jueves, 18 de septiembre de 2014

Bidirección cuerpo-mente


Está más que demostrado que la conexión entre nuestro cuerpo y nuestra mente es bidireccional. Esto quiere decir que lo que pensamos se plasma directamente en nuestro lenguaje corporal y verbal, pero también al revés, es decir, si actuamos de una determinada forma durante un tiempo prolongado puede tener consecuencias en nuestro modo de pensar.

Eso es importante porque, si os fijáis cuando alguien mantiene una conversación con otra persona, se puede descifrar su estado mental. Si cruzan los brazos, se meten las manos en los bolsillos o se balancean es un claro síntoma de inseguridad. Si por el contrario se les ve relajados ocupando un amplio espacio denota una gran seguridad.


A lo que voy es que hay ciertas cosas que se pueden corregir. Mucha gente se come las uñas fruto del nerviosismo o la inseguridad, y yo he tenido muchas temporadas en las que lo he hecho. Una vez que tienes esa costumbre es muy complicado quitársela, pero los beneficios de hacerlo merecen la pena. Por un lado tus manos van a dar una imagen mejor, y por otro le estas demostrando a tu mente quien manda. Conseguir no comerse las uñas es un primer paso para acercarse de lleno a la autoestima.

Pero... ¿qué podemos hacer para conseguir este claro ejemplo de comunicación cuerpo-mente? Supongo que hay varios métodos. Recuerdo una amiga mía que se ponía una especie de potingue en las uñas que sabía a rayos, y así al llevárselo a la boca le producía repulsión. Pero ni siquiera eso fue capaz de frenar su voracidad. Os voy a contar el mío.

En el momento en que me lo propuse decidí elegir elegir un día de la semana, que casualmente fue tal día como hoy, un jueves. Entonces pensé que sólo me permitiría comerme las uñas los jueves. Los primeros días fueron especialmente difíciles. No paraba de mirarme las uñas sin parar, viendo como crecían poco a poco. Incluso llegué a marcarlas sólo, sin morder, como un perro amaestrado. Y el miércoles por la tarde ya estaba ansioso y deseoso, y finalmente llegó el jueves. Ya por la mañana acabé con todas. Demasiada espera para tan poco tiempo de "disfrute". Y vuelta a esperar al siguiente jueves.

Pero ya todo fue distinto. Hasta el martes no fui consciente de lo cerca que estaba el jueves. Y cuando llegó ya no fue un deseo, sino una obligación. De hecho solo me corté las de la mano izquierda para aprovechar las de la derecha para tocar mejor la guitarra. Las uñas habían crecido menos que la semana anterior, supongo que el cuerpo se acostumbraba a no regenerar tan rápido.

Este reto ha reforzado mi autoestima. Esta demostrado que actuando como quieres ser te puedes llegar a convertir en aquello en que deseas.

PD: Lo siento por la guarrería del tema :)

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