y nos iluminaba todas las partículas acuosas. Mi inexperiencia me jugó una mala pasada al no ser consciente de que la nube empapa, a pesar de que no parece llover, así que no me puse el chubasquero entonces. El viento arreciaba por momento y nos metió unas cuantas dudas en la cabeza. Había momentos en los que una ráfaga nos golpeaba de tal forma que parábamos para clavar el piolet y esperar a que dejara de empujarnos. Descartamos la subida por el cucharón por razones evidentes, y tras ponernos los crampones avanzamos por el camino normal.

Huellas
Unas huellas nos indicaban el camino en tramos de nieve. Parecían ser bastante recientes, pensamos que eran de final de la tarde. Después de apenas 50 metros del circo perdimos las huellas. No encontrábamos el camino y empezamos a subir por tramos no indicados, por zonas de rocas sueltas que no eran la zona de subida habitual. Seguíamos avanzando sin saber muy bien si encontraríamos el camino. Llegado el momento paramos para quitarnos los crampones, que eran un problema en una zona sin apenas nieve ni roca. En ese momento descubrí que tenía el abrigo empapado, así que también me puse el chubasquero. Seguimos ascendiendo algo desconcertados, y Diego sacó el móvil para descubrir lo mucho que nos habíamos alejado del camino. Afortunadamente en el Moncayo hay mucha cobertura, y Google Maps nos hizo un gran favor. 

Yo, aún sin el chubasquero
Teníamos que andar hacía la izquierda, sin ascender. La pendiente era muy pronunciada y había mucha roca suelta, así que era algo peligroso. El Moncayo es una montaña pequeña, pero en esas condiciones se vuelve traicionera. Yo, que mentalmente era el más débil de los tres, empecé a pensar que no encontraríamos el camino y tendríamos que volver por el mismo sitio de nuevo. Cada diez minutos parábamos para consultar el móvil de Diego que iba abriendo camino, después iba yo, en medio para no perderme por ser el más lento y menos experimentado, y detrás Alberto con infinita paciencia. A veces perdía de vista a Diego porque la nube era más densa cada vez, y llevaba un buen ritmo. Sólo cuando se volvía y me enfocaba con su frontal yo era capaz de saber hacia donde debía avanzar. Al final encontramos de nuevo el camino. 

La nieve empezó a poblar el recorrido otra vez y nosotros volvimos a nuestros crampones. Las huellas de la persona que lo subió por la tarde volvieron a aparecer devolviéndome de nuevo la seguridad, y seguimos ascendiendo. Era el último tramo, el más duro, el más peligroso por inclinación, el más cercano a la cumbre. La nieve del suelo ayudaba porque los crampones y el piolet se clavaban con ganas, y cuando peor lo estaba pasando Diego se volvió hacia a mí y observó mi cara. En ella se leía preocupación, y él intentó calmarme con la frase de la noche: "Estoy tranquilo porque sé que los tres tenemos físico para aguantar toda la noche". No estaba equivocado, pero esa frase no me tranquilizó. La ascensión no terminaba nunca y el viento era más intenso que nunca anunciando la proximidad a la cima. Yo estaba tan ofuscado que empecé a pensar si  no estábamos en un ocho mil. 

Arriba!
Y cuando ya valoraba decirles a mi compañeros de volvernos, Diego gritó de júbilo al vernos en la ante cima. Yo sentí alivio: primero porque ya empezaríamos a bajar, y segundo por haber conseguido algo y no irme con el rabo entre las piernas. Allí nos tumbamos y nos hicimos fotos. No era el mejor lugar porque apenas se veía a 5 metros, hacía un viento que te tiraba al suelo y la sensación térmica era bajísima. Por eso descartamos la llegada hasta arriba, que apenas estaba a 10 minutos. 

