miércoles, 12 de marzo de 2014

Divagaciones

No soy científico, ni médico, ni sé un carajo sobre el cerebro ni su naturaleza. Tampoco soy religioso ni profeso una fe especial en nada en concreto, por lo que no sé mucho sobre el espíritu ni el alma. Y voy a meterme en un pantano bastante importante a pesar de mi ignorancia, pero con el derecho de ser parte de este mundo, como cada bicho viviente y los que no lo son.

He hablado muchas veces en el blog sobre la muerte, porque es algo tan misterioso y sobrecogedor que hace plantearnos profundas preguntas sin respuesta. Esto deja siempre una puerta abierta a la divagación, a pensar sabiendo que nunca llegaremos a saber qué es realmente y qué hay al otro lado.

Cada día estoy más convencido de que lo que somos en la vida es físico. Creo que nuestra conciencia de ser viene directamente del cerebro, porque cuando alguien se da un golpe en la cabeza puede llegar a perder la noción de quién es, tal y como les ocurre a los ancianos cuando sus circuitos cerebrales están deteriorados, como les ocurre a los enfermos de alzheimer, que no reconocen a sus más allegados ni saben su propio nombre. Creo que nuestra alma es una forma de energía sin conciencia, atrapada en un cuerpo que le da la vida gracias a sus órganos y procesos. En el cerebro está nuestra memoria, en la que almacenamos quienes creemos ser: nuestro nombre, cual es nuestro entorno, etc... Todo está ahí, y cuando eso muere, muere nuestra identidad.

Es por eso que no creo que luego haya nada. Ni paraíso ni infierno. Es posible que al morir nuestra alma se evapore como energía, fluyendo por el ambiente buscando un nuevo cuerpo para volver a la vida, o para convertirse en fuego, o en lluvia o en lo que sea. Y no tiene la menos importancia porque ese alma no tiene memoria. Empieza de cero. No recuerda nada de las vidas anteriores.

Creo que todas las almas son iguales, y que todos nos comportaríamos de la misma forma en las mismas circunstancias: en cualquier cuerpo, en cualquier circunstancia. Nadie vive conscientemente en el mismo cuerpo que otro, ni conoce sus circunstancias. Es posible que estemos hechos en serie, y que sea nuestra genética y nuestro entorno el que dicte nuestro comportamiento. Seríamos quizás como robots. Y eso puede ayudar a que nos comprendamos un poco los unos a los otros, a que nos demos un baño de tolerancia fuera del alcance de nuestra cabeza. Tal vez no lo sepamos, pero si olvidáramos el concepto del tiempo, quizás todos nosotros seamos el mismo, viviendo en distintos espacios temporales, en distintos cuerpos, en distintas circunstancias.

Pero fuera de estas complicadas conclusiones teóricas que pueden ayudarnos a comprender un poco a los demás, lo único cierto (si es que nuestro alma no tiene memoria) es que somos irrepetibles. Que desapareceremos del mapa cuando llegue el momento y nunca jamás habrá otro con nuestras condiciones. Que por mucho que alguien se nos parezca nunca será igual. Que somos completamente únicos, y eso nos hace valiosos e importantes. Que el tiempo no vuelve, y hay que disfrutar de lo que somos, porque somos levedad y es importante que empleemos nuestra vida en lo que nos gusta.

"La vida es una sala de espera, la otra es una caja de madera."





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