viernes, 21 de febrero de 2014

Jose Julián y la Academía Internacional de Sudcomoe


Ayer monté en mi furgoneta para volver a casa después de un intenso día. Cuando no me apetece pensar viajo en silencio, a veces pongo algo de música concreta o la que le salga a mi iPod y otras veces escucho la radio. Eran cerca de las 12 de la noche cuando encendí el aparato y empezó a sonar radio Marca. A veces escucho esa emisora para escuchar las nimiedades del deporte, que te alejan un poco de la realidad actual.


Estaban en medio de una entrevista que me gustó mucho. La verdad es que al llegar ya había comenzado, no supe a quien se la estaban haciendo. El entrevistado trabajaba en una especie de escuela para jóvenes futbolistas en Costa de Marfil. Había dejado su último trabajo como director deportivo del equipo de fútbol de la localidad de Pinto para meterse en aquella aventura.

Hablaba de muchas cosas, pero fundamentalmente todo giraba en torno al cariño que les ha cogido a todos los chavales que están allí. Es otro mundo, y me marcó sobre todo la anécdota sobre unos yogures que compró para los chicos. Cuando llevaban un rato con el postre, el entrevistado descubrió que aun no se lo habían tomado, que metían la cuchara y la sacaban sin yogurt para luego chuparla. Pensó que quizás no les gustaba aquel producto del primer mundo, pero la realidad es que les gustaba tanto que estaban intentando que no se les acabase nunca.

También contaba el ímpetu y las ganas que le trasmiten los niños. A las 6 de la mañana se levantan para correr, y dice que están todos. Siempre. Nunca falta ninguno. Y con unas ganas desatadas de ser alguien. Pero no todo es bonito. La malaria sigue siendo un problema en estos países, y tuvieron un problema en la academia de varios casos. Tras unos días percibieron que todos los enfermos procedían de la misma zona de la residencia, así que levantaron el techo de esas habitaciones. Descubrieron una fuga de una tubería que creaba un entorno propicio para que el mosquito de la malaria pusiera sus huevos. Arreglaron el problema, y aunque afortunadamente la vacuna contra esa enfermedad está al alcance de todos en el primer mundo, allí muchos no disponen de 5€ para permitírsela, aunque es algo que les puede salvar la vida.

Se despidieron de él en la entrevista y me quedó la duda de quien era aquel señor. Alguien que trabaja con chavales de 12 años en un país en el que con esa edad ya sacan a sus familias adelante asumiendo responsabilidad. Me quedé con su nombre: Jose Julián. Busqué por la red y lo encontré. La academia se llama Academía Internacional de Sudcomoe, y desde ahora seguiré su trabajo desde Internet.

He encontrado la entrevista (minuto 10):

Entrevista a José Julián

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