martes, 19 de agosto de 2014

Itinerario por el norte

Selva de Irati
He vuelto por fin de mi segunda semana de vacaciones. Esta vez ha sido un poco más movidita y no hemos establecido un lugar fijo donde dormir. Ese es uno de los grandes encantos del camping, que puedes ver cosas durante el día sin saber donde vas a pasar la noche. Han sido nueve días de pura improvisación por culpa/gracia de la meteorología. Las lluvias nos obligaron a abandonar la costa cantábrica para buscar cobijo entre las montañas leonesas. Vaya cambio en pocos kilómetros.

Empezamos el viaje en Zaragoza en dirección a la Selva de Irati, uno de los mayores hayedos de Europa que se extiende por Navarra traspasando la frontera francesa. El camping Urrobi fue con diferencia el mejor de todas las vacaciones. Su césped era como una alfombra y estaba cuidado hasta el máximo detalle. En él nos tumbamos sin miedo: sin piedras, sin apenas bichos, fresco... Jugamos descalzos a las palas sin miedo a pisar guijarros que nos arruinaran las vacaciones. Al día siguiente nos esperaba la famosa Selva. Es una de las grandes maravillas de la península, aunque no la pudimos disfrutar en su totalidad por la falta de tiempo. Nos desplazamos allí con la furgoneta y sacamos nuestras bicicletas de montaña para hacer una ruta que transcurría por las orillas del pantano. Comimos en mitad del camino y seguimos por su sinuosas pendientes.

Covadonga
La siguiente parada fue Castro Urdiales. Este gran pueblo que es casi ciudad nos recibió con lluvia y nos despidió con ella. Poco podemos contar pues de esta zona, que no nos ofreció más que una bonita panorámica de la costa desde lo alto de un camping colocado en una ladera de pendiente enfilada. Así que nos dirigimos directamente a Gijón al día siguiente.

El camping estaba en la misma orilla del mar. Desde allí divisábamos todo el paseo marítimo donde las olas rompían enfurecidas, llegando en algunos casos a una altura mayor que la de un hombre. La ciudad nos sorprendió gratamente cuando recorrimos el paseo con nuestras bicis. Una ciudad para la bicicleta. Llegamos al parque de la otra punta y meditamos unos minutos entre risas. Vimos alguna exposición y terminamos cenando en un vegetariano. La noche era bien cerrada a nuestra vuelta a la tienda de campaña.

León
Y el siguiente día estaba bien marcado en el calendario: los lagos de Covadonga. Nuestro desconocimiento hizo que pagáramos la novatada al intentar llegar con el coche hasta arriba. Afortunadamente para el medioambiente hay que pagar para ello, y así lo hicimos. Un paseo por las minas y los lagos en un marco incomparable. Y de vuelta la Santina nos recibió con los brazos abiertos. Bajamos y volvimos a Gijón. Nuestros planes de cenar con sidra se desvanecieron ante una ventolera capaz de desmontarnos la tienda. Gracias a nuestros vecinos leoneses que nos clavaron bien la tienda en nuestra ausencia pudimos dormir tranquilos. La lluvia azotaba sin descanso mientras en la oscuridad del mar las luces de un helicóptero remolcaban la embarcación de un pescador despistado, incapaz de volver a la orilla por sus medios.

Fagus
Y nuestros vecinos nos recomendaron León. Allí no llovía. Allí nos fuimos. Vegacervera escondía tras el peligroso puerto de Pajarés un camping bueno, bonito y barato. Acampamos allí y nos dirigimos al otro lado de la montaña. En Ciñera de Gordón comimos antes de hacer una ruta que no haríamos hasta el día siguiente. Lo descartamos porque era tarde, así que decidimos ir a León capital. Los leoneses son gente muy curiosa y dicharachera. Les gusta mucho relacionarse y son amables y serviciales con los turistas. En León paseamos por los aledaños de su catedral y visitamos algún que otro museo. Finalizamos la visita con una buena ración de papas bravas. León en bicicleta mola.

Cueva de Valporquero
Con el nuevo día volvimos a Ciñera para visitar el Faedo. Es un pequeño hayedo con un encanto brutal. Sus historias de brujas de buen corazón nos conquistó, así como Fagus, un árbol de más de 500 años de antigüedad cuyos vecinos humanos lo cuidan tanto que me dan envidia. Más allá seguimos por el interior de un barranco que no desmereció en absoluto. Un lugar idílico. Por la tarde comimos y visitamos la cueva de Valporquero, una cueva que pasa por debajo del pueblo del mismo nombre. Espeleología por cuatro duros, un buen guía, espectaculares estalagtitas de todo tipo, y algo distinto para aquellos que no sufrimos claustrofobia. Y al salir subimos a lo alto del pueblo, que lo llaman atalaya. Para terminar el día paseamos por las hoces de Vegacervera, un barranco por el que pasa la carretera.

Atapuerca
Y al día siguiente dirección Burgos parando en Palencia. Decepcionante la capital palentina, de la que yo personalmente esperaba mucho más. Burgos nos encantó. Su catedral, sus puentes, su museo de la evolución humana. No es tontería que sea patrimonio de la humanidad. Y llegamos de noche al camping de Villasur de Herreros, donde eran fiestas. Los campistas jóvenes disfrutaban de una juerga 24 horas, y no se cortaban en gritar fuera la hora que fuera. No es una queja, es un hecho. Dormimos para levantarnos y comenzar la vía verde que pasa cerca del pueblo. Os lo repito, llevad bici siempre. Unos cuantos kilómetros para darle caña a nuestras piernas y de vuelta al camping para comer. Sin tiempo de siesta visitamos Atapuerca y sus yacimientos, para luego ver su parque arqueológico. Todo un espectáculo de conocimiento y práctica, sobre todo gracias a un guía que nos hizo vivirlo de sobremanera. Ese Sergio merece una mención a parte. Vimos como cazaban nuestros antepasados, cómo fabricaban herramientas, como hacían fuego... y todo de forma práctica. La teoría sola acaba por morir. Por la noche nos acercamos a Villasur para ver a los Hermanos Calatrava, humoristas intemporales que actuaban allí. Participamos en el bingo del pueblo y comimos unos gofres. 

Y llegó el día de volver a Zaragoza. Por el camino paramos en Logroño para comer en la calle Laurel. Tapas vegetarianas es posible, y deliciosas. Y finalmente llegamos a nuestra ciudad. Nueve días espectaculares, con una gran compañía y un itinerario altamente recomendable. Os animo a que lo hagáis si os gusta ir de camping. Mis primeras vacaciones sin carne.

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