lunes, 27 de abril de 2015

El milagro de la hormiga


El sábado estuve por primera vez en un mercadillo ecológico, concretamente el que se celebra todos los sábados por la mañana detrás del teatro principal de Zaragoza. Nos hemos aficionado a este tipo de productos por varias razones: son más sanos porque no tienen apenas conservantes, son mejores para el medioambiente porque no recorren muchos kilómetros para ser consumidos, vienen directamente de la huerta, su sabor es exponencialmente mejor... Eso sí, son algo más caros y suelen venir con hormigas y otros bichos.

Después de comprar un buen conjunto de verduras y hortalizas nos las llevamos a casa y las lavamos en una olla, ya que donde vivimos el agua del grifo tiene altos niveles de lindano, lo que a la larga la hace peligrosa para la salud. Intentamos quitar antes todos los bichos, pero siempre hay alguno que está escondido y aparece flotando en el agua. Eso le ocurrió a una hormiga, que quedó flotando moviéndose de forma desesperada. Yo intenté sacarla, pero dejó de luchar y se fue para el fondo. El agua se vuelve marrón debido a la tierra con la que vienen los productos, así que la perdí de vista unos segundos hasta que volvió a la superficie flotando, inerte. Con un trozo de hoja de lechuga la saqué y la dejé al sol en la terraza, pero seguía encogida y sin dar señales de vida. Yo volví a la cocina y me puse a pelar y cortar patata y cebolla para hacer una tortilla. Pasarían unos veinte minutos hasta que volví a ver su estado. Seguía en la misma posición que la dejé, como en posición fetal, de lado y encogida.

Pensé que había muerto, así que la empujé al vacío. Vivo en un bajo, así que la caída es de apenas dos metros y medio y se aprecian sin problemas los detalles del suelo. Resultó que con el golpe contra el suelo volvió a la vida milagrosamente. Yo me quedé perplejo, y pensé que quizás era una señal de que merecía otra oportunidad, así que baje a la calle. La hormiga seguía allí, sin saber muy bien donde estaba. Caminaba para un lado y volvía, se quedaba quieta observando. Cogí el trozo de hoja y la subí de nuevo para acercarla a un jardín donde había otras muchas hormigas trabajando. Allí la dejé, solo espero que encontrara un nuevo hormiguero donde la aceptaran.

1 comentario:

  1. Muy interesante...
    Moraleja: Cuando crees que esta todo perdido, siempre hay alguien que te da una segunda oportunidad,
    Grande Jorge!

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Gracias por comentar!!

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