jueves, 15 de mayo de 2014

Century Park, Yuyuan Garden, otro rascacielos y la calle principal de Shaghai

Century Park es un parque muy bien cuidado y bastante grande. En un primer paseo pudimos observar como los chinos disfrutaban de una apacible tarde en las zonas verdes, donde volaban cometas o montaban tiendas de campaña. El parque tenía un enorme lago por el que circulaban barcas mediante el empuje de sirgas en lo que era un circuito definido, eso le quitaba bastante emoción a subirse. Nosotros nos decantamos por alquilar una bicicleta para 5 personas, y no nos arrepentimos en absoluto.

Por una hora pagamos 100 Yuanes, además de los 300 de fianza que nos devolvieron al final. Había muchos caminos pavimentados por los que se podía circular, y otros cuantos adoquinados. Pedaleábamos 4 de los 5 y solamente lo dirigía el conductor a pesar de que el copiloto tenía también un volante, que no funcionaba. Cogimos el cacharro con ganas y pedaleábamos con todas nuestras fuerzas, mientras Jose conducía de forma temeraria asustando al personal. La mayoría de los viandantes se reían al vernos pasar a tal velocidad gritando y riéndonos, pero otros nos miraban mal. La verdad es que sudamos como gorrinos porque nos fuimos alternando en la conducción y en las posiciones de pedaleo. A orillas del río paramos a ver un baile de un grupo de chinos con prendas de colores llamativos, y en algún portón de estilo chino. Finalmente salimos del parque en dirección al metro.

Yuyuan Garden
La siguiente parada fue Yuyuan Garden, que estaba al otro lado del río, es decir, en el mismo que nuestro hotel. Tras salir de la parada del metro seguimos al tumulto de gente para encontrarlo, y en el camino un par de tullidos ofrecían fyers de negocios varios. Yuyuan Garden es un espacio típicamente chino con tiendas por todas partes. Es francamente curioso y la decoración es preciosa. Entramos por un porche por donde había más turistas y nos encontramos con una zona que se pasaba por encima de un estanque. El agua era muy sucia y los peces tenían unas proporciones bíblicas. La gente no paraba de echarles comida, fundamentalmente lentejas, pero también otras mierdas que no atraían a los peces, como por ejemplo helado. Por eso tienen esa obesidad mórbida los pobres angelicos.

Vista desde el abrelatas
La noche empezaba a caer y llegó el momento de ir al otro rascacielos: el abrelatas. Es más alto que la perla de oriente, y tiene ese nombre por su arquitectura, en forma de abridor de botellas. Volvimos a la zona de rascacielos y pagamos 1200 Yuanes para acceder a la parte más alta del edificio. Nos costó encontrar la entrada porque está justo encima de un centro comercial, pero un segurata nos lo indicó tras enseñarle la foto del rascacielos que estaba pegada en la pared. Subimos en un ascensor ultramoderno y futurista, con colores dinámicos por todas partes. No se notaba mucho que subíamos a tal velocidad, excepto porque se nos taponaron los oídos. Ya arriba del todo las vistas eran espectaculares, pero a pesar de estar más alto que la perla de oriente no nos impresionó tanto. Y es que el suelo de cristal que tiene el anterior rascacielos es un puntazo. La forma inclinada de la parte superior del edificio hace que la perspectiva sea muy extraña, de hecho si hubiera sido un simulador hubiera pensado que estaban mal hechas las vistas. Además tiene tanto metal por todas partes que no paran de darte calambrazos por electricidad estática. Tras un rato tomando fotos bajamos hasta el bar, y bajando un poco más llegamos al centro comercial. 

El abrelatas
Como no queríamos que nos pasase lo del día anterior decidimos cenar en nuestro lado del río. Tomamos el metro y comimos algo en un Family Mark. Hacía frío y Hugo no se encontraba bien: se había enfriado con la cansina lluvia del día anterior. Así que no estuvimos parados mucho tiempo y nos dirigimos de nuevo a la vista de los rascacielos desde nuestro lado del río. Esta vez queríamos tomar fotos sin la niebla del día anterior. En ese trayecto recibí el primer ofrecimiento de masajes, y al rechazarlo me ofrecieron sexo. En esa primera ocasión fue un tío con pinta de chulo, pero todas las veces restantes iban a ser chicas de distintas edades bien arregladas. Estos ofrecimientos se sucedieron desde el río hasta bien entrados en la calle principal de Shanghai, donde buscábamos un sitio para cenar. Esta calle termina siendo peatonal y hay innumerables lugares para cenar y centros comerciales. Sin embargo los locales no tenían baño porque todos te remitían al propio centro comercial para hacer tus necesidades. Jose no pudo aguantar más y tuvimos que escoltarlo hasta un sucio callejón donde pudo soltar todo lo que llevaba dentro, que era mucho. Pablo y yo pudimos aguantar un poco más y encontramos el baño, que estaba extremadamente sucio. Estaba más limpio el callejón donde meó Jose. Ya más tranquilos cenamos comida china en un local y volvimos al hotel, que resultó estar muy cerca de la calle principal, más de lo que pensábamos.

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