miércoles, 3 de septiembre de 2014

Evaluación continua


Hoy es mi cumpleaños. Es una fecha señalada en el calendario por todos. Me refiero al cumpleaños de cada uno, no al mío.

Parece que cuando cumplimos años tendemos a hacer borrón y cuenta nueva. Pero también lo hacemos el primer día del año, a la vuelta de vacaciones o todos los lunes. Siempre queremos empezar de nuevo y olvidar un poco lo que hemos hecho hasta ahora. Buscamos cambiar y mejorar, y para ello nos impulsamos con marcas en el calendario. Esas marcas son hitos ficticios creados por nuestra cultura, pero en realidad no existen.


La tierra no entiende de cumpleaños, ni de lunes. Nuestro cuerpo no entiende de cumpleaños. Somos una evolución continua, una línea de tiempo ininterrumpida en la que seguimos siendo los de siempre. Un cumpleaños es un día como otro cualquiera por mucho que nos empeñemos. Es un día más.

Y en ese caminar secuencial tenemos que ser conscientes de nuestro cuerpo. Porque es un regalo caduco que hay que cuidar.

Estaba de viaje con un amigo. El camino era largo y partimos temprano en la mañana, yo al volante y mi amigo de copiloto. Pasadas las dos horas de camino mi amigo se iba a encender el cuarto cigarrillo en el camino. Hacía años que le escuchaba el deseo de dejar de lado ese maldito vicio. Terminó el cigarro y seguidamente sacó otro para encenderlo. En ese momento paré el coche y lo coloqué en un área de descanso. Mi amigo me miró extrañado mientras yo bajaba del auto, abría el maletero y sacaba el gato hidráulico.
Lo estampé contra la luna delantera, que se resquebrajó en millones de pequeños cristalitos. Mi amigo se protegió y gritó, saliendo del coche y gritándome que si estaba loco. Seguidamente saqué una navaja. Mi amigo reculó asustado, pero yo sólo quería reventar las dos ruedas traseras del coche. Así lo hice.
Guardé el gato, cerré el maletero y monté de nuevo en mi sitio tras apartar los cristales del asiento. Mi amigo montó reticente, confuso por lo que había pasado. Arranqué y seguimos nuestro camino. Cuando me volvió a preguntar le contesté.
Tenemos un largo camino por delante, y ahora el coche está en unas condiciones lamentables. No podemos correr demasiado y hace frío en el interior. Pero inicialmente el coche estaba perfecto para el camino. Los excesos se pagan amigo, yo he disfrutado con este instinto destructor, pero ahora tendré que pagar las consecuencias. La vida es un largo camino, y tu cuerpo es como el coche que te va a llevar. Yo ahora pagaré y arreglaré el desperfecto, pero... ¿cómo vas a arreglar tu cuerpo cuando ya no puedas respirar o correr?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por comentar!!

Post Relacionados:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger…