lunes, 6 de abril de 2015

Velada de Muay thai



Para terminar un día bien completo, después de nuestro paseo en moto fuimos a buscar un lugar para ver un combate de Muay tahi. Se trata de un arte marcial originario de allí, parecido al boxeo pero con la diferencia de que se pueden dar patadas. No es difícil localizar un lugar para ver estos combates, ya que en muchas paredes y postes pegan carteles con los luchadores que esa noche van a pelear. Además al ser un deporte tan demandado por el turista, se organizan veladas casi a diario.

Cenamos en el mismo sitio que el día anterior y nos fuimos en busca del lugar de los combates según los carteles. Era en la calle Mun Mueang Road, que rodea el cuadrado de la ciudad vieja por el interior del foso, muy cerca de nuestro propio hotel. Es una calle muy animada llena de bares y pubs, así que después de comprar las entradas hicimos tiempo con unas Changs. Había dos tipos de entradas: unas de 400 Bahts a partir de la tercera fila y las de 600 Bahts en primera o segunda. Compramos las primeras y no nos arrepentimos, ya que lo vimos muy bien. Después de las cervezas en un bar colindante en el que jugamos al billar, entramos por fin al recinto. 

Nos dimos cuenta de que se trataba de un gimnasio habilitado para veladas de Muay thai, pero con sus bares y sus mesas. De hecho estuvimos sentados en una mesa en la que había que consumir, e incluso se podía cenar. Cada poco tiempo se aceraba una educada ladyboy para preguntarnos si queríamos beber o comer algo más. Con cierto retraso comenzaron los combates ordenados por categorías, la primera a mi gusto con niños demasiado jóvenes (unos 11 o 12 años). Se repartían de lo lindo y en varios combates no llegaron a terminar todos los asaltos por claudicar alguno de los luchadores. Una vez que fui al baño vi a uno de los púgiles bastante grogui mientras varios entrenadores intentaban espabilarle con agua. Entiendo que al ser un martes no estarían los mejores, pero fue un gran espectáculo del que disfrutamos ampliamente. Vimos como unos 5 combates, uno de ellos femenino, y en uno de los descansos subieron cuatro púgiles jóvenes que se vendaron los ojos e intentaron atizarse como pudieron. Fue gracioso y bastante cómico. Luego bajaron con unas huchas para pedir propinas.

Salimos contentos de allí pasada la media noche. Al día siguiente cogíamos un vuelo de madrugada, así que nos quedaban muy pocas horas en la segunda ciudad más importante de Tailandia. Y apenas tres horas de sueño.

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