miércoles, 10 de septiembre de 2014

La que siempre nos juzga


Siempre queremos lo mejor para nosotros mismos. Nuestra intención es siempre mejorar, y lo proclamamos a los cuatro vientos. Comentamos con nosotros mismos o con los demás que a partir de ahora vamos a... hacer más ejercicio, comer más sano, no mordernos las uñas...

Pero luego la cosa se complica. Existe una comunicación con la mente que es muy importante y que suele fallar muchas veces. Nuestra mente todo lo ve y todo lo sabe. No se olvidará de que hemos sido débiles en un momento determinado. Es capaz de echar un objetivo por tierra por un pequeño detalle.

Es el peor de los examinadores porque va siempre con nosotros. Además nuestro inconsciente lo percibe todo, así que encima es más atenta que nosotros. Pongamos un ejemplo.


Si yo he decidido comer sano durante esta semana es muy posible que llegué hasta el miércoles cumpliendo bien mis objetivos. Estoy alerta y con ganas, y el jueves ya tengo esa sensación de haber conseguido algo. De repente llego al trabajo ese día y es el cumpleaños de un compañero de trabajo. Ha traído magdalenas de chocolate. Tú sabes que no debes comerlas, está en contra del objetivo que te has marcado. Pero no vas a ser tan tajante, ¿no? Es un cumpleaños y todo el mundo come, ¿vas a hacerles ese feo? Además por una magdalena no pasa absolutamente nada, después puedes seguir con tu objetivo. Y te la comes. E intentas seguir con tu objetivo.

Pero tu mente ya a tomado nota. Tú sabes que quieres seguir comiendo sano, pero ella ya sabe que eres débil, que quizás no te importe tanto ese objetivo. Es entonces cuando las tentaciones aumentan y no eres tan fuerte. Acabas por ceder, y si no lo haces llegas a trancas y barrancas al final de la semana. Tu mente te recuerda esa magdalena una y otra vez. Y en realidad no era un dulce, era un símbolo de debilidad.

Lo que hacemos es una comunicación directa con nosotros mismos. Parece que cuando estamos solos tenemos algo más de libertad a la hora de conseguir un objetivo. Después de todo si patinamos no lo contamos y listo, ¿no? Nadie nos ha visto, así que... Pero no es así. Nuestros actos deben ser consecuentes con lo que queremos conseguir en todo momento.

El decir que no a esa magdalena es decirle a tu mente que el que manda eres tú. Y acabarás siendo el único rancio que no come en el cumpleaños, pero por dentro sabes que has ganado una batalla. Y la siguiente será más fácil.

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