lunes, 25 de agosto de 2014

Nueva etapa


Hoy es un día importante para mí. Hoy doy un paso más en mi objetivo de una vida minimalista y sostenible. Hoy me dan las llaves de mi nuevo piso. Alquilado. Al lado de mi trabajo actual. En un pueblo a unos 15 minutos en coche de Zaragoza y a 5 en bicicleta de mi trabajo.

Estoy ampliamente ilusionado con esta nueva etapa. Pero también estoy un poco triste porque me separo de mi hermano. Siempre hemos vivido juntos y nos emancipamos de las faldas de mama y papa hace unos cuatro años para compartir piso. Es algo natural, es algo que tiene que ocurrir en el transcurso natural de las cosas. Por eso es una tristeza relativa, porque es bueno saber que los dos evolucionamos.

jueves, 21 de agosto de 2014

Apps en busca de la productividad

Aunque muchas veces tenemos la mejor intención de realizar un buen trabajo no siempre lo conseguimos. Somos seres con ansias de terminar cuanto antes, y esas ganas son las culpables de no aprovechar nuestro tiempo al máximo. Nuestra mente dibuja un resultado final en un minuto, cuando en realidad lo necesario para alcanzarlo son semanas de duro trabajo. Eso nos empuja a hacer mal las cosas.

La organización es algo muy importante. Nuestra memoria es algo mágico, una herramienta espectacular, pero la sobrevaloramos. Somos seres humanos. Cometemos errores por naturaleza. Olvidamos cosas.

Por eso es importante contar con aplicaciones externas que nos ayuden a materializar nuestros objetivos. Organizarnos es fundamental, pero debemos encontrar un término medio en el que el tiempo de preparación de nuestras acciones no supere el tiempo que nos costará acometerlas.

Quiero recomendaros cuatro aplicaciones on-line. Podréis usarlas tanto en vuestro móvil Android como en vuestro ordenador. Gestionaréis vuestro tiempo mejor y nada se os escapará. Son totalmente gratuitas, aunque necesitaréis registraros en diversas Webs:

martes, 19 de agosto de 2014

Itinerario por el norte

Selva de Irati
He vuelto por fin de mi segunda semana de vacaciones. Esta vez ha sido un poco más movidita y no hemos establecido un lugar fijo donde dormir. Ese es uno de los grandes encantos del camping, que puedes ver cosas durante el día sin saber donde vas a pasar la noche. Han sido nueve días de pura improvisación por culpa/gracia de la meteorología. Las lluvias nos obligaron a abandonar la costa cantábrica para buscar cobijo entre las montañas leonesas. Vaya cambio en pocos kilómetros.

Empezamos el viaje en Zaragoza en dirección a la Selva de Irati, uno de los mayores hayedos de Europa que se extiende por Navarra traspasando la frontera francesa. El camping Urrobi fue con diferencia el mejor de todas las vacaciones. Su césped era como una alfombra y estaba cuidado hasta el máximo detalle. En él nos tumbamos sin miedo: sin piedras, sin apenas bichos, fresco... Jugamos descalzos a las palas sin miedo a pisar guijarros que nos arruinaran las vacaciones. Al día siguiente nos esperaba la famosa Selva. Es una de las grandes maravillas de la península, aunque no la pudimos disfrutar en su totalidad por la falta de tiempo. Nos desplazamos allí con la furgoneta y sacamos nuestras bicicletas de montaña para hacer una ruta que transcurría por las orillas del pantano. Comimos en mitad del camino y seguimos por su sinuosas pendientes.

Covadonga
La siguiente parada fue Castro Urdiales. Este gran pueblo que es casi ciudad nos recibió con lluvia y nos despidió con ella. Poco podemos contar pues de esta zona, que no nos ofreció más que una bonita panorámica de la costa desde lo alto de un camping colocado en una ladera de pendiente enfilada. Así que nos dirigimos directamente a Gijón al día siguiente.

El camping estaba en la misma orilla del mar. Desde allí divisábamos todo el paseo marítimo donde las olas rompían enfurecidas, llegando en algunos casos a una altura mayor que la de un hombre. La ciudad nos sorprendió gratamente cuando recorrimos el paseo con nuestras bicis. Una ciudad para la bicicleta. Llegamos al parque de la otra punta y meditamos unos minutos entre risas. Vimos alguna exposición y terminamos cenando en un vegetariano. La noche era bien cerrada a nuestra vuelta a la tienda de campaña.

León
Y el siguiente día estaba bien marcado en el calendario: los lagos de Covadonga. Nuestro desconocimiento hizo que pagáramos la novatada al intentar llegar con el coche hasta arriba. Afortunadamente para el medioambiente hay que pagar para ello, y así lo hicimos. Un paseo por las minas y los lagos en un marco incomparable. Y de vuelta la Santina nos recibió con los brazos abiertos. Bajamos y volvimos a Gijón. Nuestros planes de cenar con sidra se desvanecieron ante una ventolera capaz de desmontarnos la tienda. Gracias a nuestros vecinos leoneses que nos clavaron bien la tienda en nuestra ausencia pudimos dormir tranquilos. La lluvia azotaba sin descanso mientras en la oscuridad del mar las luces de un helicóptero remolcaban la embarcación de un pescador despistado, incapaz de volver a la orilla por sus medios.

