martes, 21 de abril de 2015

Erawan house y de fiesta por Khao San Road

Al aterrizar de nuevo en Bangkok, nos dirigimos a la zona de taxis oficial del aeropuerto de Don Mueang. Se puede salir a la calle a coger un taxi, pero los taxistas te la pueden meter doblada. En la zona que os digo se forman una serie de filas (ese día eran muy largas) que acaban en unos mostradores individuales. Allí te preguntan donde quieres ir, te dicen el precio y te asignan un taxista. En ese precio no va incluido el precio de la autopista (que tienes que pagar tú llegado el momento en carretera) ni los honorarios al conductor, acordados en 40 o 50 Bahts.

Recuerdo que en la fila había un par de ladyboys. Una de ellas tenía una melena muy femenina y bien cuidada, y vestía realmente elegante. Llamaba la atención su cara totalmente masculina y un escote que dejaba poco a la imaginación. La espera fue tensa porque se dio cuenta que la mirábamos y se pegó todo el rato buscándonos con la mirada.

Pero finalmente arrancamos hacia nuestro hotel con la noche ya encima de la capital tailandesa. El conductor paró a mitad de camino (lo que nos intrigó) para pedirnos el teléfono del hotel. Pensábamos que nos estaba tomando el pelo, pero realmente no sabía llegar hasta allí. Cuando por fin de aclaró por teléfono, nos llevó hasta donde pudo, ya que el hotel estaba en una zona más peatonal y había mucho movimiento. Nos dijo el precio final, y le pillamos. Lo había inflado para quedarse más dinero del precio, y cuando se lo hicimos saber nos dijo que casi todo era para el aeropuerto. Le dimos un poco más, y accedimos a la calle peatonal donde se encontraba el Erawan house.

Entramos en una especie de porche y allí encontramos el mostrador. La verdad es que el personal no era muy amable, y nos pidieron una fianza importante para lo que estábamos acostumbrados. Entiendo que la proximidad a Khao San Road hace que los turistas vengan bebidos y ocasiones importantes desperfectos en estos hoteles. Lo constatamos ya en la habitación, donde en el aparato de aire acondicionado había un cartel que suplicaba que no se colgasen nada sobre él. Estábamos un poco pretos en habitación, pero como sólo íbamos a dormir no nos importó demasiado. Eran cerca de las 23 y nos apresuramos a cenar en un restaurante que había a 3 minutos andando, siguiendo la calle peatonal. En frente de donde cenamos había una terraza y un mostrador de cocina al aire libre. Bastante cutre, pero estaba lleno. Probaríamos allí al día siguiente.

Después de la cena seguimos avanzando hasta llegar a Khao San Road. El ambiente cada vez era más multitudinario y las calles se poblaban de tenderetes y turistas a cada paso. Al llegar dimos un paseo de lado a lado y nos tomamos unas cervezas a pie de calle. Había mucha música en directo al aire libre, y como llegamos tarde la gente ya andaba algo desfasada. Tras las cervezas a mí me apeteció cambiarle el agua al pajarito, así que entré en una discoteca donde me registraron los porteros. Después de entrar fui directamente al baño, y en la puerta había dos tios, uno de los cuales me siguió. Yo empecé a mear un poco alerta, en uno de esos baños colgantes que se mea de pie. El muchacho se me puso detrás y empezó a hacerme un masaje en las espalda mientras yo orinaba. Le pedí que parase, pero bastante tenía yo con atinar en el inodoro. La verdad es que me hizo crujir todos los huesos del cuello y espalda, parecía saber lo que hacía. Al final, me fui a lavar las manos con mi cuello como nuevo, y el me dio la mano en señal de amistad. Yo se la dí, no le importó que aún no me hubiera lavado las manos. Me siguió y me ofreció papel mientras me lavaba las manos. Le dí una buena propina por su trabajo, pero fue al único. Después, en mis sucesivas idas al baño me seguía siempre uno, y al final me tuve que poner serio para dejarles claro que no quería masajes.

Luego volví a la calle y disfrutamos de la música en directo un rato para terminar en una discoteca. Allí tomamos unos mojitos y comprobamos como los turistas ingleses le daban caña tanto a los cubatas como a las chicas locales. El ambiente era muy bueno, y sabiendo que no teníamos que madrugar, volvimos de madrugada al hotel. No nos pasamos mucho porque queríamos aprovechar nuestro último día en Tailandia en perfectas condiciones.

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