viernes, 2 de mayo de 2014

El hotel y el cambio de moneda

Nos sorprendió nuestro primer contacto con la ciudad. No era tan diferente a cualquier ciudad occidental. Tal vez estaba un poco mas sucia, pero también hay en Europa ciudades poco aseadas. Había muchas letras chinas, sí, pero también bastantes con idioma inglés. La calle principal por donde avanzábamos era tremendamente ancha, una gran avenida en cuyos cruces con otras se podía pasar andando por encima de la carretera, gracias a pasarelas peatonales en forma de equis.

Habitación del hotel
En uno de estos cruces giramos a la izquierda y en pocos minutos entramos en una zona de 'hutongs'. Los hutongs son callejuelas más estrechas con mucho encanto. Esto sí que era ya algo más chino, algo más típico y local. En ellas se puede caminar por en medio del asfalto, aunque se corre el peligro de ser arrollado por las muchas motos eléctricas que hay en la ciudad. Son rápidas y silenciosas, algo que multiplica el peligro exponencialmente porque no las oyes llegar. Eso nos sorprendió mucho: la cantidad de vehículos eléctricos. Y que los motoristas no llevan casco, eso es impensable en Europa occidental. El hotel Xiao Yuan Alley Courtyard estaba en un sitio perfecto: en una zona de hutongs, pero a dos minutos de las grandes avenidas y a unos quince de la parada de metro más cercana. En las calles que rodeaban el hotel las casas eran bajas, de dos o tres pisos como mucho, mientras que en las avenidas encontrábamos edificios de más de diez pisos. Era un contraste brutal. Era como pasar de una gran ciudad a un pueblo. 

Puerta del hotel
Antes de dormir nos dábamos paseos por estos hutongs. Nosotros no vimos peligro alguno a pesar de ser ya de noche, al contrario, se veían gentes llevando su vida. Timbas de cartas sobre mesas improvisadas que agrupaban a curiosos chinos, o aquel extraño juego de mesa con fichas parecidas a las damas pero más grandes. Niños jugando, vendedores a pie de calle con locales abiertos, pequeños templos, construcciones cuyos andamios estaban formados por cañas. Los paseos eran muy agradables, sobre todo porque de noche no pasan tantas motos.

Y el hotel lo gestiona una familia. Hablan todos un perfecto inglés y son muy amables. Nosotros llegamos muy pronto y nuestras habitaciones todavía no estaban listas, pero nos guardaron las maletas mientras nosotros volvíamos al banco de China para cambiar Euros por Yuanes a un precio razonable. En el hotel no cambiaban dinero en contra de lo que nosotros esperábamos. La relación calidad/precio nos pareció muy bien, las habitaciones eran muy limpias y con decoración muy oriental. Nos dejaron palillos chinos como regalo, y el hotel contaba con un bar en el que cada día había una oferta: de 16 a 18h siempre había dos por uno en cerveza local (15 Yuanes la jarra, estaba rica, era muy suave y entraba como el agua), y unos días 50% de descuento en pizza, otros en sandwiches, otros en hamburguesa. Había comida occidental como podéis apreciar, y aunque estaba buena no había mucho donde elegir. Conste que yo con la comida soy fácil de contentar y no muy exigente. Además había un patio justo debajo del bar con unos sofás que daban a puertas de otras habitaciones, muy rústico y recomendable.
Partidica en un Hutong

Pero volviendo al banco de China, llegamos cuando quedaban dos minutos para su apertura, y en eso son muy serios. A veces hasta se pasan de puntuales llegando con demasiada antelación, eso nos ocurrió con el guía que nos llevó a la muralla, de lo que hablaré en artículos posteriores. Llegadas las 11 abrieron y entramos en el banco. A la derecha había como una pequeña recepción y nos dirigimos allí para expresar nuestra intención de cambiar Euros. Nos pidieron nuestros pasaportes y nos hicieron rellenar un formulario con nuestros datos, entre los que incluía la dirección de nuestro hotel. El cambio era bueno: 8.3 Yuanes por Euro, y sin comisión. Muy cerca de los 8.5 que ponía en Internet. Tras rellenar el formulario nos dieron una copia y nos hicieron esperar a que nos llamaran desde una de las taquillas que estaban al fondo. Allí repasaron nuestros pasaportes de nuevo, nos hicieron rellenar otros datos (como nuestro móvil) y comprobaron la validez de nuestros billetes de Euro como 5 o 6 veces. Miraban la foto de nuestro pasaporte y nos miraban a nosotros algo desconfiados. Tras unos 10 minutos de comprobaciones empezaban a contar el dinero que nos iban a dar, y tras este tedioso y pesado proceso por fin nos daban el cambio. Para terminar nos pedían que valorásemos el trabajo de la funcionaria, que eran mujeres en su gran mayoría.
Mucha burocracia, pero lo habíamos conseguido: teníamos Yuanes. El que peor lo pasó fue Jose, que como no sabía nada de inglés y el proceso era individual, entenderse con su interlocutora china fue misión casi imposible. Desde mi taquilla lo veía gesticular y jurar en Español del norte la falta de comprensión entre él y los empleados del banco. Le costó un poco más, pero el lenguaje universal de los gestos terminó por ayudarle.


Volvimos al hotel, donde por fin tendrían preparadas nuestras habitaciones.

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