Fagus
Y nuestros vecinos nos recomendaron León. Allí no llovía. Allí nos fuimos. Vegacervera escondía tras el peligroso puerto de Pajarés un camping bueno, bonito y barato. Acampamos allí y nos dirigimos al otro lado de la montaña. En Ciñera de Gordón comimos antes de hacer una ruta que no haríamos hasta el día siguiente. Lo descartamos porque era tarde, así que decidimos ir a León capital. Los leoneses son gente muy curiosa y dicharachera. Les gusta mucho relacionarse y son amables y serviciales con los turistas. En León paseamos por los aledaños de su catedral y visitamos algún que otro museo. Finalizamos la visita con una buena ración de papas bravas. León en bicicleta mola.

Cueva de Valporquero
Con el nuevo día volvimos a Ciñera para visitar el Faedo. Es un pequeño hayedo con un encanto brutal. Sus historias de brujas de buen corazón nos conquistó, así como Fagus, un árbol de más de 500 años de antigüedad cuyos vecinos humanos lo cuidan tanto que me dan envidia. Más allá seguimos por el interior de un barranco que no desmereció en absoluto. Un lugar idílico. Por la tarde comimos y visitamos la cueva de Valporquero, una cueva que pasa por debajo del pueblo del mismo nombre. Espeleología por cuatro duros, un buen guía, espectaculares estalagtitas de todo tipo, y algo distinto para aquellos que no sufrimos claustrofobia. Y al salir subimos a lo alto del pueblo, que lo llaman atalaya. Para terminar el día paseamos por las hoces de Vegacervera, un barranco por el que pasa la carretera.

Atapuerca
Y al día siguiente dirección Burgos parando en Palencia. Decepcionante la capital palentina, de la que yo personalmente esperaba mucho más. Burgos nos encantó. Su catedral, sus puentes, su museo de la evolución humana. No es tontería que sea patrimonio de la humanidad. Y llegamos de noche al camping de Villasur de Herreros, donde eran fiestas. Los campistas jóvenes disfrutaban de una juerga 24 horas, y no se cortaban en gritar fuera la hora que fuera. No es una queja, es un hecho. Dormimos para levantarnos y comenzar la vía verde que pasa cerca del pueblo. Os lo repito, llevad bici siempre. Unos cuantos kilómetros para darle caña a nuestras piernas y de vuelta al camping para comer. Sin tiempo de siesta visitamos Atapuerca y sus yacimientos, para luego ver su parque arqueológico. Todo un espectáculo de conocimiento y práctica, sobre todo gracias a un guía que nos hizo vivirlo de sobremanera. Ese Sergio merece una mención a parte. Vimos como cazaban nuestros antepasados, cómo fabricaban herramientas, como hacían fuego... y todo de forma práctica. La teoría sola acaba por morir. Por la noche nos acercamos a Villasur para ver a los Hermanos Calatrava, humoristas intemporales que actuaban allí. Participamos en el bingo del pueblo y comimos unos gofres. 

Y llegó el día de volver a Zaragoza. Por el camino paramos en Logroño para comer en la calle Laurel. Tapas vegetarianas es posible, y deliciosas. Y finalmente llegamos a nuestra ciudad. Nueve días espectaculares, con una gran compañía y un itinerario altamente recomendable. Os animo a que lo hagáis si os gusta ir de camping. Mis primeras vacaciones sin carne.

jueves, 7 de agosto de 2014

Cualquiera te puede convencer de cualquier cosa


Cambiar de hábitos alimenticios no es nada fácil. La sobreinformación es tan peligrosa o más que la desinformación, y hoy gracias a Internet tenemos acceso a toneladas de la ella. Por eso a veces me siento un poco perdido. Leo esto en esta Web y al día siguiente encuentro lo opuesto en un blog... Es complicado.

Pienso que cualquiera te puede convencer de cualquier cosa en Internet. Eso lo hace muy peligroso. Existen en Youtube miles de documentales hablando de distintos temas, y hay que tener cierta personalidad para no caer en la trampa.

Todos tienen sus argumentos y en la vida no todo es blanco o negro como decían en "El otro lado de la cama". Por supuesto que ningún extremo es bueno, y para dejarse llevar por alguien en esa posición hay que tenerlo muy claro.

martes, 5 de agosto de 2014

Surfing again


Este año he vuelto a surfear, y lo he hecho en el mismo lugar que el año pasado. Ajo es un pueblo de la costa de Cantabria que tiene un gran atractivo natural. Tiene un par de calas espectaculares para el baño y la práctica del Surf, y un entorno precioso. El cabo de Ajo es la parte más alta de la provincia de Cantabria y la ría que se mete en la tierra justo a su lado también te deja con la boca abierta. Algunas de sus panorámicas son dignas de salir en películas fantásticas.

BookCrossing, a la caza de libros


En las vacas flacas es cuando apretamos más nuestro ingenio para sacar ideas tan brillantes como esta. Se trata de registrar en una página Web los libros que te hayan gustado y escribir en ellos un código que te dan. El siguiente paso es abandonar el libro en cualquier sitio. Lo más romántico parece ser el banco de un parque o una mesa en una cafetería. Cuando alguien lo recoja verá la dirección de la página Web, e introduciendo en ella el código del libro podrá dejarte un mensaje. Ese mensaje llegará a tu correo electrónico, y el usuario que lo ha escrito volverá a abandonar el libro en alguna parte.

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