Los tres en la cima

Y sin más empezamos la bajada. Yo tenía el pantalón empapado, si apretaba la mano caía un chorro de agua de mi guante, no sentía los dedos, y el meter el pie en nieve profunda había hecho que entrara en la bota mojando los calcetines. La bajada fue espectacularmente rápida y sencilla. Las huellas nos hacían ver por donde ir y ya no nos separamos del camino. Pero antes de llegar al circo salimos de la nube, que había subido un poco. El problema es que ahora estaba nevando con intensidad, y el viento hacía que los copos golpearan nuestras caras con fuerza. Así que aligeramos aun más el paso hasta llegar al circo, donde se me salió un crampón. Me quite el otro par y los llevé en la mano. Seguimos corriendo por el bosque, lo que me hizo caer torpemente dos veces por culpa del hielo. Y finalmente llegamos al coche, donde nos cambiamos.

Mi mochila estaba completamente empapada y mi ropa de cambio también. Mi movil funcionaba milagrosamente y en mi cartera los billetes estaban pegados entre ellos. La aventura había terminado y estábamos muy contentos con el resultado. Habíamos llegado lo más alto posible en esas condiciones tan adversas. Unos cuantos ciervos nos despidieron del Moncayo cruzando la carretera, y nosotros empezamos a pensar ya en la próxima aventura.

viernes, 14 de febrero de 2014

Ya tenemos el visado a china


Uno de los procesos más tediosos a la hora de viajar al extranjero son los dichosos visados. En el caso de La India decidimos enviarlos al centro de tramitación mediante Seur, pero en este viaje hemos cambiado y lo hemos hecho personalmente. Esto implica dos viajes a Madrid: uno para realizar las gestiones pertinentes y otro para recogerlos.

En primer lugar tuvimos que llevar impresa toda la documentación de cada uno de los que vamos a viajar:

  1. Pasaporte
  2. Fotocopia de la página de la foto del Pasaporte
  3. Una foto tamaño carnet
  4. Las reservas de los vuelos
  5. Las reservas de los hoteles
  6. El formulario de solicitud del visado relleno
Para esto último tuvimos que ir a la Web http://www.visaforchina.org/ y seleccionar nuestro país y la ciudad donde queríamos tramitarlo (en nuestro caso Spain y Madrid respectivamente). La página está muy bien y te lo explican todo genial, pero es un coñazo porque son muchas cosas que leer para rellenarlo. Hay que tener cuidado porque si por ejemplo trabajas en una productora debes llevar también un papel firmado como que no vas a hacer uso de las imágenes que tomes para beneficio propio.

Una vez con ese formulario completado (en el que hay que poner hasta el trabajo que tienen tus padres) hay que imprimirlo y llevarlo todo al centro. Nosotros decidimos hacerlo así, pero también se puede mandar por correo con las siguientes tasas.

El centro está al lado de la estación de metro de Chamartín, apenas hay que andar unos 100 metros para llegar al portal. Esta es la dirección: http://www.visaforchina.org/MAD_ES/aboutus/259251.shtml

Son bastante rápidos porque nosotros lo tramitamos el día 29 de Enero y ayer lo recogimos en Madrid. Así que 15 días y 66.30€ por cabeza después, ya tenemos nuestros visados de turistas y ya estamos un poquito más cerca de China.

jueves, 13 de febrero de 2014

Rajoy y Aznar rapean para arreglar su mundo

'Doble P' ha sacado su primer single: "Popular Party".

A ritmo de rap Mariano Rajoy se plantea las dudas existenciales que plantea su mandato, menos mal que en la sombra siempre está Jose Mari, que como si de un super héroe se tratase le resuelve todas de un plumazo.

Mención especial al idioma: un inglés digno de su relaxing mujer. ¡Van lanzados!

 

lunes, 10 de febrero de 2014

Improvisación un sábado por la tarde

Sábado
8 de la tarde
Estoy jugando a la Play. Recolectando residuos nucleares debajo del océano con un submarino ultralento.
Me abro una cerveza.

8:25 de la tarde
Tengo que ir a comprar la cena.
El Día cierra a las 9.
Este puto submarino me está volviendo loco. Sólo me quedan dos recursos por encontrar.
Bajaré a comprar la cena, luego los recojo.

8:30 de la tarde
Cierro la puerta de mi casa.
Las llaves están dentro.
No llevo móvil.
No llevo cazadora.
La tele está encendida.
La Play está encendida.

