martes, 29 de abril de 2014

El saludo del smog en Beijing

Smog de fondo
Con 20 horas de viaje a nuestras espaldas, eran las 5:45 de la mañana porque habíamos adelantado 6 horas nuestros relojes. Dormir en autobuses y aviones no elimina el cansancio en absoluto, es más, te duele todo. China nos recibió de día, con una intensa bruma mezcla de niebla y humo que llenaba todos los rincones evitando pasar la luz del sol. Había oído que en Beijing habían instalado pantallas gigantes para poder ver el amanecer, pero también me habían dicho que era un bulo, que la contaminación no era para tanto. Sea cierto o no, el smog existe. Esa neblina que hace que lo veas todo como en una especie de sueño, que parece que va a convertirlo todo en una especie de videojuego como el 'Silent Hill'.

El documento de entrada al país tenía preguntas que nos hicieron dudar: lugar de expedición del visado o número de vuelo para salir del país. Al final parten el documento por la mitad, y la que te dan es la que tienes que entregar cuando quieres volver a casa. Nosotros lo guardamos bien durante todo el viaje, aunque luego en el aeropuerto hay formularios vacíos para volver a rellenarlo.


La fila para el control de visados se hizo también muy larga. Avanzaba con lentitud, y Pablo aprovechó para beber agua en un expendedor muy curioso que había. No rellenabas vasos, rellenabas un papel plegado en forma cónica para beber. Pasamos sin problema y nos llamó la atención otro aparato que veríamos en más sitios: tenía cuatro botones y servía para valorar el trabajo del policía (en este caso) que nos sellaba el pasaporte. En el aeropuerto tenías un tiempo para pulsar el botón deseado, pero en otros lugares se te quedaban mirando hasta que valorabas el trabajo del empleado. Supongo que en el aeropuerto están acostumbrados a que la gente no tenga ni idea de chino, o que necesitan que las filas vayan más rápido que en el banco (por ejemplo). Aunque estaba traducido en chino y en inglés, en cada botón también había emoticonos que indicaban la satisfacción que otorgabas al pulsarlo. Cuando pulsas el de máxima satisfacción, los empleados te contestan con una prominente sonrisa. 

Beijing con y sin smog
Salimos a recoger las maletas facturadas y en seguida llegaron. Lo siguiente fue cambiar Euros a Yuanes. El cambio estaba a 8.5 Yuanes por Euro, pero allí nos los vendieron a 7.85, además de quedarse una suculenta comisión de servicio de 60 Yuanes. Es tanto que los 30€ que cambié se transformaron en Yuanes por valor de 20, todo un atraco. Volvimos a guardar una agónica cola para salir del aeropuerto, con un nuevo control que era exhaustivo para uno de cada cuatro. Por las pintas o por estadística, te tocaba o no. Salimos finalmente y hacía bastante calor. Rechazamos a unos taxistas y nos dirigimos directamente al tren del aeropuerto, perfectamente indicado y que solo costaba 25 Yuanes.

La ceñida camiseta del Barcelona que llevaba Jose llamó la atención a un policía, que se acercó y señalo el escudo con el dedo pulgar hacía arriba. La respuesta de nuestro amigo fue ponerse en cuclillas haciendo como que cagaba, diciéndole al guardia: 'Madrid caquitas'. La cara del policía fue un poema, no entendía nada. En seguida llegó el tren, que nos llevaría a una estación de metro de Beijing, ya en plena ciudad. En ese trayecto contemplamos por primera vez Beijing, con sus múltiples zonas verdes, algo paradójico ante tanta niebla contaminante que tapaba la ciudad. Jose se durmió con la facilidad que le caracteriza, mientras unas chicas polacas nos pidieron el mapa del metro para situarse. Bajamos en la segunda y final parada: la estación de metro de Dongzhimen.

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