miércoles, 25 de marzo de 2015

Loftel22 y nuestro encuentro con lengua verde

El bar del Loftel22
Para ser un albergue de gente joven y mochilera, el Loftel22 está ciertamente alejado de cualquier zona fiestera. Es un buen lugar para pasar una noche tranquilo, a menos que te toquen unos compañeros que lleguen a medianoche borrachos con ganas de jarana. Eso nos pasó a nosotros, aunque no nos molestaron mucho por el cansancio que acumularíamos ese día. Las habitaciones son compartidas, pero nosotros pagamos una habitación de cuatro camas para tener más intimidad y poder dejar nuestras cosas en la habitación. Nos costó 1300 Bahts mas 100 de fianza que nos devolverían al partir. Lo que viene a ser unos 37€, no esta nada mal dividido entre tres personas. El baño y las duchas están fuera de las habitaciones, así como los lavabos, que son compartidos y están en el pasillo. El mantenimiento del albergue es excelente: de lo más nuevo y limpio que veríamos en el país en lo que a hoteles se refiere. No dispone de ascensor, así que para tomar un poco la fresca en el ático hay que currárselo, aunque no demasiado porque son sólo tres o cuatro pisos. Hasta las 14h no podíamos entrar a la habitación, así que nos quedaba media hora para descansar en el bar de abajo que pertenece también al establecimiento. Hay wifi gratis y aprovechamos para comunicar nuestra llegada a nuestra gente mientras tomábamos nuestra primera Chang, una cerveza suave que se aprovecha de las altas temperaturas para entrar rápido. Es una cerveza barata y muy digna. Después de hacer el check-in y dejar nuestras mochilas, salimos a aprovechar la mitad de día que nos quedaba para conocer un poco de Bangkok.
Charla con lengua verde

Nuestra primera intención fue coger un barco para navegar por el rio Chao Phraya, que está pegado al hotel y más arriba de su cauce los templos más importantes, así como la calle festiva más importante: Khao San Road. Decidimos ir en dirección contraria a la dirección de esa zona céntrica para buscar un puerto donde coger un barco, ya que allí son como autobuses. Tienen bastante frecuencia y muchas paradas. Y en eso andábamos cuando topamos con él.

Un señor tailandés de unos 60 años, sentado en una silla de plástico donde apoyaba su bastón de metal. Nos empezó a hablar como si nos conociera, haciéndonos las preguntas que tanto gustan a los amables lugareños: de donde sois, a donde vais, que vais a hacer estos días, cuanto os quedáis... Nos pareció simpático a pesar de esa risa maléfica y pulgosa de un solo tono, así que nos sentamos con él. Le dijimos que buscábamos un muelle para coger un barco y nos contó que al ser domingo no había servicio de barcos, que lo mejor era que contratásemos uno privado solo para nosotros y así ir donde quisiéramos directamente. Nos contó que era de Chiang Mai, el destino al que íbamos a ir al día siguiente en avión. Que casualidad. Nos indicó en el mapa qué le teníamos que decir al del barco privado para que no nos tomase por pardillos y nos quisiera sacar los cuartos. Llamó a un colega que se acercó con su Tuc-tuc y nos llevó por 30 Bahts al muelle privado. Aquel anciano tailandés mascaba algo que le había dejado la lengua verde, algo que quizás compró con la comisión que se llevaba al mandar occidentales a contratar barcos privados. 

Tuc-tuc
El viaje en Tuc-tuc duró unos 10 o 15 minutos. Gracias a la aplicación MAPS.ME de la que hablé en el artículo anterior descubrimos que apenas nos había llevado a 500 metros de la posición de lengua verde. Menuda vuelta nos dio el compinche. Al llegar al muelle nos hicieron pasar a un tenderete donde una mujer nos quería vender una hora de barco privado por 2000 Bahts. Nosotros le dijimos que no, y mientras nos levantábamos bajó el precio a 1500. Pero nos seguía pareciendo un atraco. Así que mientras seguían llegando occidentales en Tuc-tuc, salimos de allí andando, guiados por el GPS del móvil. Pasados unos minutos encontramos otro muelle con otro tenderete. Salió un hombre que nos quiso vender el mismo producto, pero más adentro había un puesto mucho más serio al que nos acercamos. El billete valía 15 Bahts. Los barcos públicos sí funcionaban en domingo en contra de lo que lengua verde nos había comentado. Sacamos tres tickets ahorrándonos 1955 Bahts, y esperamos a que llegara un barco, cuestión de menos de tres minutos.

En el barco
Montamos en el destartado barco junto con unas 150 personas que iban a bordo y avanzamos por el río unas cuantas paradas. El río estaba tan sucio que resultaba difícil pensar que los pobres peces pudieran ver algo. Hugo reconoció uno de los templos importantes al otro lado del río, así que ya estábamos en la zona. Bajamos y nos encontramos con un muelle mucho más vivo, con tenderetes de comida rápida y cosas bizarras, como por ejemplo esculturas de alien hechas de componentes mecánicos. Habíamos llegado a la zona de los templos de Bangkok.



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