8:35 de la tarde
Entro al Día.
Compro la cena.
Le pido monedas al dependiente.

8:45 de la tarde
Entro a una cabina.
Echo una moneda.
Marco el teléfono de mi hermano.
No se escucha nada.
El crédito baja.
Le hablo al silencio con la esperanza de que al otro lado mi hermano me escuche.
Cuelgo.

8:50 de la tarde
Entro al bar.
Pido un móvil.
Llamo a mi hermano.
Vendrá en 20 minutos, y sí, me escuchaba.
Pido otra cerveza.

9:00 de la noche
Pido otra cerveza.

9:10 de la noche
Pido otra cerveza.

9:20 de la noche
Aparece mi hermano.
Le doy la cena para que la suba a casa.
Le digo que me quedo en el bar.
Le digo que apague la Play.
Y la tele.

9:50 de la noche
Pido un bocadillo.
Pido unas papas bravas.
Pido otra cerveza.

11:05 de la noche
Subo a mi casa.
Bebo agua.
Bebo agua.
Bebo agua.
Me pongo una peli.
Bebo agua.
Bebo agua.
Bebo agua.
Bebo agua.

Me quedo dormido.


Domingo
2 de la tarde
Me como la cena del día anterior.
Bebo Coca-Cola.

miércoles, 5 de febrero de 2014

¿Hay más tipos de nieve que tipos de gilipollas?


Se suele decir que los esquimales tienen cientos de palabras para designar la nieve. Ayer mismo se lo escuché a un profesor, pero resulta que está bastante equivocado. Los habitantes de Groenlandia y de Alaska oriental tienen unas cuantas palabras para nombrar ese blanco estado del agua, pero luego mediante sufijos y prefijos construyen bastantes más. Al final nos da igual, porque nosotros nos somos lingüistas especialistas, y aunque sean derivados para nosotros no dejan de ser palabras distintas de una lengua diferente, aunque muchas de ellas vengan de la misma raíz.

Lo que quiero decir es que esa gente designa con términos distintos la nieve blanca y la nieve más blanca aún. Y así con muchas clases de nieve que para nosotros sería la misma. ¿Por qué lo hacen? Porque en Groenlandia hay mucha nieve, y donde hay mucho de una cosa hay muchos términos para poder definirlo al dedillo. Tiene su lógica.

Y resulta que por ejemplo en inglés, por lo menos en las películas que nos llegan desde UK y USA, vemos siempre los mismos insultos: 'son of a bitch', 'asshole', 'stupid'... Y aquí en España tenemos muchos más términos. Seguro que ya habéis llegado a la misma conclusión a la que llegué yo ayer: tenemos tantos términos porque aquí hay mucho subnormal. Y 'subnormal' es uno de esos términos, pero tenemos docenas de ellos: 'gilipollas', 'hijo de puta', 'cabrón', 'maricón', 'capullo', 'malnacido'... Y es que como la nieve en Groenlandia, los españoles somos capaces de distinguir muchos matices de subnormalidad, y así poder definir exactamente a la persona que tenemos delante.

¿Hay más capullos en España que en UK o USA? ¿Hay más clases de capullos en España que tipos de nieve en Groenlandia? Se podría hacer un estudio más exhaustivo de todo esto.

martes, 4 de febrero de 2014

Madrid

Sol
Aunque podría haber formado un mapa del metro de Madrid solo con las paradas que conocía gracias a las canciones, solamente había estado allí una vez. En aquella ocasión fue para ver en directo al que era mi músico favorito, Andrés Calamaro. El comandante "porrito" volvía a los escenarios con fuerza, grabando un disco en directo en el que recuperaba canciones de su mejor etapa en "Los Rodríguez". Nuestro viaje fue prácticamente de ida y vuelta: llegar en autobús a Avenida América, en metro hasta el Palacio de los Deportes, luego unas cuantas copas por una zona que no logro recordar, y vuelta de madrugada en autobús.

