jueves, 26 de marzo de 2015

Terminando el día en Bagkok: Wat Pho, Sanam Luang y Khao San Road

Imagen de Hugo Puente Photography


Tras bajar del barco y dejar atrás todos los tenderetes, nuestra primera intención era visitar el Palacio Real. Sin embargo no pudo ser porque sus puertas cierran a las 15:30 y nosotros llegábamos ya bastante tarde, así que cambiamos de planes. Afortunadamente, justo al lado se encontraba Wat Pho, un templo donde se encuentra la estatua de Buda más grande de toda Tailandia con 46 metros de largo y 15 de altura. Os preguntaréis por qué mide más de largo que de alto. No es que esté gordo, es que está tumbado. Es tan grande que el templo en el que está metido sólo sirve para albergarlo, es decir, cabe justito dentro. Todo indica que lo construyeron mientras la pieza estaba ya allí, porque de otro modo es totalmente imposible meterlo. Y para más atractivo, toda la estatua está cubierta de oro. Nos costó 100 Bahts la entrada, y allí descubrimos que hay que entrar descalzo a todos los templos budistas, y además sin nada en la cabeza, sin faldas ni los hombros descubiertos. Había más cosas en los alrededores del templo del buda reclinado (así lo llaman), pero hacía un calor bestial y nosotros estábamos sedientos y hambrientos. Tras hacer unas fotos salimos de allí y nos dirigimos a nuestro siguiente destino.

Khao San Road es la calle más animada de la ciudad, y nos dirigimos allí para cenar y tomar algo. Comenzamos a andar en esa dirección porque no queríamos coger los Tuc-tuc que salían de las zonas más turísticas porque quizás nos quisieran poner un precio mayor. Teníamos un paseo importante, y a mitad de camino decidimos parar uno. Sabíamos que no estábamos muy lejos, a un kilómetro y medio, así que negociamos duro. El Tuc-tuc que nos paró no quiso llevarnos allí por 50 Bahts, a pesar de que era un trato bastante justo e incluso beneficioso para él. Entiendo que están acostumbrados a coger turistas que les sacan fajos de billetes sin rechistar al primer precio que ellos proponen. Así que caminamos hasta allí, teniendo el placer de conocer Sanam Luang. Se trata de una especie de parque sin árboles, más bien una gran explanada verde donde los tailandeses hacen volar sus cometas y pasan un buen rato. A esa hora estaba plagada de gente.

Después del paseo paramos unas calles antes, muy próximos ya a Khao San Road, en el Clandestino Fun Food Bar. Allí cenamos un Pad Tai con unas cervezas Chang. El Pad Thai es un plato de arroz que va combinado con gambas, pollo o vegetales, y la verdad que en aquel garito lo preparaban de lujo, tanto en cantidad como en sabor. Fue nuestro primer contacto con la comida tailandesa, y alguno de nosotros no pudo ni terminar el plato de la cantidad que nos pusieron. Todo ello aderezado con música latina, y es que el Clandestino Fun Food Bar parece ser un lugar de encuentro para latinos dentro de Khao San Road. Además disponen de habitaciones para dormir.

Con los estómagos bien llenos nos movimos a la calle principal. Allí ya vimos algún ladyboy, que son hombres con estética de mujer, la mayoría ya con pechos. En Tailandia son el tercer sexo y están profundamente aceptados por la sociedad, trabajando en puestos de cara al público y siendo muy respetados. Eso es algo que a los occidentales nos choca porque no estamos acostumbrados a ellos. Algunos son tan femeninos que pasan desapercibidos, sin embargo otras veces nos cruzamos con algunos con la cara totalmente masculina y pelo largo, luciendo escotes generosos y vestidos ajustados. Cruzamos Khao San Road un par de veces, intentando no perder detalle de nada, pero es imposible. Allí pasan cosas en todas las aceras: masajes, música en directo, gente cenando en terrazas, gente bailando y saltando en la calle, vendedores ambulantes de cerveza, comida, carnet falsos, cucarachas fritas, comerciales intentando que entres en su local... Nos pareció una calle bastante segura a pesar del movimiento incontrolable y el fluir incesante de gente en ambas direcciones. Finalmente encontramos un sitio donde pudimos sentarnos y había música en directo.

Un guitarrista y una cantante nos alegraron otra Chang. Los ven
dedores ambulantes no paraban de acercarse intentando vendernos cosas, sobre todo unas ranas echas de madera que si las frotabas con un palo hacían un ruido parecido al croar. Una anécdota fue ver como un hombre de pelo largo y cercano a los cincuenta se puso a bailar al son de la música en directo del bar. Poco a poco fue entrando hasta que se puso a bailar delante de nuestra mesa mirando a la cantante, impidiéndonos a nosotros hacerlo. Pero daba igual, el hombre iba bastante borracho y también daba un espectáculo digno de ver. No obstante la energía le duró dos canciones, lo que tardó en sentarse en una mesa, apoyar la cabeza y quedarse dormido. Estaba realmente perjudicado, así que un muchacho de otra mesa se levantó y lo llevó fuera para pedirle un Tuc-tuc, haciendo su buena acción del día. Una pequeña camarera iba recolectando propinas para los cantantes, bailando y también dando su espectáculo particular.

Terminamos nuestra consumición, y llegó el momento de coger otro tuc-tuc hasta el hotel. Había sido un día bastante largo a pesar de llegar a mediodía, pero el Jet Lag pasaba factura. Dormimos profundamente. Al día siguiente debíamos levantarnos a las 8 porque a las 10:30 salía nuestro vuelo a Chiang Mai.


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