miércoles, 14 de mayo de 2014

La perla de oriente

Amanecimos a las 8:30 de la mañana y afortunadamente las niebla había desaparecido. Eso era fundamental para poder disfrutar de las vistas desde los rascacielos de Shanghai. Teníamos pensado subir a dos de ellos, uno de día y otro de noche. Nuestra primera elección fue la perla de oriente, el rascacielos de las bolas, la torre de televisión de Shanghai y uno de los grandes símbolos de la ciudad.

Así que nos dimos prisa, desayunamos con rapidez en un Family Mark y la línea 2 del metro nos dejó en la zona de los rascacielos. La temperatura acompañaba y eso ayudaba a que hubiera bastante gente con intención de subir, además de que era domingo. Pagamos 120 Yuanes para acceder a la segunda de las bolas porque no nos compensaba el precio de subir hasta arriba del todo. Con nuestra entrada en la mano nos dirigimos al acceso a la torre, mientras Yohana nos esperaba abajo. En ese trayecto nos dimos cuenta de que había una especie de viaje del inserso chino, en el que docenas de decrépitos ancianos con gorra roja se disponían también a subir. Llevaban gorras de colores para distinguir a los distintos grupos de los viajes organizados. Fuimos astutos y aprovechamos nuestra mejor condición física para adelantarnos, pero con la habilidad que nos caracteriza nos paramos a que nos hicieran una foto de esas con fotógrafo y una pantalla verde de fondo. Lo que viene siendo un croma en el que sustituyen ese fondo verde por la imagen de la perla de oriente. En ese periodo nos adelantó todo el grupo de gorras rojas, y los tuvimos que sufrir durante la media hora que tardamos en llegar al ascensor. 

Sin embargo aún tuvimos suerte porque la infraestructura destinada a la fila era mucho mayor de lo necesario, con lo que entiendo que hay momentos en los que aquello tiene que ser infernal. Esos hierros que marcan una fila serpenteante como en Port Aventura estaban prácticamente vacíos. Por fin conseguimos subir en el ascensor a la bola y comenzaron una serie de fotos espectaculares. Dimos varias vueltas a la misma para apreciar todos los puntos panorámicos que nos ofrecía la altura. Pero lo mejor fue al bajar unas escaleras que llevaban a la parte inferior de la bola: tenía el suelo de cristal y se podía pasear por encima. La impresión era brutal, hasta tal punto que costaba al principio fiarse de que no se iba a desplomar haciéndonos caer desde unos 200 metros. Tras capturar con nuestras cámaras esa sensación, bajamos en busca de Yohana de nuevo. De camino compramos la foto con el croma, como si no tuviéramos fotógrafos entre nosotros. La verdad es que la foto tenía su gracia.

Nuestro próximo destino era Century Park, un parque que estaba en línea recta desde la perla de oriente. A mitad de camino decidimos darnos un homenaje en una cara hamburguesería de la zona, que era muy parecida al Foster's Hollywood. A pesar del precio (unos 10€ por hamburguesa) disfrutamos de la comida como enanos. Pablo calificó su hamburguesa como "la mejor que se había comido en su puta vida". Seguimos nuestro camino y comprendimos que estaba más lejos de lo que pensábamos, así que cogimos de nuevo el metro para acceder a la misma puerta del parque. 

Vistas desde la bola
El Century Park es enorme, y nosotros entramos por la puerta 7 tras pagar 10 Yuanes de entrada. En el camino desde las taquillas a la entrada se posicionaban numerosos vendedores ambulantes: desde comida hasta animales en sitios ultra reducidos (hamsters, conejos, tortugas) y también algunos donde practicar la puntería con pistolas de balines. En ese lugar también olimos una esencia parecida a la mierda. Resulta ser algo que comen los chinos en los puestos ambulantes, pero que desprende un nauseabundo olor que a nosotros nos producía una profunda repulsión. No obstante a ellos les gusta mucho, porque lo encontramos en numerosos puntos de la ciudad.

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