viernes, 24 de octubre de 2014

Enfadarse es estar loco

Enfadarnos es parte de naturaleza. Es normal que nos enfademos de vez en cuando, porque es un modo de sacar a fuera todo lo que nos reconcome por dentro. Pero... ¿no os habéis dado cuenta de que enfadarse por tonterías es estar completamente loco?

Pues a esa conclusión he llegado yo esta semana. Cuando nos enfadamos nos olvidamos de que vamos a morir algún día. Nos olvidamos de que cada segundo es único y que cuando pasa ya no vuelve. Al olvidarnos de esto actuamos como si fuéramos inmortales, alejándonos de la realidad por completo. ¿Acaso estar fuera de la realidad no es estar loco?

El lunes fui a jugar un partido de fútbol en el que perdimos estrepitosamente. Como a todo el mundo, no me gusta nada perder, y más cuando es con claridad. Además hubo una jugada en la que toqué fondo: un jugador del otro equipo me hizo un caño, y yo cabreado volví con toda mi rabia para llevarme otro túnel todavía más humillante. Y a eso le sumamos las mofas del banquillo contrario. Pedí el cambio unos minutos después, y entonces me puse a pensar en que no estaba enfadado: estaba LOCO!

Ese pensamiento mágico hizo que mi rabia se rebajase a cero, y entonces volví a estar cuerdo.

martes, 21 de octubre de 2014

Yo salvé a un caracol

El lugar donde lo dejé
Hacía ya tres días que mis zapatillas descansaban en la terraza de mi casa. Aquel día una tromba de agua inesperada me pilló por sorpresa empapándome por completo. Al llegar a mi casa lo primero que hice fue descalzarme e ir directo a la terraza, zapatillas y calcetines en mano, para dejarlo secar al aire libre.

Había pasado el tiempo suficiente para que aquellas zapatillas secaran bien, así que salí al balcón para ponérmelas de nuevo. Primero cogí la zapatilla izquierda y me la puse sin problemas, pero la oposición llegó al meter mi pie derecho en la zapatilla sobrante. Algo obstaculizaba mi dedo gordo y no dejaba que aquello encajase. Era bastante grande lo que había dentro, y aunque al principio pensé que podía ser una piedra me resultó extraño... ¿de donde había caído un cuerpo semejante? Había una mesa encima de las zapatillas, así que era improbable que hubiera caído allí fortuitamente. 

Antes de agitar y ver si caía algo, coloqué la zapatilla a la altura de mis ojos. Descubrí que descansaba allí un enorme caracol, que había encontrado en el asiento de mi dedo gordo su lugar de descanso. Podía haberlo cogido y tirarlo a la basura. Podía haberlo sacado de allí y lanzarlo al vacío para que su cáscara se rompiera en mil pedazos. Pero no lo hice. En cambio desarrollé una especie de cariño paternal hacia aquel pobre ser. Si me hubiera entendido le hubiera comentado mis planes para él. 

Lo saqué de ahí y me puse la zapatilla donde dormía. Salí de la terraza y atravesé la cocina para salir de casa. Bajé las escaleras y me planté con él en la calle. Crucé la carretera y llegué a un pequeño espacio arbolado con algo de césped sobre la tierra. Miré al suelo, intentando adivinar cual era el mejor sitio para mi pequeño invertebrado. Cuando lo decidí lo dejé allí, entre la hierba.

Sin más volví a mi casa. Yo salvé a aquel caracol, que seguramente no se enteró de nada. Es posible que yo le diera una nueva oportunidad de vivir sin que él fuera consciente, pero él también me dio cosas. Me ofreció la sensación de que fui importante para él. Me ofreció el pensamiento de que en un mundo donde no hay tiempo para nada, invertí unos minutos en ayudar a un molusco sin nombre. Me ofreció saber que un gesto que no pasará a la historia me puede reconfortar de una forma especial, haciéndome sentir libre e importante.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Lo que pienso tras dos meses de vegetarianismo


Han pasado muchas cosas desde el último día que escribí en el blog. Han pasado cosas sobre las que tenía ganas de expresar mi opinión, y hoy por fin puedo encontrar un momento para hacerlo. Llevo algo más de dos meses sin probar ni un gramo de carne ni pescado, y estoy orgulloso de ello. Ya he salido a cenar con amigos, compañeros y no tan amigos que me han planteado sus preguntas, como yo lo hice antes de decidir no volver a comer animales. Realmente no me importa hablar sobre el tema siempre y cuando se trate de una conversación informativa, porque no puede ser de otra forma: ni yo voy a volver a comer carne por lo que me digan, ni quiero convencer a nadie para que deje de hacerlo. Es simplemente el camino que he elegido, el ser coherente con mis pensamientos, el utilizar el poco poder del que dispongo para intentar que el mundo sea un poco más evolucionado. Hace unos días fui borde por primera vez, porque me canso de debates innecesarios contra los megáfonos.

lunes, 6 de octubre de 2014

El Universo no es infinito


Existen tres conceptos en la mente humana que aparecen de la nada, como inventados como por arte de magia. Uno de ellos es el infinito, que no existe. La gente pensaba que la tierra era plana, pero resultó ser redonda para demostrar que todo es tangible, que todo es medible. El universo también lo es. No sé como ni de que forma. Tal vez sea una esfera, igual que la tierra pero añadiendo una dimensión, o tal vez al llegar al final de él nos encontremos con una copia de nosotros mismos intentado salir de un universo contiguo, pero reflejado en espejo. No tengo ni idea de cómo, pero estoy convencido de que todo tiene un principio y un final. ¿O alguien puede decirme algo que sea infinito?

miércoles, 1 de octubre de 2014

Hospital la expectativa


- Doctor, ¿es muy grave? - preguntaba Pedro.

Su hermano acababa ser ingresado de urgencia en el Hospital la Expectativa.

- Me temo que sí. Es un caso claro de deseo material inalcanzable. Lo encontrará en la tercera planta, habitación 302 - contestó el médico resignado.

Pedro quedó muy tocado. De sobra sabía que los casos de deseo material inalcanzable eran especialmente difíciles. Se dirigió hacia el lugar donde debía estar el ascensor, pero allí no encontró nada más que una pared. Detuvo a una enfermera y le preguntó donde podía encontrar el elevador.

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