Sólo recuerdo de aquel lejano sábado 19 de Noviembre de 2005 nuestro paso por La Cibeles, el paso por el famoso barrio de Chueca y nuestro frustrado intento de ir al Bernabeu. Y digo frustrado porque cuando nos dirigíamos hacia el coliseo madridista, un viandante nos recomendó que diéramos la vuelta. Era ya la madrugada del 20 de noviembre, y los ultra sur más violentos celebraban ese día partiendo algunas cabezas. También recuerdo el Palacio de los Deportes, donde Andrés nos dedicó una buena actuación de regreso. Pero todo lo que vimos lo vimos de noche y bajo una temperatura demasiado fría para poder disfrutarlo.

El miércoles pasado volví a Madrid para gestionar los visados de mi viaje a China, y fue una excusa perfecta para conocer mejor la capital de España. Por fin iba a saber de lo que hablan los Pereza en sus canciones, o conocer los rincones más oscuros de algunas de las canciones de Joaquín Sabina: Tirso de Molina, La Latina, Atocha... Me monté en el bus a las 3:34 de la madrugada para despertar antes que el día en Madrid. A las 7:20 amanecí en la Avenida América para desayunar rápidamente y coger el metro hasta Chamartín. Allí estaba el centro donde iba a gestionar lo del visado, y cuando salí la noche parecía caer del cielo sumida en frías gotas de intensa lluvia. Encontré antes de lo previsto el lugar donde realizar las gestiones, y por fin salí de allí sobre las 10, observando por primera vez la luz del sol. Todo el día por delante para conocerte.

Dejé Chamartín junto a las cuatro enormes torres construidas por Florentino, y me dirigí a la Plaza de España. Me detuve en la enorme fuente que la gobierna, y directamente entré en la Rosaleda de Madrid: un parque del que no conocía el nombre y por el que se pueden ver muchos famosos haciendo footing. Con mi mochila a cuestas entré en el Templo de Debod para aprender algo más de la cultura egipcia, y después avancé hasta el Palacio Real por los jardines de Sabatini. Sin entrar pasé de largo tras unos minutos, ya que había una exhibición de los soldados a lomos de sus caballos. Entré en la Catedral de la Almudena bajo la promesa de unas vistas espectaculares de Madrid, que al final no fueron para tanto. 

Tras saciar mi hambre en un Burger King, me fui a dormir unas horas al hostal La Estrella, y tras recuperarme volví a las andadas. Salí del metro para reencontrarme con la diosa Cibeles, esta vez de día, y caminé hasta la puerta de Alcalá. Enorme. Me adentré en el retiro y observé a las parejas sobre el lago en sus barcazas, y continué andando por esta enorme zona verde. El palacio de cristal y la estatua al Ángel caído quedaron atrás, y yo me perdí en busca del Museo Reina Sofía. Atocha respiraba a mi lado cuando una simpática mujer me recondujo hasta mi destino. Tras varios minutos observando arte moderno de lo más llamativo, decidí ir al grano, y es que ese museo es descomunalmente grande. El Guernika, custodiado por vigilantes que evitaban la toma de fotografías, ocupaba prácticamente toda una pared. Sus trazos imponían tanto que en ningún momento la masa de gente disminuía. Cansado, salí del Reina Sofía en dirección a la plaza de Santo Domingo, donde cenaría unas tapas para después volver al hostal a dormir.

El día siguiente conocí más parte de la Gran Vía, la calle Preciados, la plaza Mayor repleta de artistas, Callao y la Puerta del Sol. Allí me acerqué a una manifestación para ver sobre que era, y mi sorpresa fue mayúscula al descubrir que se protestaba por los despidos que había hecho Coca-cola, mientras yo, atónito, sujetaba una lata de esa bebida en un giro inesperado. Para despedirme de Madrid, volví al Retiro parando antes por el jardín botánico y por la puerta del Museo del Prado. Y como última parada, esta vez sí, el Santiago Bernabeu. La galaxia madridista gira entorno a este estadio, y yo a pesar de no gustarme mucho sus colores estaba dispuesto a hacer el tour por los vestuarios y la sala de trofeos. Para mí 20€ fueron demasiado y dejé pasar la oportunidad.

Al final, dos días intensos conociendo la ciudad, que me ha gustado bastante más de lo que esperaba.

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