martes, 6 de mayo de 2014

Comprar el billete a Shanghai y más sobre el hotel Xiao Yuan

Siguiendo con los servicios del hotel Xiao Yuan, nos pidieron 200 Yuanes de fianza. En realidad creo que esto es la tónica general en todos los hoteles, porque en Shanghai también nos pidieron la misma cantidad. Pero como fuimos buenos nos devolvieron la cantidad integra en ambos. Cierto es que dejan botellas de agua de litro y medio en las mesas de las habitaciones, así como chocolatinas y algún aperitivo bastante tentador. A mitad de noche puede apetecer un buen trago de agua mineral, y eso que se lleva el hotel, que luego te lo descuenta de la fianza. Los precios no son muy abusivos, pero saben que los turistas vamos advertidos de la baja calidad del agua del grifo que hay en China. 



Yo fui muy precavido y me compré todas las noches una botella pequeña de agua para beber, pero también para lavarme los dientes. Y es que no se recomienda ni hacer eso con agua del grifo. Pablo y Jose pasaron de la recomendación sin consecuencias, y yo solo lo hice a los 5 o 6 días, al ver que ellos no pasaban a menudo por el señor roca. Sin embargo el día siguiente para mí fue un día de carreras en busca de retretes. Mi estómago es todo un señorito. Luego están las trampas al comprar agua: vas a comprar el líquido básico y puedes acabar comprando botellas con un líquido parecido al aquarius, o incluso agua con gas. Hay que estar ojo avizor para no equivocarte.

Largas colas para comprar billetes
Pero volviendo al hotel, nos hicieron un gran favor ese día, aunque pagamos 60 yuanes extra por persona. Teníamos solo una semana de viaje, y acabábamos de llegar pero al día siguiente ya teníamos la intención de ir en tren a Shanghai. Los impedimentos para comprar un billete de tren chino por Internet son numerosos: que si dirección china, que si cuenta corriente china, que si correo electrónico chino. Y además sólo se puede con 14 días de antelación, así que durante la planificación del viaje decidimos comprarlo durante nuestra estancia allí. Llevábamos impresos los listados de trenes que salían ese día de Beijing a Shanghai, y los de vuelta de dos días más tarde. Teníamos señalados los trenes que queríamos tomar, y se lo hicimos saber a la guapa chinita de recepción. Nos cobró unos 142€ por cabeza, y ella se encargó de todas las gestiones. No perderíamos tiempo en la estación buscando la taquilla, ni guardando cola, ni buscando algún taquillero que entendiese nuestro inglés del Pinseque bajo.

Por fin entramos en las habitaciones, de las que ya hablé en algún post interior. Una era para Hugo y Yohana, y la otra para Jose, Pablo y yo. Jose cogió la cama individual y yo compartí la de matrimonio con Pablo. Realmente me habían advertido de la dureza de los colchones chinos, que tuviera cuidado y no me lanzase a la cama como un animal porque peligraban mis riñones. Pero no era para tanto, quizás es que como con la comida, no soy muy exigente tampoco con los hoteles. La habitación no tenía divisiones, la única era para acceder al pequeño baño. Pequeño pero bien aprovechado, porque el lavamanos estaba dentro de la propia ducha, separados ambos por una mampara del retrete. 

Y sin más preámbulos (ya han sido unos cuantos), y sin haber dormido durante tantas horas, nos adentramos por fin a conocer Beijing. Nuestra primera parada sería la Plaza de Tian'anmen.

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