viernes, 17 de abril de 2015

Vuelta a Bangkok

El día siguiente día fue un trámite de vuelta a Bangkok. Teníamos el vuelo con AirAsia a las 20h. Al ser tan tarde nos lo tomamos con calma y no madrugamos nada. Nos levantamos sobre las 10 de la mañana e hicimos la maleta de nuevo. Desayunamos en la terraza del bar del resort aunque compramos en la tienda. Yo me bajé a pie de playa, que estaba a un paseo, y compré unos plátanos en un puesto local. Volví a la terraza con ellos y le dí uno a Pablo, estaban deliciosos. Abandonamos el lugar dejando, con intención, olvidada la crema solar. Ya no la necesitábamos porque abandonábamos la zona de playa, así que por quitarnos un pingo y porque pudiera aprovecharla alguien la dejamos encima de la mesa.

Algo tienen los tailandeses a parte de intentar estafarte tantas veces. Ese algo de generosidad que hizo que nos llamaran a gritos y vinieran corriendo a buscarnos cuando ya estábamos tan lejos, indicándonos nuestro olvido. Lo agradecimos y la cogimos, pero la dejamos en otra mesa a pie de playa. Esta vez sí, ya no la vimos más.

Paseando por Railay tranquilamente llegamos a la playa de donde zarpaban los barcos, y en un stand sobre la arena compramos los tickets de vuelta a Ao Nang. Igual que la ida, 100 Bahts por cabeza. Zarpó en seguida, y en 20 minutos ya estábamos de vuelta en aquella ciudad, aunque nos sorprendió que nos dejara en otro lugar, no desde el que salimos el día anterior.

Dimos una vuelta, y aunque era pronto comimos para matar el tiempo. La verdad es que elegimos un buen sitio. Se comía bien, era barato y el ambiente era bueno. En frente había un sitio de cambio de dinero donde cambiamos unos €uros. Después de comer y echarnos a la panza un banana split de campeonato, pasamos la tarde paseando por la playa, tomando mojitos o callejeando por las zonas prohibidas de Ao Nang, que a esas horas estaban desiertas. En un puesto adquirimos unos billetes para ir al Aeropuerto de Krabi. La parada de autobús estaba casi enfrente de este establecimiento, y allí conocimos a un joven colombiano que llevaba cuatro meses viajando por Asia. Se había sacado medicina y había venido para un mes, pero terminó quedándose mucho más. Es lo que tiene la magia de viajar, siempre que tengas pasta y tiempo libre... El colombiano nos contó alguna que otra anécdota y nos dio consejos para salir de fiesta por la capital, que era lo que íbamos a hacer esa noche.

El bus llegó al aeropuerto, y aunque fue muy caótico conseguimos embarcar. En las pantallas no aparecía nuestro vuelo, y cuando nos dijeron cual era la puerta se formaron dos filas. La falta de información nos puso nerviosos a nosotros y a todos los viajeros, pero finalmente embarcamos sin problemas y llegamos de nuevo a Bangkok, esta vez para pasar dos noches.


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