viernes, 27 de marzo de 2015

Visita a Wat Chedi Luang y almuerzo en el Birds Nest Cafe

Amanecimos todo lo pronto que pudimos para disfrutar de Chiang Mai, y al abrir las opacas cortinas descubrimos una intensa bruma que cubría el cielo, la misma que dificultaba el día anterior el aterrizaje de los aviones. Desayunamos rápido lo que compramos el día anterior y alguna otra cosa adquirida de nuevo en el mismo Seven Eleven. En un momento nos plantamos en el centro antiguo de la ciudad, tras esquivar con habilidad el tráfico que puebla los carriles de ambos sentidos que acordonan el enorme recinto que es la ciudad vieja. En seguida encontramos un sitio de cambio de moneda, que era lo primero que buscamos. El cambio era favorable así que no nos cortamos con la cantidad. 

No sabíamos nada sobre qué ver, así que con el mapa y el GPS del móvil nos dirigimos al centro geométrico de la ciudad vieja. Las calles estaban extrañamente desiertas y con poca vida, y a mitad del camino encontramos un recinto curioso lleno de templos. Se trataba del campus de una de las dos Universidades Budistas que tiene Tailandia. En la Mahamakut Buddhist University se podía dialogar con los muchos monjes que allí había, además de entrar en el templo que allí tienen para meditar. Había varias casas donde se alojaban, y para entrar en el templo había que hacerlo nuevamente con varias normas: sin zapatos, sin gorras, sin faldas y con los hombros tapados. Pablo, que llevaba una camiseta sin mangas, tuvo que ponerse una toga para cubrir sus hombros. Una vez dentro la gente se arrodillaba a los pies de los muchos budas dorados que había en los altares, así como representaciones de monjes que se han hecho un hueco en la historia gracias a su dedicación. Detrás del templo encontramos una reliquia antiquísima. Wat Chedi Luang fue construido en el siglo XIV, solo de verlo ya se aprecia su valor histórico. Alrededor de este templo de ladrillo había otros pequeños templos para el culto a budistas históricos, con figuras representativas para donar a dioses con formas animales, o huchas para donar dinero que alimente a perros de la zona. Nos llamó la atención la historia de un monje que debía ser tan arrebatadoramente atractivo y amable que algunos hombres decían que si fuera mujer se casarían con él. El monje, apenado por distraer a la gente de lo que realmente importa, adoptó una forma de hombre gordo y feo a propósito, con el fin de permitir a los demás centrarse en la fe budista. Una figura enorme de un hombre gordo le homenajea junto a su historia escrita en inglés en un cartel.

Teníamos hambre, así que decidimos ir a tomar algo a algún bar. Yo me descargué la guía definitiva de Chiang Mai, y allí se recomendaba un bar que nos pillaba algo lejos, pero seguro merecía la pena el paseo. Tras veinte minutos de caminata nos plantamos en el Birds Nest Cafe, un lugar algo escondido que es un remanso de paz, donde se come bien y sano. Los occidentales que viven en Chiang Mai se reúnen allí de vez en cuando. Yo me tomé un batido de plátano con cacao que estaba realmente exquisito. La estancia es genial, tiene dos pisos con hamacas pubs y cojines donde descansar, y donde se debe acceder descalzo. Un buen lugar para descansar un rato.

Luego salimos con la intención de alquilar unas motos. Dejamos atrás puestos de masajes, lugares donde metes los pies en un acuario para que los peces se coman las pieles muertas y algún que otro templo curioso donde vimos un anfibio en una charca que parecía salido del inframundo. Aún a día de hoy ignoro de que especie se trataba. Había muchos puestos de alquiler de vehículos, pero por lógica preferimos alquilarlos en el mismo hotel donde nos hospedábamos, el hotel Mandala House.

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